Ayudar a los fumadores

Ayudar a los fumadores

Es hora de que nuestro sistema de salud tome en serio las necesidades de los adictos a la nicotina.

31 de mayo 2016 , 08:20 p. m.

El Convenio Marco para el Control del Tabaco, promulgado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el 2003, es la estrategia colectiva más efectiva en materia de salud pública en el planeta. De hecho, sus desenlaces, incluida la Ley Antitabaco expedida en el país en el 2009, se pueden medir en miles de años ganados en términos de vida y bienestar.

Espacios libres de humo, las políticas para que menores y jóvenes nunca se acerquen al cigarrillo, la protección de los no fumadores y la génesis de una conciencia general para mantener a raya un producto que no tiene nada bueno para la salud de la gente son –entre otras– grandes ganancias que nadie discute. Sin embargo, aún falta mucho por hacer.

En el mundo, más de mil millones de personas fuman a diario, y se calcula que la mitad de ellas morirá de manera directa o indirecta por esta causa.

Este grupo, los fumadores, merece atención especial porque muchos de ellos, si no la mayoría, padecen una enfermedad autónoma llamada tabaquismo, que es la adicción a la nicotina, una de las más difíciles de superar. En otras palabras, son enfermos que exigen tratamientos específicos que frenen el inexorable curso de un mal que puede llevarlos a la muerte.

Si se tiene en cuenta que el 70 por ciento de los fumadores son conscientes del daño y quieren dejar el cigarrillo, que cuatro de cada diez lo intentan y que solo el cinco por ciento lo logran, es claro ver que esta gente reclama ayuda de parte de los sistemas de salud.

Lamentablemente, en muchas partes, y Colombia no es la excepción, se considera el consumo de tabaco un capricho que fácilmente puede ser dejado a voluntad, por lo cual los programas integrales para el manejo de esta adicción, con honrosas excepciones, no forman parte de una política integral. Es hora de que nuestro sistema de salud tome en serio las necesidades de por lo menos 3 millones de personas que requieren este tipo de atención con terapias conductuales, suplencias de nicotina y medicamentos, entre otros.

Este no es un capricho. Lo ideal es que la gente por nada del mundo se acerque al cigarrillo, pero los que han caído en su trampa no pueden seguir siendo señalados, marginados y casi abandonados.

editorial@eltiempo.com

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