La vida del abuelo de Gabo, elevada a novela

La vida del abuelo de Gabo, elevada a novela

El escritor cataquero Rubén Darío Jiménez escribe en torno al coronel Nicolás Ricardo Márquez.

31 de mayo 2016 , 09:50 a.m.

El escritor cataquero Rafael Darío Jiménez dedicó más de dos décadas a indagar sobre la vida del coronel Nicolás Ricardo Márquez, abuelo del Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, quien llegó a refugiarse en Aracataca (Magdalena) después de matar en un duelo a su subalterno Medardo Pacheco, en Barrancas (La Guajira).

Tras consultar archivos históricos y hablar con ancianos e historiadores de Aracataca y varios pueblos de La Guajira, Jiménez escribió La nostalgia del coronel, su primera novela, que tiene como epígrafe una frase que le soltó Gabo en un encuentro que sostuvieron en el hotel Hilton de Cartagena, en septiembre de 1993, cuando el libro apenas era un proyecto: “Si te encuentras en un callejón sin salidas, quiero decir, que no tengas nada más que argumentar sobre el viejo, yo, nieto de Nicolás Ricardo Márquez Mejía, te autorizo para que inventes, porque de eso vivo”.

Esa frase fue el empujón que necesitaba para empezar a darle forma a la novela sobre el coronel Nicolás Márquez, que inicialmente iba a ser un perfil sobre este personaje que siempre le causó admiración por la influencia que tuvo en la formación y creación literaria de su nieto.

“Desde que vi a esa gran cantidad de investigadores tras la huella de Gabo me percaté que no iban ni indirectamente al personaje que para mí es el más importante en la vida de él, que es el abuelo, ese hombre que lo crió hasta casi los 10 años en Aracataca, que lo marcó de por vida tanto en costumbres como en sus pensamientos ideológicos y en esa férrea disciplina que mantuvo”, dice Jiménez.

Aunque los lectores de la obra de Gabo tienen un referente de su abuelo por los personajes de Cien años de soledad y El coronel no tiene quién le escriba, Jiménez quiso retratar en su novela no solo al militar de la ‘Guerra de los Mil Días’, sino al hombre de carne y hueso, para lo cual fue decisivo haber regresado en 2005 a Aracataca como coordinador de Cultura del Municipio y tener como oficina la casa donde vivieron los abuelos del Nobel, hoy convertida en museo.

“Esa casa silenciosa, húmeda, rodeada de árboles, llena de cucaracheros y murciélagos, tenía guardado, como un gran baúl, muchos secretos y eran del personaje que yo andaba buscando. Fue cuando me puse a caminar como un zombie, haciéndome ver como si fuera el coronel (…) lo mismo hacía en el día, en las noches, a distintas horas”, cuenta.

La nostalgia del coronel, que escribió “atando cabos” y que admite tiene un 50 por ciento de ficción, fue hojeada antes de su publicación por Gabo, quien le dio su aprobación. En 2012, Jaime García, hermano del Nobel, se lo llevó y él le dijo: “Dígale a Rafael Darío Jiménez que cuando le muestre este libro a los editores, les diga que estuvo en mis manos y fue valorado por mí”.

Después de tocar las puertas de cuatro editoriales, finalmente la novela vio la luz este año. Su lanzamiento se realizó en la pasada Feria Internacional del Libro, en Bogotá, y el pasado viernes fue presentada en Santa Marta. “Siento que cumplí el compromiso con el maestro Gabo y con los amigos de mi generación que estaban expectantes por este libro. Pienso que es un aporte a las letras del Magdalena”, dice el autor.

Paola Benjumea Brito
Corresponsal de EL TIEMPO
Santa Marta.

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