Científicos prevén una mortalidad de árboles en los Andes

Científicos prevén una mortalidad de árboles en los Andes

Investigadores de la Universidad Nacional estudian cuáles podrían ser las acciones a emprender.

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29 de mayo 2016 , 10:17 a.m.

El calentamiento global y el fenómeno de ‘El Niño’, según prevén los científicos de la Universidad Nacional de Medellín, ocasionarán durante los próximos años una alta tasa de mortalidad y la extinción de algunas especies de árboles de la cordillera de los Andes y las tierras bajas circundantes del noroeste de Antioquia.

Según Álvaro Duque, catedrático e investigador, muchos de los árboles que habitan esta cadena montañosa que recorre toda América del Sur tienen poca capacidad de resistir al aumento de las temperaturas que, según proyecciones de modelos climáticos, subirá entre 2,6 a 4,8 grados centígrados durante este siglo.

Esto indica, según el científico, que los cambios en la composición del bosque no son el resultado de cualquier evento climático aislado, sino que estos episodios reflejan las respuestas de la naturaleza a las perturbaciones climáticas en curso, producto del calentamiento global.

“Esos árboles tienen unos nichos térmicos que son los óptimos para crecer y reproducirse, pero ante el aumento de las temperaturas, la expansión de los desiertos subtropicales y los cambios en los patrones de precipitaciones, están viéndose afectados y se está poniendo en peligro su persistencia o supervivencia”, dijo Duque.

La investigación, desarrollada en el departamento de Ciencias Forestales, encontró que debido a la pérdida de la biodiversidad, las especies tendrían que migrar a pisos térmicos más elevados para no desaparecer, pero esa posibilidad solo está dada por la existencia de mecanismos naturales de dispersión.

Sin embargo, explicó el científico, debido a las altas tasas de deforestación, a la caza indiscriminada de especies silvestres en todo el territorio de los Andes y a la disminución de la conectividad de los bosques, la posibilidad de dispersión de las semillas es muy reducida.

“Se trata de ecosistemas fragmentados que han sido intervenidos desde hace 150 años por los ganaderos y agricultores que los someten a fuertes impactos y que durante las últimas décadas han mostrado un patrón de seguías. Todos estos disturbios antrópicos y climáticos han dejado secuelas que apenas se comienzan a reparar”, aseguró el estudioso.

Por todas esas razones, señala la investigación, es casi improbable la capacidad de muchas especies de plantas de llegar a nuevas zonas y ecosistemas, adecuados para su supervivencia futura, adaptarse a las circunstancias del hábitat, sobrevivir y reproducirse en condiciones que pueden llegar a ser adversas.

“La preocupación es que todas esas especies que tienen unos nichos termales y no pueden migrar hacia otro piso térmico más elevados, podrían desaparecer. Esa capacidad de migrar no está dada por la complejidad del daño que ha sido causado por los habitantes del territorio sobre el ecosistema”, explicó el catedrático.

En su mayoría, expresó el experto, esas especies de plantas que tienden a desaparecer son árboles de madera blanda, como pino, abeto, chopo, ciprés, abedul o castaño, que han desarrollado altas tasas fotosintéticas y unos ciclos vitales muy rápidos, que no trae un efecto tan fuerte sobre el futuro de los bosques.

Lo que han observado los investigadores en los últimos meses es que dentro de los territorios estudiados están germinando y creciendo cada vez más especies termófilas; es decir, árboles y plantas que pueden soportar condiciones extremas de temperatura relativamente altas, por encima de los 45 grados centígrados.

Según el académico, los nuevos individuos son tolerantes a la sombra, de ciclos vitales mucho más lentos, su madera dura, pesada y dinámicas del carbono más eficientes. Estas especies son claves en los ecosistemas y mucho más difíciles de recuperar en los bosques.

“Se trata de condiciones naturales, que son producto del trato indiscriminado que los seres humanos le hemos dado a la naturaleza. Estos efectos difícilmente pueden repararse, pero en cambio, si nos podemos adaptar, aprender y tratar de mitigar ese posible impacto. El Estado, por su parte debe hacer investigaciones serias en investigaciones básicas, para saber cómo es el funcionamiento y la respuesta a los sistemas y en conservación de bosques”, agregó.

A través de esta investigación, aseguró Duque, seguirán analizando cuáles podrían ser las acciones a emprender por el Gobierno u organizaciones no gubernamentales. Estas deberán responder a las nuevas condiciones que está generando el cambio climático en los ecosistemas naturales.

Por ahora, solo se atreve a decir que lo más importante es que el gobierno y los entes territoriales emprendan acciones para evitar la deforestación, la emisión de agentes contaminantes a la atmósfera y otras de las causas propias del cambio climático.

PAOLA MORALES ESCOBAR
Redactora EL TIEMPO
MEDELLÍN

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