'Bill Cosby es un monstruo que ha destruido vidas': Victoria Valentino

'Bill Cosby es un monstruo que ha destruido vidas': Victoria Valentino

El duro relato de una víctima de violencia sexual que se suma a otras voces que ahora denuncian.

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28 de mayo 2016 , 06:28 p.m.

Han pasado más de 45 años. Pero Victoria Valentino recuerda como si fuera este sábado la noche en la que, dice, fue agredida sexualmente por el popular actor estadounidense Bill Cosby.

“Me drogó, me violó y luego me dejó tirada como a un perro. Cosby es un monstruo que ha destruido decenas de vidas y que debería estar encerrado en una cárcel de máxima seguridad”, le dice a EL TIEMPO esta mujer, hoy de 77 años, en un tono que pasa de la rabia al llanto.

Valentino hace parte del grupo de más de 55 mujeres que desde el año pasado vienen denunciando al actor por abusos sexuales a lo largo de las últimas cinco décadas. El caso ha generado estupor, pues hasta hace poco Cosby era considerado un ícono de la TV estadounidense, e incluso, ejemplo de moral.

Esta semana, el escándalo volvió a revivir luego de que un juez en Pennsylvania dio vía libre a un juicio en su contra por el caso de Andrea Constand, la primera mujer que lo acusó formalmente hace más de 10 años. Aunque la querella de Constand terminó en un acuerdo (Cosby pagó una indemnización y logró que su crimen permaneciera oculto), ahora la Fiscalía en este estado considera que hay evidencia para armar un proceso que está basado en las historias de todas estas mujeres. De ser hallado culpable, podría pasar más de una década en la cárcel.

¿Cómo era su vida antes de conocer a Cosby?

Quería dedicarme a la actuación y a la música, había estudiado en Nueva York. En septiembre de 1963 salí en la portada de Playboy. Me había casado con un cubanoamericano que era fotógrafo y por eso terminé en la revista. Pero la relación duró poco. Por esa época vivía en Hollywood y tenía un contrato con Capital Records para grabar un disco. Todo iba perfecto hasta que la primera tragedia toco a mi puerta: mi hijo de seis años, el único de esa relación, murió ahogado en una piscina. Quedé destrozada.

¿En qué momento conoció a Cosby?

La primera vez que lo vi fue en 1969. Yo estaba totalmente desorientada, no sabía qué hacer con mi vida y una amiga de la época, que trabajaba en la industria, me consiguió una audición para actuar en su show de ese momento: I Spy. Fue la entrevista más fría que he vivido. Pese a saber lo de mi hijo, expresó cero compasión. Luego lo volví a ver en un café que frecuentaba con amigos y que luego supe era de su propiedad. Fue una de esas tardes en las que estaba agobiada.

La amiga con la que estaba se encontró a Cosby en el café y le contó que éramos actrices, pero que yo estaba muy afectada por la muerte de mi hijo. Cosby le dijo que un masaje y un baño turco me vendría bien y que él estaba dispuesto a pagar por el tratamiento. Que nos pondría un carro para que nos llevara y luego iríamos juntos a cenar. Mi amiga insistió en que era una oportunidad y, quizá, podríamos conseguir un trabajo. Aceptamos.

¿No pensó que esa invitación era algo inusual?

Yo inocente no era. Pero mi capacidad de juicio por esos días tampoco era la mejor. Si a mi amiga le parecía una oportunidad, entonces debía serlo. Además, así se movía la industria en esa época. Por más buena actriz que eras no eras nada sin conexiones. Cosby era muy popular y podía abrirnos una puerta.

¿Qué sucedió luego?

Su conductor nos llevó al turco y luego a un restaurante donde Cosby nos esperaba. Me tomé quizá una copa de vino. Luego él me ofreció una pastilla y me dijo que eso me haría sentir mejor. Mi amiga tomó otra y Cosby hizo como si lo hiciera también. El cuarto comenzó a darme vueltas y sentí que me dormía. Recuerdo decir que quería volver a casa.

Mi amiga tampoco se veía bien. Él aceptó llevarnos, pero cuando llegamos al parqueadero, su chofer ya no estaba y nos dijo que él mismo conduciría. Estaba tan desorientada. Cuando paró, me di cuenta de que no estábamos en nuestra casa. Alcancé a preguntar y dijo que era su casa y que quería mostrarle a mi amiga sus premios y condecoraciones. Nos llevó a un cuarto pequeño donde había dos sofás. Mi amiga se sentó en uno y yo en el otro. Ella se acostó en el sofá y yo cerré los ojos.

De repente abrí los ojos. Fue en ese momento cuando vi a Cosby manoseando a mi amiga que estaba dormida. Era obvio que pensaba abusar de ella, y comencé a decir cosas para distraerlo. Él se molestó, se abrió la bragueta y me violó por la boca. Luego me dio la vuelta, me bajó los pantalones y me violó por detrás. Sabía lo que estaba pasando, pero mi cuerpo no respondía. Fue horrible.

¿Cómo logró salir del lugar?

Una vez satisfecho se vistió, me dijo que llamara a un taxi y salió. Casi gateando me acerqué a mi amiga y la sacudí hasta despertarla. Le conté lo que acaba de pasar y le dije que teníamos que salir. No sabíamos dónde estábamos. Salimos a la calle dando tumbos y luego comenzamos a correr hasta que reconocimos la zona. Paramos un taxi que nos llevó a la casa. Ella se metió en su cuarto, yo en el mío. Al día siguiente no hablamos del incidente. No sé por qué. Probablemente porque ninguna quería admitir lo sucedido. En mi caso sentía una inmensa vergüenza, me sentía sucia.

¿Por qué no lo acusó en ese momento?

Nunca pensé en ir a la policía. Esto era los años 60 y mi experiencia con ellos no era la mejor. Me paraban en la calle solo por estar casada con un afro y había discriminación. No había una cultura sobre la violación sexual y antes que ayudar a las víctimas las autoridades las revictimizaban. “Eso te debió pasar por cómo vestías, o por insinuarte”. En mi cabeza, además, no era claro si lo que me había pasado era una violación. Era un concepto muy distinto. Con los años comprendí, por supuesto. Al mismo tiempo, Cosby inspiraba respeto. Era famoso e influyente ya en esa época.

Era la palabra de una conejita Playboy contra la de un actor muy querido. Se los conté a mis hijas muchos años después, sin darles detalles, porque no entendían por qué nunca las dejaba ver el show de Cosby y hablaba tan mal de él.

¿Por qué decidió hablar después de tanto tiempo?

Un día en el 2004 escuché en la TV que una mujer, Andrea Constand, lo acusaba de haberle hecho lo mismo. Fue un shock. Había un patrón y quién sabe a cuántas más les habría hecho lo mismo. Pero no le ayudé.

¿Por qué?

Hacerlo implicaba contarles a mis amigos, a mi familia, revivir la experiencia. No estaba preparada. Tenía una nueva vida. Y temía una posible retaliación de Cosby. Pero en noviembre del 2014 todo cambió. Leí en el Washington Post la historia de Barbara Bowman, otra víctima, con el mismo patrón. Me llené de rabia al notar que en principio nadie le creía. Que llevaba 35 años tratando de contar su historia y la ignoraban. Ese día decidí contar mi historia al mismo diario. A partir de allí empezaron a salir decenas de mujeres (más de 55 a la fecha) que lo acusan de lo mismo.

¿Cree que hay más víctimas?

Al menos 100. Conozco a muchas que me han contactado, pero no quieren contar su historia por temor.

Cuando decidió hablar, sabía que legalmente no podía hacer mucho contra Cosby por ser tan antiguo su caso. ¿Qué espera ganar?

Quiero que todo el mundo sepa el monstruo que es. Por eso hablo con usted. Porque sé que en muchos países de América Latina y otros siguen pensado que es una gran persona, viendo sus shows. Quiero verlo en la cárcel. Quiero que le quiten todos los premios y las condecoraciones. Que retiren la estrella que tiene en Hollywood. Que pague.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
En Twitter: @sergom68
Washington.

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