En caída libre

En caída libre

Una de las peores cosas del desastre en Venezuela es el engaño del que fue objeto tanta gente buena.

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27 de mayo 2016 , 06:52 p.m.

VENEZUELA. En el país existe la sensación de la proximidad de una catástrofe de ribetes espectaculares, de que nos deslizamos peligrosamente por quebrachos que nos conducen al peor de los abismos y de que nuestras desdichas son nimiedades, para lo que nos espera, si continúa este régimen. Es como si Venezuela pagara la culpa de haberse equivocado al llevar a esta jauría al gobierno. Una tragedia que nos obliga a cargar sobre nuestros hombros los pedazos de nación que han desperdigado con ardor militante y revolucionario; sus acciones son la pesadilla en medio de la desazón que genera tanta orfandad de buenos propósitos. Una inhumana y pródiga cadena de errores alienta el fracaso monumental de una visión primitiva de las realidades sociales que convergen en el mundo moderno.

Hemos retrocedido doscientos años al auspiciar proyectos totalitarios que fueron rechazados por pueblos aventajados. Este régimen recogió de las mazmorras del miedo al socialismo real para mostrarlo como novedad, pero su interés por transformarnos en una nación con una sola idea le trastocó el alma. Como si hubieran ensalmado a un dinosaurio cavernario, trajeron en bóvedas de cristal la doctrina muerta, y la feligresía de ultratumba se encargó de promoverla entre los salmos que hablaban de la redención de los débiles, de quienes se aprovecharon para manipular a Venezuela hasta hacerla caer. Disfrutaron de una renta petrolera incomparable para alimentar su proceso con las mentiras del oprobio. Su fortaleza provenía de sus recursos colosales para comprar la conciencia de muchos incautos.

El problema de estos regímenes es que siempre terminan en caída libre. No tienen ningún tipo de mecanismo que amaine su precipitación hacia el abismo, pues al ser ideologías que no comprenden las reglas de la convivencia ciudadana, cuando caen terminan aplastadas sin posibilidad de resurgir. Eso es lo que está ocurriendo en Venezuela con este gobierno. Es tal el grado de podredumbre que su muerte se acelera con el paso de los días. Vemos cómo los problemas se van multiplicando de manera asombrosa, no existe sector del país que no esté envuelto en una crisis profunda.

La caída libre va arrastrando las promesas que fueron alimento de la ilusión de muchos que domesticaron su necesidad para creerles a estos bribones. Llevaron el hambre hasta el límite de lo imposible, para soñar con un destino mejor que jamás tocó su puerta. Ese futuro esperanzador se fue quedando en las palabras rociadas de falsedad. La necesidad se instaló en la casa en espera de que las promesas se hicieran realidad; lamentablemente, esas expectativas terminaron en el ataúd que guarda los restos del proyecto chavista, como un olor a muerte de flores disecadas que perdieron la vida de tanto esperar el crecimiento económico. El vil asesinato del anhelo de un mundo mejor.

En el soplo de la calle se siente un ambiente tenso con olor a funeral. Es el gobierno revolucionario muriéndose en cada corazón que acompañó esta locura. Quizá una de las peores experiencias de este desastre sea el engaño vil del que fue objeto tanta gente buena, pues confió en una salida que terminó conduciéndonos al infierno. Un país en ruinas es la prueba irrefutable del error que cometieron al sufragar por ellos. Ese instante en donde millones se hicieron mayoría concluyente nos hundió hasta lo más profundo. Nos queda el exorcismo para evitar que los demonios vuelvan.

Alexander Cambero

 

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