Llano arriba

Que se cumpla: una cumbre de autoridades de la Orinoquía para concertar el futuro del posconflicto.

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26 de mayo 2016 , 05:59 p. m.

Aprovechar el declive del petróleo y el gas en la Orinoquía representa una oportunidad para hacer un alto en el camino y preguntarse: ¿cuál es el modelo de posconflicto que allí queremos? ¿Qué conviene en aquella región de dinámicas productivas complejas para salvaguardar la vida? Bien escaso en el futuro de la crisis climática. Arroz, caucho, madera, etanol, soya y maíz. Ganadería extensiva. Hidrocarburos convencionales y amenazas de fracking, minería legal e ilegal, cultivos lícitos e ilícitos, conflicto armado y ocupaciones voraces del territorio presionaron la cuenca del río Orinoco, que más que río es mar de agua dulce, 900.000 kilómetros cuadrados, 30 por ciento del territorio continental de Colombia. Vichada, Arauca, Casanare y Meta. Algo de Bogotá, Cundinamarca, Caquetá, Guainía, Guaviare, Huila, Norte de Santander, Santander y Vaupés.

Y si uno empieza a conectar las aguas, encuentra ríos no menos portentosos, como el Arauca y el Meta, y otros discretos, como el Tuparro y el Bita; y, ¡cómo no!, la estrella fluvial del oriente, nido de aguas que riega 92 subcuencas. Toda el agua del mundo, toda la diversidad biológica, ecológica y cultural. Toda la paz y toda la esperanza. Y desde aquel microcosmos tan redondo y rotundo como el planeta se va enredando la vida, hasta conectar con otra magia aún mayor y amenazada: la Amazonía.

Pero tanto mundo no cabe en una sola columna. Vuelvo al Llano. Para decir que de sus entrañas de sabanas tropicales, selvas húmedas, matas de monte y ecosistemas de montañas brota la mejor música que tenemos. '¡Ay, mi llanura!' Todos cantan en Villavicencio y todos bailan azotando el suelo. Para afirmar que son de aquella tierra y que no quieren ser de otra. Saltan los peces de agua dulce y cantan los pájaros, ni hablar de anfibios, reptiles y mamíferos. Cito tan solo dos, con quienes pude tener trato la semana pasada: el amarillo a la monseñor del restaurante Neruda y Édgar Aroca Campo.

Y de este último fue del que vine a hablar. Cumplió la octava edición de un foro sobre la crisis del clima que hoy llena dos salas de adultos y niños, ávidos de conocimiento y de ganas de preservar lo que tienen. Pido al dios de los Llanos que se le cumpla el sueño que ahora tiene: una cumbre de autoridades de la Orinoquía para concertar el futuro del posconflicto. Y que las 4 lunas de Júpiter consoliden por fin la paz en este territorio de la vida.


Manuel Guzmán Hennessey

@GuzmanHennessey

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