Bogotá sin ETB, los niños sin Pombo

Bogotá sin ETB, los niños sin Pombo

Con la nueva ola privatizadora estamos retrocediendo a las playas del pasado. A 1910.

notitle
26 de mayo 2016 , 05:47 p.m.

Quienes crean, por ignorancia de la historia o por cualquier otro motivo, que la privatización de los servicios públicos es una audaz iniciativa del alcalde Peñalosa, adoptada en su primera administración, para mejorar la eficiencia de esos servicios bajo la premisa de que el Gobierno es un pésimo administrador de lo público, mientras que, al contrario, la empresa privada es un óptimo administrador tanto de lo privado (por supuesto) como de lo público (no tan ‘por supuesto’), pueden desengañarse, si estaban engañados, o desilusionarse, si estaban ilusionados.

Para no remontarnos muy atrás en la historia, contaré un cuento viejo. Los servicios públicos de la capital de la República, desde finales del siglo XIX, eran prestados exclusivamente por empresarios privados, quienes por su contribución al bienestar y progreso de la ciudad recibían numerosos privilegios, entre otros la exención de impuestos, la facilidad de créditos y una dadivosa subvención o subsidio público, además de lo que cobraban mensualmente a los usuarios beneficiados con el servicio.

¿Hubo en Colombia, entre 1910 y 1948, una implacable revolución comunista que desprivatizó los servicios públicos en el país (no solo en Bogotá) y puso a su administración en manos del sector público? No. La única revolución en esas casi cuatro décadas de modernización del país fue la ‘Revolución en Marcha’ del presidente López Pumarejo (1934-1938 y 1942-1945), integrada en la República Liberal (1930-1946); pero la regulación y nacionalización de los servicios públicos había comenzado mucho antes de la República Liberal. Aunque es una historia interesante y muy entretenida, sería para narrarla en un volumen y no en una columna de periódico. En síntesis: el transporte público, constituido por el tranvía y manejado por empresarios privados estadounidenses desde 1884, fue nacionalizado en 1910; el Acueducto, manejado por empresarios privados colombianos desde 1886, fue municipalizado en 1914; la Empresa de Energía Eléctrica, construida y manejada por privados colombianos desde 1900, fue nacionalizada en un 70 % en 1927, y en su totalidad cinco años después; la empresa de teléfonos, inaugurada en 1884, fue propiedad de empresarios privados estadounidenses hasta 1948. Con excepción de la Empresa de Energía de Bogotá, el resto de los servicios públicos tuvo un motivo común para su nacionalización: el mal manejo administrativo, la ninguna inversión de los empresarios en adelantos técnicos o modernización del servicio, el abuso continuo con el alza de tarifas, y la constante exigencia de subsidios del erario municipal, además de la corruptela de los empresarios que financiaban campañas políticas para obtener favores especiales. ¿Alguna semejanza con la actualidad?

Los servicios públicos de Bogotá, administrados por la ciudad, mejoraron en todo sentido, así en la cobertura como en la modernización técnica, hasta ser reconocidos, en la década de los años 50, como óptimos y entre los mejores de Suramérica.

El señor alcalde Peñalosa, montado en la ola privatizadora impuesta en los años 80 por el consenso de Washington y el FMI (ola que nos quiere ahogar de nuevo), enajenó en su administración anterior (1998-2000) una empresa que estaba boyante y pujante, la Energía Eléctrica de Bogotá, de la que hoy, aparentemente, el Distrito Capital es dueño del 73 %. En realidad, la EEB está controlada por entidades privadas, en una compleja red de dueños y subdueños que succiona la mayor parte de las ganancias que deberían corresponderle en su totalidad al Distrito.

Algo similar, o peor, va a ocurrir con la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB), un gigante en su especie. Al solo anuncio, informa EL TIEMPO (25-5-2016), de la (se da por segura) aprobación de su venta por parte del Concejo, otros gigantes han manifestado notorio interés por comprarla. Supongo que ese interés no es puramente caritativo con el fin de liberar a Bogotá de un elefante blanco, de un pesado lastre. Menuda responsabilidad ante la ciudad tienen los honorables concejales que van a aprobar, sin ningún estudio serio, sin ningún examen a conciencia, la desposesión de un bien estratégico, invaluable para el presente y el futuro de la capital de Colombia. ¿Después, más temprano que tarde, nos arrebatarán el Acueducto?

Con la nueva ola privatizadora no estamos avanzando hacia los puertos del porvenir, sino retrocediendo a las playas del pasado. A 1910.

EL TIEMPO, en su editorial del pasado jueves, expuso las razones de peso por las que considera oportuna para el progreso de Bogotá la venta de la ETB. Conviene una lectura comparada de ese texto y, en lo posible, de otras opiniones sobre el asunto, para sopesarlas y que cada lector saque sus propias conclusiones.

* * * *

La imagen de Rafael Pombo está íntimamente asociada con los pequeños. El autor de Fábulas y verdades o de Cuentos morales para niños formales, el creador de personajes que han alegrado la infancia de tantas generaciones de colombianos, como Rin Rin Renacuajo, la pobre Viejecita, Pastorcita, Michín, Simón el Bobito y cientos más, ha tenido durante las últimas tres décadas una casa en La Candelaria, orientada por la Fundación Rafael Pombo, y que es uno de los lugares favoritos de los niños bogotanos. Allí se les presta atención y se les educa con las enseñanzas que todos, en algún momento de nuestra niñez, recibimos de los versos infantiles de Pombo.

La actual Administración distrital ha resuelto cerrar la casa de la Fundación Rafael Pombo, para sustituir ese sitio tan querido por nuestros infantes, por oficinas, no sé con qué objeto. Parece que la ‘Bogotá mejor para todos’ no incluye a los niños. Para la infancia bogotana estarán apagadas las estrellas de las que, según nuestro Alcalde, andamos “2.600 metros más cerca”. Casi que las tocamos, pero los niños que se beneficiaban de los servicios de la Fundación Rafael Pombo se quedarán viendo un chispero.


Enrique Santos Molano

Empodera tu conocimiento

Sal de la rutina

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.