Carmelo Gómez: un alcalde entre la moral y la rebelión

Carmelo Gómez: un alcalde entre la moral y la rebelión

El actor español es el protagonista de la obra 'El alcalde de Zalamea'.

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26 de mayo 2016 , 05:01 p.m.

En el viaje de España a Colombia, en el que se transportaba la Compañía Nacional de Teatro Clásico del país ibérico, el comandante del vuelo estaba tan emocionado por la presencia de esa tropa de artistas que no solo los saludó por el sistema de altavoz de la nave, sino que también se animó a recitar algunos de los versos de El alcalde de Zalamea, la pieza que el grupo presentará en el Teatro Mayor de Bogotá.

La anécdota, que el actor Carmelo Gómez recuerda entre risas, es una muestra del impacto que ha tenido en España esta versión del clásico de Calderón de la Barca, dirigida por Helena Pimenta.

Gómez hace el papel de Pedro Crespo, un labrador que le da posada al capitán de un batallón del ejército que invade su ciudad. El militar le responde ultrajando a su hija y negándose a casarse con ella por considerarla inferior.

Más adelante, Crespo es elegido alcalde y busca un castigo a la afrenta del capitán para guardar el honor de su familia.

Gómez habló con EL TIEMPO sobre esta pieza y acerca de la nueva etapa que vive en su carrera, alejada del cine, en el que se hizo famoso por películas como Días contados.

Helena Pimenta contaba que usted la llamó para hacer la audición, que quería presentarse a ‘las elecciones municipales de Zalamea’...

En efecto, nunca lo había hecho, y mucho menos en el teatro, pero leí la obra y vi que era algo que estaba muy cerca de mi vida... No se me podía escapar: un campesino labriego, recio, con las costumbres muy hechas, casi, casi intolerante, pero de una pieza, íntegro, de grandes valores, que insufla a sus hijos esa rigidez, y sin embargo ellos quieren marcharse porque hay un mundo nuevo.

En medio de eso viene la invasión de un ejército, eso ya tiene más que ver con esta época, y el pueblo necesita que alguien los redima, los salve de esta agresión, y ese es el alcalde. Tiene mucho que ver con mi infancia, con mi padre y su forma de entender la justicia.

Ese hombre está viviendo una tragedia, pero tiene una moral muy clara...

Los grandes pensadores han dicho que El alcalde de Zalamea es una historia sobre el honor, y eso lo convierte en algo residual, de otra época, porque hoy el honor no significa lo mismo.

Yo creo que es sobre la dignidad, pero aun ahí hay una gran revolución social, es decir, por una extraña razón que no comprendo, a la historia de mi país le faltó una revolución francesa. Es verdad que se hicieron pequeñas revoluciones, en las que los campesinos enfrentaban a los reyes y los reyes llegaron a tenerles pánico.

Aquí pasa esto, se esgrime una lucha social muy fuerte y el propio rey tiene que venir a dirimir este entuerto y decir:

‘Dejemos esto porque puede ser la chispa de algo mucho más gordo’. A ese nivel social me parece que tiene muchos puntos de actualidad y de vigencia.

¿Cómo ha sido trabajar con Helena Pimenta?

Es una mujer de mucho carácter, ella muestra siempre una gran simpatía, pero trabajando tiene un carácter duro, fuerte. A mí al principio me asustaba mucho, entonces la llamé dos o tres veces para decirle que estaba asustado (ríe)...

Ella dijo: ‘Por Dios, no te asustes, todo está en tus manos, eres el alcalde, sobre ti gravita toda la función, por lo tanto tienes que estar cómodo, confiado’. Poco a poco esa confianza la fuimos ganando, hasta el extremo de que ahora mismo acabo de verla y me sigue ofreciendo cosas para no irme de la casa del teatro clásico.

Una de las cosas más importantes de la obra es el duelo dialéctico entre don Pedro y Lope (personaje que defiende el militar). ¿Cómo ha sido ese trabajo con el actor Joaquín Notario?

Ahí creo que se enfrentan dos dinosaurios de otra época, que están a punto de extinguirse.

Ellos plantean la vida desde la conciencia, desde la ética, desde la moral, pero son los que más saben de los grandes valores, por ejemplo de la amistad, y lo llevan hasta las últimas consecuencias aun estando en peligro su posición social, lo cual me parece muy revolucionario, para la época e incluso para hoy. Los dos lo hemos entendido, y nos llevamos tan bien que ya hemos aprendido a pelearnos como los personajes.

¿Qué significa esta nueva etapa de su carrera?

Es una etapa clara de mi carrera, yo dejo el cine ya definitivamente y me meto solo al teatro, y además al teatro de la palabra; y si tengo suerte y tengo feeling con esta compañía, me gustaría quedarme mucho rato.

Estoy acabando también mi carrera, no quiero ser de esos actores que se empeñan con sus 68 años en hacer cosas raras; yo creo que hay una edad en la que hay que ir dejándolo y, tranquilamente, empezar a dedicarse a otra cosas en la existencia.

Fue una etapa, y nadie me quita lo bailao, ha sido una etapa hermosa, maravillosa. Dicen por ahí los grandes sabios que el momento más importante y más culminante de un artista es el momento de dejarlo, entonces yo estoy buscando ese culmen.

Funciones

Este viernes y sábado, 8 p. m. Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo. Calle 170 n.° 67-51,
Bogotá. Boletas desde 35.000 hasta 80.000 pesos.

YHONATAN LOAIZA GRISALES
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