No beba cuento con el azúcar

No beba cuento con el azúcar

La lucha contra las enfermedades derivadas del consumo de azúcar tiene que ir aún más lejos.

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25 de mayo 2016 , 06:56 p.m.

Entre 2.5 y 3 millones de personas mueren cada año debido a la obesidad, y desde 1980, esta enfermedad se ha duplicado en todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En 2013, 42 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso. En 2014, cerca de 1.900 millones de adultos -de 18 años en adelante- tenían sobrepeso, de los cuales, más de 600 millones eran obesos. Esta problemática genera un costo enorme para los presupuestos públicos de salud, especialmente en los países más pobres.

La revista médica The Lancet, fundada en 1823, señala que “se pronostica para el año 2035 que cerca de 700 mil nuevos casos de cáncer serán causados por el sobrepeso o la obesidad. Y el número estimado de personas viviendo con diabetes en todo el mundo habrá alcanzado los 4 millones por primera vez” (16-1-2016). Es decir, así como el cáncer y la diabetes están relacionados con el sobrepeso y la obesidad, también lo están algunos daños cerebrales.

¿Qué alimentos están ligados a la obesidad? The Lancet agrega:“ahora sabemos que la obesidad es el resultado de un ambiente propicio a la obesidad promovida por las grandes empresas de alimentos y bebidas a nivel mundial con un gran interés para proporcionar alimentos pobres en nutrientes, ultra-procesados de alta densidad energética, lo más barato posible”. Es decir, comida “chatarra” impulsada por los TLC, como en el caso de México y Colombia.

Según Robert Lustig, del periódico inglés The Guardian, “Los estudios epidemiológicos demuestran que el aumento del consumo de azúcar en la dieta aumenta el riesgo de diabetes (tipo 2)” (27 - 10 -  2015). En este sentido, la recomendación de la OMS es “limitar la ingesta energética procedente de la cantidad de grasa total y de azúcares”.

Por su parte, los economistas que buscan desincentivar el consumo de azúcar han recomendado imponer impuestos a las gaseosas para reducir el consumo de bebidas azucaradas, así como se hace con el tabaco (cigarrillos) y bebidas alcohólicas. Mathew Harding y Michael Lovenhein han sugerido un impuesto del 20% en EE. UU. a todos los productos que contengan azúcar, grasas y sal, de manera genérica, para que no pueda ser evadido por los productores como cuando se pone el impuesto a un producto especifico. En conclusión: “Un impuesto sobre el azúcar, en particular, es una poderosa herramienta para inducir una canasta de nutrientes más saludables entre los consumidores” (2014, NBER).

Sin embargo, aunque se han preferido los impuestos específicos, a las gaseosas por ejemplo, a los impuestos genéricos a todos los productos con alto contenido de azúcar, estos no se han implementado de manera general en el mundo, solo tímidamente. The Lancet, al respecto afirma que: "una de las razones, sin duda, es la influencia indebida de la industria de alimentos y bebidas y otros grupos de presión sobre los gobiernos y los políticos", porque “es un impuesto regresivo: los pobres sufren más. Pero la diabetes tipo 2 es una enfermedad regresiva, y los pobres la padecen más”, dice Lustig.

A pesar de que México es el primer consumidor de gaseosas a nivel mundial, con 163 litros por persona al año, un consumo 40% mayor que el de un estadounidense promedio con 118 litros al año (Representación en México de la OPS/OMS), el Congreso mexicano, apunta Robert Lustig, "rebajó los impuestos a las gaseosas a la mitad (…) a pesar (…) de una tasa de prevalencia de la diabetes del 12% en comparación con la tasa de Estados Unidos del 9,3%”.

Los políticos mexicanos sucumbieron a las presiones del lobby de la Asociación de Bebidas de México, que sostenía que “el impuesto costó (a México) 1.700 puestos de trabajo. Pero los estudios muestran que las bebidas azucaradas contribuyen a la muerte de 24.000 mexicanos cada año, y causan discapacidad, como enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular, insuficiencia renal, amputaciones, y la caries dental en decenas de miles más” (Lustig).

Por su parte, “en Colombia, el 52 por ciento de la población sufre de sobrepeso, según la OMS”, y hay 2.2 millones de personas adultas con diabetes.

La iniciativa de la propia industria de bebidas que opera en Colombia de autorregularse en las ventas a las escuelas y colegios con las bebidas azucaradas es un comienzo, pero la lucha contra el azúcar tiene que ir aún más lejos, no es un asunto sólo de calorías, es que las calorías del azúcar son diferentes, según un estudio de la U. de California.

Para todos: más ejercicio físico y menos azúcar. El agua de la llave es preferible a la embotellada, mejor en calidad y más barata. No beba cuento.


Guillermo Maya

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