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¿Más secuestros del narcotráfico?

¿Más secuestros del narcotráfico?

Nada hay más apremiante que bregar por la liberación de los cautivos.

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Si el de la periodista Salud Hernández-Mora hubiera sido secuestro ocasional de un ciudadano común y corriente, revestiría terrible gravedad. Pero si se le agrega el de dos colegas, frustrados en su busca, Diego D’Pablos y Carlos Melo, del canal RCN, sobrepasa las implicaciones de un crimen individual con toda su carga de agravantes, para revestir las características de absorción mafiosa por vasta organización delictiva en el extenso y complicado radio de acción del Catatumbo. Todo por el predominio, en su vasta zona, de la economía de la coca en sus varios aspectos de cultivo, transformación industrial y comercialización con propicios horizontes.

En la medida en que avanzan las conversaciones de paz con las Farc, van floreciendo asociaciones sustitutas al servicio del narcotráfico. Desde cuando se consideró esta actividad afín y complementaria de la simple insurgencia, se robustecieron ambas y se dio licencia para ver de respaldarse la una a la otra o para animar a pequeños grupos sueltos a asumir su función. Tan concentradas como se encuentran en esa franja de tierra etapas o expresiones recíprocamente complementarias, parecería más fácil o menos complejo el empeño de erradicarlas. Pero va siendo lo contrario.

El Catatumbo fue sinónimo de riqueza desde cuando un general, de regreso de los combates de la última gran guerra civil, halló casualmente, entre las aguas, el precioso líquido del petróleo, en región con fuerte presencia aborigen. Quién podía pensar que este descubrimiento casual habría de determinar la suerte de la comarca y del país. Pero el signo de los tiempos vendría a cambiar su destino y otro hallazgo, el de la hoja de coca, habría de revolucionar usos y costumbres. Allí habría de surgir otro imperio del mal al abrigo de su estratégica situación geográfica, a semejanza del que inspiró y construyó años atrás un tristemente famoso capo, aunque aparentemente sin control ni dirección unitaria. ¿Qué poderes ocultos lo controlan o dirigen?

Quizá se ha dejado al acaso. Lo cierto es que el satisfactorio desarrollo de los diálogos en La Habana no ha determinado los díscolos comportamientos, pero puede ser carta por jugar en el conflicto del Catatumbo. Al parecer no es posible atender unos frentes sin contemplar lo que ocurre en las vecindades o en las afinidades. Por su resonancia nacional y mundial, no va resultando viable prescindir de enfrentar los crímenes perpetrados en otras áreas.

El delito mayor del secuestro siempre ha sacudido mentes y corazones. ¿Cómo descartarlo en unos escenarios y tolerar su consumación en otros? Por supuesto, son de celebrar y aplaudir los éxitos en las negociaciones con el frente más robusto y antiguo. Pero hay que ver cómo se aplica su ejemplo al resto de problemas de su índole, sin perjuicio ni daño de lo mucho avanzado y logrado con las Farc. Con el Eln parecen haberse obtenido satisfactorios progresos. No resulte que su mano está detrás de los secuestros en el Catatumbo.

Cuando todo el país debiera estar consagrado a impulsar actividades sanamente productivas o constructivas con el empeño de atender a la demanda interna o a la exportación de bienes agrícolas e industriales, resultamos impelidos a ver cómo se atiende a sucesos anacrónicos y cómo se liberan meritorios compatriotas y colegas eminentes de las garras de un atroz y anticuado delito.

Ojalá pudiera doblarse pronto esta página de dolor y vergüenza en lo que debiera ser extravíos de conducta por siempre superados. Claro que en la actualidad nada hay más apremiante que bregar por la liberación de los cautivos y la execración del crimen del cual han sido víctimas. Quede para otra oportunidad el examen de las políticas enderezadas a corregir los déficits y lastres que perturban la marcha de la economía colombiana.


Abdón Espinosa Valderrama

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