Los dos confeccionistas que se lucieron en el Fashion Week

Los dos confeccionistas que se lucieron en el Fashion Week

Son de Ciudad Bolívar y comenzaron a trabajar en el oficio para sacar adelante a sus hijos.

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22 de mayo 2016 , 10:31 p.m.

Las dos llegaron de regiones diferentes, las dos se vieron enfrentadas a sacar adelante a sus hijos, lo único que tenían era un talento heredado de sus madres que les permitió, un día, pararse y buscar trabajo en el oficio de la confección.

Aida Milena Sanabria Garzón, llegó proveniente de Cabrera (Cundinamarca) cuando tenía solo dos años. “Primero vivimos en el Lucero (Ciudad Bolívar) y después, en Kennedy. Mi papá trabajaba en la construcción y mi mamá en restaurantes de la zona”.

Con esfuerzo encontraron un lote en el barrio La Estrella y así, poco a poco, Aida fue creciendo al lado de sus padres. Cuando cumplió los 25 años la vida la enfrentó al reto de ser madre cabeza de familia. “Entré a hacer costura por necesidad, como lo hacemos muchas, yo tenía dos bebés, de un año y de 3, y mi esposo me había dejado”.

Se vio tan alcanzada de dinero que un día se paró y salió a la calle a buscar trabajo en varias fábricas. “En una dije que yo sabía manejar máquina plana. Afortunadamente me dieron trabajo. Allá hacían todo lo relacionado con prendas médico-quirúrgicas, incluyendo bolsas desechables. Lo mejor es que me enseñaron a cortar, tender, manejar filete y moldear”. Durante 17 meses Aida aprendió muchas cosas del oficio hasta que trasladaron la fábrica a Ibagué; ella se quedó de nuevo sin trabajo y comenzó a rebuscársela de satélite en satélite.

Una historia parecida la vivió Consuelo Quiroga, de Ibagué. Llegó a la misma localidad con sus dos hijos y su esposo. En su ciudad natal las posibilidades laborales eran reducidas y no pudieron hacer nada más que migrar a la capital. “Hace diez años estoy viviendo aquí en Bogotá. Mi mamá fue confeccionista empírica y yo comencé a trabajar en lo mismo por necesidad. No quería que nadie cuidara a mis hijos y trabajar en una empresa era complicado. Pensaba en que nadie los cuidaría como yo”.

Consuelo se esforzó para prepararse, cursó un técnico en el Juan Bosco Obrero y luego en el Sena de donde es tecnóloga en confección industrial. “Lo que más me gusta es diseñar ropa interior, pero en realidad, ahora sé diseñar y coser cualquier prenda. Me estoy especializando en lencería, toda la línea de hogar”.

Así, con el mayor esfuerzo, las dos hoy tienen visión de empresarias, sobre todo, después de que un proyecto del Distrito se asentó en su localidad y comenzó a apoyar a las mujeres que, como ellas, querían especializarse.

A través de los Centros de Servicios Empresariales y de Innovación Zasca se intervinieron nueve localidades (Barrios Unidos, Engativá, Antonio Nariño, Rafael Uribe, Ciudad Bolívar, Puente Aranda, Los Mártires, Santa Fe y Candelaria) se beneficiaron las industrias de confecciones, cuero, calzado, marroquinería, artes gráficas y muebles.

“Eso fue en la Administración pasada. Fue muy bueno porque era un lugar en donde nos prestaban maquinaria, nos capacitaban, nos llevaban a ferias y mostrábamos nuestro trabajo en otras ciudades”, contó Consuelo.

Hablan en pasado porque ahora están a la espera de que el proyecto, que está cerrado, sea renovado por la Secretaría de Desarrollo Económico o que, en su defecto, se convierta en una fundación que preste los mismos servicios. “Rogamos para que no nos lo quiten, aquí no más, en Ciudad Bolívar, se inscribieron 300 unidades productivas y se intervinieron 100”.

Con el presupuesto que manejan les es imposible comprar o alquilar máquinas que superan, muchas veces, los $ 17 millones. “Por eso ese lugar era tan importante para nosotros. Allá teníamos bordeadoras, empretinadoras, multiagujas y hasta conocimos a Arturo Tejada que ha sido un guía para nosotros”, dijo Aida, hoy de 32 años.

Demostraciones en el aeropuerto

Este año llegó con buenas noticias para estas dos mujeres. Fueron convocadas para participar en el Bogotá Fashion Week gracias a que la Secretaría de Desarrollo Económico las vinculó. “Singer llevó máquinas y gracias a eso nos permitieron hacer demostraciones en el aeropuerto”, contó Consuelo.

Por un día, les explicaron a los viajeros cómo confeccionar una prensa sencilla, una falda, una blusa, pero, sobre todo, salir del anonimato en el que estuvieron muchos años mientras trabajaban en los satélites. Allí perder un solo minuto, es dejar de facturar.

Luego de esta oportunidad buscarán más apoyo del sector financiero. “Queremos que se den cuenta de que la posibilidad de obtener un crédito, sin tanto complique, es importante para nosotros. Les decimos que nuestro respaldo son nuestras máquinas y nuestro trabajo”.

Hoy, todo proyecto requiere el doble de esfuerzo. Aida, por ejemplo, tuvo que asociarse con varios compañeros para poder arrendar un local que les permitiera exhibir y vender sus productos, todos elaborados con telas e hilos nacionales de muy buena calidad.

“Está ubicado en El Lucero. Fue la única forma de pagarlo”, contó.

Pese al esfuerzo, hoy tienen un reconocimiento más, el de haber participado en la feria de la moda más importante de Bogotá, un buen comienzo para mostrar el talento de los confeccionistas bogotanos.

CAROL MALAVER
Redactora de EL TIEMPO
*Escríbanos a carmal@eltiempo.com

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