¿Vendaje o aureola?

¿Vendaje o aureola?

Tomé un curso acelerado de emoticones. Pero me sentí más desubicado que en clase de trigonometría.

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16 de mayo 2016 , 07:15 p.m.

Me pareció curioso que uno de mis primos más deslenguados y menos políticamente correctos que tengo me enviara de repente, vía WhatsApp, el dibujo de una pequeña torta: esas que ahora llaman 'cupcakes', y que tienen el tamaño de los ponqués Ramo que nos mandaban en la lonchera del colegio.

Lo primero que pensé era que había confundido mi fecha de cumpleaños. Pero, dada su buena memoria, supuse que la razón de aquel dibujo era, más bien, la de agradecer un detalle que tuve recientemente con su familia.

Se lo comenté a mi esposa, con emoción, y ella no pudo aguantar la risa. Cuando volvió en sí, después de tomar aire varias veces, me explicó que, para empezar, no se hablaba de dibujos sino de emoticones, y que estos constituían un nuevo idioma, ampliamente difundido en el planeta. Que desconocerlo era una forma grave de la ignorancia.

Sin embargo, lo más duro llegó cuando me explicó que aquel emoticón que me había devuelto a la infancia no era un ponqué sino la ilustración de un excremento. ¡Así de desactualizado y desentendido ando en la materia!

Dispuesto a solucionar el tema, decidí tomar un curso acelerado de emoticones. A juzgar por la introducción, pensé que se trataba de algo relativamente fácil, pues el lenguaje que me disponía a aprender se apoya en las sencillas y muy conocidas “caritas felices”: las mismas que utilizan las maestras de preescolar para estimular a sus alumnos.

Por eso no fue poca mi sorpresa cuando comprobé que había reprobado la primera prueba, pues había confundido la cara de enojo con la de tristeza, la de ternura con la de somnolencia y la del ángel con la del enfermo, pues pensé que eso que llevaba en la cabeza era un vendaje y no una aureola.

Y lo peor estaba por llegar, cuando la maestra de emoticones trató de hacerme entender que aquel dibujo no era el de un cohete sino el de la torre Eiffel, y que allí en donde creí ver un insinuante preservativo no había más que un fantasma juguetón.

Ya sé que para desenvolverse con éxito en la actualidad es preciso dominar el lenguaje de los emoticones: casi tanto como el idioma inglés o las redes sociales. Pero me siento más desubicado que en clase de trigonometría. He agradecido insultos, me he enfadado con los que solo quieren saludarme y me parece que detrás de cada cara feliz hay alguien haciendo pistola. ¡Me doy por vencido!


Fernando Quiroz

@quirozfquiroz

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