'La Niña', un símbolo de superación, fortaleza y reivindicación

'La Niña', un símbolo de superación, fortaleza y reivindicación

Vicepresidenta de Caracol habla sobre esta producción, que narra una historia desgarradora y real.

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15 de mayo 2016 , 04:30 p.m.

Ver cada noche ‘La Niña’ (de lunes a viernes a las 9 p. m. por el canal Caracol) produce un dolor grande. Pero ahí está Belky enseñando en cada capítulo que ha sido y siempre será más fuerte que la vida.

“Y eso –dice Juana Uribe, vicepresidenta del canal Caracol– que hemos hecho amables episodios de su vida, como sus primeros años en el centro de menores a donde llegó luego de varios años en un grupo guerrillero. Ella no confiaba en nadie y no tenía ganas de vivir. Lo resumimos, apuramos un poco e hicimos más afable esta parte de la historia”.

Con un ‘rating’ promedio de 11 puntos, esta producción, basada en una historia real, es una apuesta para el posconflicto.

“Desde hacía rato, Caracol estaba buscando una historia que pudiera hablar del conflicto y del posconflicto para aportar a la lectura de lo que pasa en el país. Cuando oímos la historia de esa mujer que siendo niña había sido reclutada a la fuerza, y luego reintegrada había llegado a estudiar medicina, vimos que había una gran producción”, agrega Uribe.

Claramente esta Belky, muy bien representada por Ana María Estupiñán (‘La Pola’ y ‘La Ronca de Oro’, entre otras), le ha dado al personaje todos los matices necesarios del conflicto y no solo el armado, sino el de su lucha personal, con su familia, con el entorno, con las dificultades de la vida civil, sin rendirse nunca.

“Después de contactarla y contarle qué queríamos hacer, oímos su historia. Hubo una primera sentada muy larga en la que ella, con una entereza increíble, nos contó a Camilo Acuña (gerente de Programación de Caracol), María Paula Bustamante (directora de Programación estratégica del canal) y a mí lo que había sido su vida, antes, durante y después de la guerrilla. No dudamos en que era un personaje digno de hacerle un homenaje”, afirma Uribe.

Agrega que su inteligencia y su fortaleza “lo dejan a uno pasmado. En su relato no hay odio, no hay resentimiento. Permanentemente estamos en contacto, le cuento por dónde va la historia y le pregunto anécdotas, datos, posibles giros”.

Su identidad real está guardada, por su seguridad y la de su familia, y también porque ella quiere estar tranquila.

Comodidad vergonzosa

Y es que el dolor vivido por la Belky real y por muchos niños que fueron y son obligados a ser parte de los grupos armados llevó a Uribe a sentir que la posición sobre la guerra es expresada por muchos con un “comodidad casi vergonzosa, mientras esos niños reclutados pierden su infancia en un conflicto que ni escogieron ni les devuelve nada”.

De ahí todo lo que ella y el equipo que hace parte de la producción han aprendido de ‘La Niña’, “que incluye la importancia de salud familiar para que este país se reinvente. Muchas cosas suceden porque estos núcleos están rotos, los padres no tienen tiempo o condiciones económicas para estar con sus hijos. Hay que fortalecer estas familias”.

Y piensa que “para los excombatientes va a ser posible reintegrarse, volver a tener una vida normal, si somos abiertos para recibirlos, pero especialmente en la medida en que encuentren o logren formar un núcleo familiar o recuperen el que tenían”.

Pero ahí no se queda Uribe. Ella, mamá de una niña, con buenas condiciones de vida, ha reflexionado, a través de ‘La Niña’, sobre la educación de los hijos: “Nos pasamos la vida pensando en terapias, ayudas extracurriculares y sale una niña que nunca va a un colegio y es capaz de estudiar medicina... Por supuesto, tiene muchos vacíos, pero también unas herramientas de supervivencia, una fortaleza impresionante”.

Belky se ha acostumbrado a la vida civil pese a la burocracia y a que tuvo que aprender a moverse en ella para salir adelante: “Pagar arriendo, conseguir fiadores, hacer las vueltas de la EPS... Y en la universidad también fue discriminada, no había asistido a un colegio conocido, no podía contar su historia, no conocía las reglas sociales, no manejaba el mismo sentido del humor y la ironía, pero lo logró”, cuenta.

Y de los relatos que más conmovieron a Uribe de esta ‘Niña’ fue que un día organizó una fiesta para dotar su casa “y los invitados le llegaron con una carpetica y cucharas de palo. Ella pensaba y esperaba que cada uno llevara algo importante que ya no le sirviera: un sofá, una nevera, y ninguno supo ponerse en su lugar. Esta mujer fue capaz de validar casi sola el bachillerato, pero no pudo leer a un grupo de universitarios de su edad y ahí está la diferencia”.

Ahora y más allá del ‘rating’, Uribe espera que “esa ‘Niña’ se vuelva un símbolo de superación, fortaleza y reivindicación. Hoy está luchando por sacar adelante su carrera y se está dando cuenta de la fuerza que ha tomado su historia al verla en la pantalla. Ahora no puede decir quién es, pero ojalá un día las condiciones se lo permitan, porque se lo merece. Y que quienes todavía signifiquen una amenaza en su vida entiendan que si se meten con ella, hay mucha gente que la va a defender”, asegura Uribe.

Con la historia de Belky, además, hay que seguir luchando por “sacar a los niños de todas las formas de violencia. Si no los mantenemos al margen nunca seremos un país decente. La serie también debe dejar un mensaje de reconciliación, y entender que esto no puede seguir pasando”.

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