La misteriosa desaparición de pilotos colombianos en selvas de Bolivia

La misteriosa desaparición de pilotos colombianos en selvas de Bolivia

Varios son de la misma academia, y uno es hijo de militar preso por masacre y narcotráfico.

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14 de mayo 2016 , 08:46 p.m.

Byron Joan Carvajal Ortiz desapareció del mapa hace siete meses. El piloto, experto en volar aviones Cessna y Piper, le dijo a su familia que se iba a Bolivia a fumigar plantaciones, pero desde el 12 de octubre del año pasado no se sabe nada de él. El único rastro de Carvajal, de 26 años de edad, es un puñado de fotos que subió a la red con amigos pilotos en Concepción (Uruguay), Buenos Aires (Argentina) y en Ecuador, en donde acumuló rápidamente varias horas de vuelo, después de graduarse de la Centauros, una academia de formación de pilotos que funciona desde 1955 en un hangar del aeropuerto de la calurosa Villavicencio (Meta).

Allí llegó Carvajal después de dos intentos fallidos por convertirse en oficial del Ejército colombiano, la misma carrera que siguió su padre, el coronel Byron Carvajal, famoso en Colombia por protagonizar dos dolorosos escándalos que hoy lo tienen pagando más de 25 años de cárcel: la masacre de diez policías en Jamundí (Valle) y el ocultamiento de un cargamento de cocaína incautada por sus hombres.

(Vea aquí: Los rostros de los pilotos colombianos perdidos en selvas de Bolivia)

En el rastreo del pasado del piloto Carvajal, EL TIEMPO estableció que en la academia Centauros –una de las 45 que hay en el país– conoció a otros jóvenes que, tras pagar 125 millones de pesos por el curso de aviador comercial, también se fueron a trabajar a Bolivia y que, igual que él, simplemente se esfumaron.

Sin embargo, nadie ha investigado el fenómeno porque muchas de las familias vienen siendo blanco de amenazas para que no indaguen por sus paraderos.

Pero algunas temen que sus hijos hayan terminado reclutados por la mafia, presos en cárceles bolivianas o peruanas e, incluso, derribados por aviones de combate. Desde abril del 2014, el gobierno de Evo Morales habilitó la ley que le permite a su Fuerza Aérea tumbar todo tipo de aeronaves que cruzan su espacio aéreo sin permiso, y que en su mayoría están al servicio del narcotráfico. En noviembre del año pasado, Perú tomó la misma decisión y un escuadrón de aviones caza está dedicado a esa labor, convirtiendo a las selvas de esos dos países en tumbas de pilotos de la mafia.

Aunque pocos hablan del tema, este diario estableció el nombre de otro piloto desaparecido en idénticas circunstancias: Néstor Julián Clavijo Villegas, oriundo de La Dorada (Caldas). Clavijo viajó a Santa Cruz de la Sierra el 14 de agosto del 2015 y, según sus amigos, a los tres días ya estaba volando una avioneta que decoló de una pista de Santa Ana de Yacuma con rumbo al valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro. Según su bitácora, salió en la madrugada, aterrizó en una zona conocida como Puerto Ene y luego despegó de regreso a Bolivia. Tras 20 minutos de vuelo, la avioneta empezó a fallar y aterrizó de emergencia en el Parque Otishi, en Perú. Desde allí, a través de un teléfono satelital, le envió un mensaje a su familia.

Selfis, la clave

“Dijo que estaba esperando a que lo rescataran y que iba de paseo en compañía de otro piloto colombiano de apellido Mojica, de la misma escuela de Villavicencio. Además, que habían llamado a unos señores de apellido Rapozo, dueños de la avioneta, para que los ayudaran. Tuvimos comunicación con él hasta el 29 de agosto, pero luego se perdió”, dice un allegado.

Oficialmente, nadie ha denunciado la desaparición del piloto Mojica, por lo que se omite su identidad completa. Pero en redes sociales hay un letrero sobre su foto con la leyenda “Los pilotos no mueren, solo vuelan más alto: q. e. p. d. 1993-2015”.

Por el contrario, la familia de Clavijo viajó hasta Perú a buscarlo luego de que un desconocido llamó a su hermana a decirle que unos sujetos se lo habían llevado por el río Cutivireni. Incluso, Néstor Clavijo Velásquez, su padre, llegó hasta la zona donde lo vieron por última vez y logró que la Cancillería de Colombia enviara una rogativa para que lo buscaran.

En el oficio 447 de octubre de 2015, se le pide al general José Luis Lavalle, cabeza de la Dirección de Investigaciones de Perú, que ayude a buscar al colombiano. Y en el expediente sobre su desaparición aparecen varias selfis que ayudarían a reconstruir su itinerario y el de otros pilotos perdidos. En una de ellas aparece Clavijo en el restaurante Casa del Camba, en Santa Cruz (Bolivia), acompañado con otro exalumno de la Centauros. La imagen se tomó el 15 de agosto, un día después de llegar a ese país.

De Mojica, el acompañante de Clavijo, también hay fotos. De hecho, en una de ellas aparece un familiar posando al frente de una camioneta Toyota y de una avioneta bimotor. Al parecer, no se trata de una confusión sino de la sospecha de que el familiar de Mojica también desapareció.

Esas imágenes han sido analizadas por expertos que aseguran que las aeronaves que allí aparecen han ingresado recientemente a Bolivia en medio de una polémica por ser muy viejas. De hecho, el presidente Evo Morales tuvo que emitir una orden en la que prohíbe la importación de aeronaves con más de 25 años. Sin embargo, la Dirección General de Areonáutica Civil de Bolivia estima que al menos 200 de estas han ingresado en los últimos cuatro años, provenientes de Estados Unidos. Muchas incluso han sido derribadas por autoridades antinarcóticos, especialmente del Perú. Y aunque no todas esas son usadas por el narcotráfico, a más de un centenar se le ha revocado el permiso para operar.

El empresario boliviano Martín Rapozo ha importado al menos 30 de esos aparatos. Uno de ellos se accidentó en Perú el 23 de noviembre de 2014, en un episodio que implicó el hallazgo de 356 kilos de cocaína.

De Byron Carvajal también hay fotos frente a las avionetas que piloteaba. De hecho, se sabe que su desaparición se produjo cuando volaba desde Santa Ana de Yacuma a Argentina, en compañía de un piloto brasileño. En noviembre pasado, una página especializada en aviación le envió un mensaje de pésame a su familia, y su novia, la modelo boliviana Ailyn Lizárraga, hablaba de su posible muerte: “Por Dios, no lo puedo creer, yo lo quería mucho. Para mí era un trago de vida”, escribió en Facebook.

De manera paralela, a la familia le llegó una foto de una bolsa negra que contenía el supuesto cadáver de Carvajal y otra más de una tumba en la que estaría sepultado. Pero hay versiones de que lo han visto en El Pailón, a 20 minutos de Santa Cruz, por lo que su familia lo sigue buscando. Ya descartaron que su nombre apareciera en la lista de pilotos colombianos presos en Perú por narcotráfico o en la de los muertos de las aeronaves siniestradas.

‘No los busquen’

En la misma incertidumbre está la familia de Fabián Iván Beltrán Barreto. Aunque no estudió en la Centauros, él también se fue a trabajar a Bolivia como piloto de fumigación y se perdió desde el 27 de agosto del 2014. Su mamá indagó con el dueño de Alas Agrícolas, la firma que lo contrató, pero asegura que este le respondió que no preguntara más. La denuncia sobre su desaparición llegó a la Fiscalía por correo electrónico, en febrero del 2015.

Sobre ese caso, EL TIEMPO encontró un registro de la Aeronáutica Boliviana con una advertencia sobre el permiso para volar del colombiano: “Licencia no válida para trabajos remunerados en Bolivia”.

De hecho, uno de sus allegados admite que el joven piloto les había contado que recibió propuestas para trabajar con la mafia, pero que las había rechazado de tajo.

“Sabemos que se han presentado varios casos, pero la Academia Centauros no tiene nada que ver con las actividades de sus clientes. No somos intermediarios para que ellos consigan trabajo”, explicó Grace Cardoza, gerente de la escuela, que ha graduado a 115 pilotos comerciales y 35 agrícolas. Y agregó que varios de los desaparecidos se acercaron a su academia solo a homologar requisitos, como Carvajal y Clavijo, o a hacer cursos en tierra.

Pero las familias sospechan que hay reclutadores que rondan este tipo de escuelas en busca candidatos a volar a Bolivia.

El caso más reciente de esta cadena de desapariciones está conectado con la captura, a finales de 2015, de dos colombianos en Santa Ana de Yacuma. Según las autoridades, portaban municiones, 21 dólares en efectivo, un arma y teléfonos satelitales. En esa misma operación fueron presentadas tres avionetas. Se investiga si uno de los detenidos es hermano de otro piloto de Villavicencio desaparecido. Además, se busca una conexión con los casos de Carvajal y Clavijo porque todos partieron de la misma población antes de desaparecer.

Por el miedo a represalias, familias de los pilotos desaparecidos se han abstenido de denunciar estos casos. Y para establecer qué pasó con ellos han optado por contratar a investigadores privados expertos en rastrear personas. EL TIEMPO localizó a uno de ellos y aunque confirmó que está en esa labor, se negó a dar información.

Para determinar cuántos casos hay como estos, se intenta hacer un barrido en academias de pilotos del país. Por el momento se ha logrado determinar que de los 37.309 pilotos que hay en el país, más de cien se han ido a trabajar a Bolivia.

Y el Ministerio de Defensa de Colombia ya fue enterado de la misteriosa desaparición de pilotos colombianos en selvas de Bolivia y Perú. De hecho, hay un familiar de uno de los desaparecidos dispuesto a colaborar a cambio de protección.

Estos son los capitanes presos en Perú

Nadie lleva estadísticas ni hay bases de datos sobre los pilotos colombianos muertos, desaparecidos o presos en cárceles de Bolivia y Perú. A través de allegados y familiares, EL TIEMPO logró establecer que hay cinco de estos jóvenes capitanes detenidos en prisiones peruanas. La lista la encabeza Juan Diego Pérez, preso en Pichari. También figuran Fernando Roldán y Sebastián Gutiérrez, detenidos en ese mismo centro carcelario. Además, Juan Pablo Herrera y Santiago Jaramillo, presos en Satipo. El 15 de abril pasado, el Ejército peruano localizó una avioneta estrellada con matrícula de Bolivia, CP 2914. En el lugar rescataron a un piloto brasileño y a otro colombiano, que hoy se recuperan de graves heridas en el Hospital de Satipo.

Mientras en Perú, Bolivia y Colombia se trata de casos aislados y casi desconocidos, agentes federales buscan establecer un patrón para descubrir quiénes son los reclutadores de jóvenes pilotos que terminan al servicio de la mafia. Hace un mes, el Gobierno de Estados Unidos reveló el más reciente mapa del narcotráfico en América Latina, y Bolivia volvió a figurar como uno de los dos países (junto con Venezuela) en donde campea este delito. Aunque se destaca que en Colombia volvió a crecer la producción de cocaína, es claro en señalar que la mafia se está desplazando de nuevo hacia el sur. Además de ser la cantera de viejas avionetas para transportar droga, Bolivia ha abierto escuelas de pilotos para cubrir la inusitada demanda. Hay chats en redes en los que se invita a jóvenes de diferentes países a formarse en esas escuelas por la mitad del costo.

A eso se une el hecho de que varios capos colombianos han empezado a moverse a ese país, aprovechando el límite ‘imaginario’ entre plantaciones de coca legales –por la tradición indígena– y las ilegales, que nutren a los grandes carteles.

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