Doctor miedo

Doctor miedo

Nadie hubiera predicho que desde la cárcel varios exjefes paramilitares se graduaran como abogados.

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13 de mayo 2016 , 06:32 p.m.

Ya que era tartamudo, se cuenta que, no obstante su sabiduría y el designio de las Tablas de la Ley, Moisés necesitaba que Aarón hablara por él. Allí, en los orígenes, podría simbolizarse la figura del abogado, esa investidura del defensor, el intérprete que acepta el encargo de expresarse por quienes carecen de la palabra precisa para obtener claridad en las causas y, sobre todo, ¡¡justicia!!, aunque esta frecuentemente venga a pizcas.

Pero cabe conjeturar que Moisés, Aarón, ni sabio cualquiera hubieran predicho que desde la cárcel varios exjefes paramilitares se graduaran en Colombia como abogados; de toga, birrete (como se visten los magistrados de las cortes, vaya jugada semiológica que algunas conciencias de corruptos quemará), y casi jurando en posición mística el deber de representar a los desvalidos con la voz y sabiduría otorgadas.

Cuando, días atrás, se publicó la noticia, imposible negarlo, prefiguré la imagen que simboliza a la justicia (la mujer vendada e imparcial que aguanta en una mano la balanza y en otra la espada), interpolándola con la de un encapuchado que sostiene de un puño unos testículos y del otro una motosierra. Se sucedieron como flashes las escenas de miles de víctimas acudiendo obligadas ante estos nuevos abogados para obtener restitución de tierras o la prometida reparación.

Nada de sarcasmo incitador plantea la imagen; es solo la idea de que muchas cosas en el país resultan deformes, en cierto modo inoportunas, así como en otros tiempos se creía que el ornitorrinco avisaba una broma de la naturaleza.

Es inobjetable el derecho a la redención. Eso es esencia de un sistema penitenciario que política y filosóficamente acude al concepto resocializador; al acuerdo democrático (aunque no falta quien cuestione que la democracia es a veces la dictadura de las mayorías) que busca garantizarle hasta al más siniestro criminal hallar perdón de la sociedad, tener una segunda, incluso más oportunidades de vivir y trabajar en o por ella. De lo contrario, la cadena perpetua o la condena a muerte serían única regla.

Pero ¿de sopetón la sociedad y millones de víctimas tragarán el ácido de que quienes sembraron paramilitarismo sean en lo sucesivo intérpretes de la justicia con licencia; futuros jueces? Puede que sí, aunque merece la pena, y con urgencia, reabrir el debate. Clave cuestión para el o la, bien vendría, nueva fiscal.


Gonzalo Castellanos

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