Secciones
Síguenos en:
'La lucha contra la exclusión es la piedra angular para la transición'

'La lucha contra la exclusión es la piedra angular para la transición'

Ali Zeddini, premio nobel de paz 2015, habla sobre la paz tras la Primavera Árabe del 2011.

notitle

El nobel de paz Alí Zeddini, vicepresidente de la Liga Tunecina de Derechos Humanos, en su visita a Bogotá habló con EL TIEMPO sobre los mayores desafíos para la transición de la dictadura a la democracia en el único país donde ha perdurado la llamada Primavera Árabe.

Su organización, fundada en 1967, hace parte del Cuarteto para el Diálogo Nacional en Túnez, que recibió el premio Nobel de Paz en el 2015. Junto con la Unión General Tunecina del Trabajo (UGTT), la Patronal (Utica) y la Asociación de Abogados, lograron la estabilización de ese país africano, después de la caída de Ben Alí, dictador durante 24 años.

Zeddini se refirió a la necesidad de un consenso político para dejar atrás la confrontación armada, al rol de las organizaciones sociales en la transición, al asesinato de líderes políticos de izquierda en su país y a la necesidad de programas sociales para consolidar la paz, más allá de los acuerdos a los que se lleguen a través del diálogo.

La única de las primeras árabes que ha sobrevivido es la de Túnez. ¿Cómo se logró?

No hay que olvidar, primero, que la que llaman Primavera Árabe comenzó en Túnez. Las condiciones eran favorables para la revolución. Segundo, tenemos una civilización muy antigua y hemos tenido una gran tradición civil.

Además, tenemos una sociedad civil anclada en la historia y muy fuerte desde los años 30, con el movimiento de la liberación nacional de la colonia francesa. Y mi organización, la Liga Tunecina de Derechos Humanos, fue la primera independiente. Tiene una credibilidad popular no solo en Túnez, sino también a nivel internacional. Bajo la dictadura de Ben Alí (1987-2011), éramos la referencia a nivel internacional con los informes sobre derechos humanos, al punto de que éramos vistos por Ben Alí como la ‘bestia negra’.

El otro punto es que los tunecinos tienen otra ventaja: tienen una homogeneidad cultural de un 99 por ciento. Diría que todos son del islam malekita moderado, no como en el arabismo. La escuela musulmana de Túnez es abierta, entonces, el pueblo tunecino tiene un temperamento moderado.

En este entorno favorable es donde tuvo lugar un diálogo nacional que funcionó para que quedara la revolución. Por eso, en el discurso de recepción del Nobel en Noruega, dijimos que el premio no era para nosotros, las cuatro organizaciones, sino para el pueblo tunecino. Por esas especificidades es por lo que ha durado la revolución.

A ustedes les otorgaron el Nobel porque evitaron una guerra civil después de la caída de Ben Alí. ¿Cuáles acciones concretas tomaron para evitar la confrontación?

Había, de un lado, los islamistas, y del otro, los modernistas. La revolución tenía sobre todo eslóganes sociales y no religiosos. Uno de los primeros fue ‘libertad y dignidad’, no el islam o la guerra de religiones, ni cuestiones o problemas de identidad nacional. Pero los islamistas moderados, apoyados por Arabia Saudita para acceder del poder, volvieron con la cuestión de identidad. Y los modernistas recordaron justamente que la revolución era por los derechos sociales y económicos, ‘libertad y dignidad’. Ahí hubo grandes tensiones.

Los extremistas religiosos llegaron al punto de asesinar a dos líderes políticos de izquierda. Los tunecinos jamás habían escuchado hablar de muertes o asesinatos políticos. Antes de la revolución en Libia, la mayoría no sabía qué era una Kaláshnikov, ahora ya toda la gente sabe que es.

¿Y en ese momento de tensión, qué hizo el Cuarteto para el Diálogo Nacional?

Entonces estábamos al borde de una guerra civil, porque, además de estos asesinatos, las partes enviaban a sus simpatizantes a las calles para manifestar. Y nosotros, en cuanto sociedad civil, nos reunimos con las otras organizaciones de abogados y de sindicalistas e hicimos entrar a la cuarta organización, la de patrones.

Después del segundo asesinato político, la oposición, es decir, los modernistas, quería la dimisión del Gobierno y la disolución de la asamblea constituyente. Los otros, los islamistas, querían mantener las elecciones porque decían que eran legítimas.

Nosotros tuvimos una iniciativa, llamada Hoja de Ruta, con tres ejes: el gubernamental, el constitucional y el electoral. Para el proceso gubernamental, el más duro porque los islamistas no querían irse del poder, nosotros dijimos: “Tiene que haber un gobierno independiente, de tecnócratas, para la transición”, y que tenían como misión principal preparar las elecciones y neutralizar la administración y las mezquitas para poder crear un ambiente favorable para unas elecciones democráticas y transparentes. Y entonces los islamistas tuvieron flexibilidad para la elección de un gobernante que no fuera a favor ni contra de ellos, uno independiente.

El segundo eje fue la Constitución. Mantuvimos la asamblea constitucional, pero en la Hoja de Ruta dispusimos que su misión era únicamente la redacción de una constitución dentro de un plazo. Y para las elecciones, pusimos en marcha una instancia independiente para vigilarlas, mayoritariamente de la sociedad civil.

Son tareas concretas, con un plan. Claro que fue muy difícil, tuvimos que tener habilidad para manejar esta negociación y hacer concesiones, cada uno dejó un poco de su lado para poder llegar a unos consensos en la asamblea constitucional. Se trató de la combinación entre la democracia consensual y la constitucional.

Frente a la polarización que vive Colombia en torno al proceso de paz con las Farc, el Alto Comisionado para la Paz ha hecho un llamado a construir ese tipo de consensos para la transición. ¿Qué recomendaciones daría después de la experiencia tunecina?

Nuestra experiencia, que no necesariamente pueda ser importada, es que es indispensable que haya un partido neutro: la sociedad civil, porque es la mejor situada para ese rol. Hay un interés nacional, que es la línea directriz en la cual hay que reunir a la gente; y más allá de esta visión, que debe ser realista y pragmática, es necesario manejar la negociación con compromisos y concesiones que incluyan a la gente. Hay que aclarar una hoja de ruta, como nosotros lo hicimos, con puntos precisos. Tienen que tomar los mecanismos apropiados para el periodo de transición, algo muy específico, que solo los colombianos conocen.

¿Cuál es ese rol de las organizaciones sociales y los defensores de derechos humanos para la transición?

Primero, es necesario que las organizaciones civiles sean implicadas en todo el proceso. Antes y, sobre todo, durante las negociaciones. El arte de negociar es otra cosa, debe haber paciencia, e inclusive técnicas, y saber preparar cuestiones difíciles para todos. Hay que involucrar a las que son las más influyentes, y de ahí sacar los consensos necesarios.

El proceso de ‘democratización’ en Túnez se vio afectado por el asesinato de líderes políticos de izquierda, algo que Colombia ha vivido y sigue presenciando. ¿Cómo evitar eso para la reconciliación de la sociedad?

Primero que todo, es necesario que el Estado juegue su papel. A la gente que está potencialmente amenazada hay que asegurarle una protección a cargo de los contribuyentes, del pueblo, del Estado. Inclusive, si llegan a suceder esos atentados para impedir el proceso de transición –porque es lo que quieren con esas acciones– hay que ir hasta el final. Siempre hay gente que quiere parar la transición, pero se tiene que estar convencido de que de esto depende el futuro del país.

Después de todos los esfuerzos de paz, ¿cómo viven el día a día los ciudadanos en Túnez, ven que ha cambiado algo?
Sí, ellos lo ven. Pero los ciudadanos tienen otras preocupaciones y prioridades. Una buena transición política, como la que hemos tenido, no es necesariamente una transición económica y social. La justicia, la dignidad, el desempleo de los jóvenes, los problemas por los que hubo la revolución no han sido solucionados, y es por eso que hasta estos momentos tenemos sublevaciones.

Tenemos libertad de expresión, que inclusive va más allá que en Francia; de reunión, los jóvenes han entrado a la oficina del jefe de Gobierno para reunirse; hemos tenido elecciones libres y democráticas, pero no es suficiente. La gente no quiere vivir de las palabras. Se deben solucionar los verdaderos problemas económicos y sociales en las zonas y barrios más disminuidos y marginados.

La lucha contra la exclusión y por el desarrollo es la piedra angular para la transición. Necesitamos seguridad para realizar los programas de desarrollo, con guerra no se puede. El interés nacional necesita solucionar estas cuestiones y neutralizar los factores de tensión e inseguridad para estabilizar el país.

¿Cuáles son esos cambios institucionales que se deben realizar para llegar a la paz y a la tranquilidad?

Aún es muy rápido hablar de tranquilidad, todavía estamos en un plan. Tenemos otros desafíos: el terrorismo, la cuestión regional, inclusive nuestros vecinos no quieren que el modelo tunecino tenga éxito. Arabia Saudita no quiere que haya democracia en un país ‘sunita’.

Tenemos muchos desafíos, pero el primero es el desarrollo económico y social, como dije. Estamos trabajando inclusive en la ciudadanía, en el modelo de sociedad porque el modelo basado en el turismo no funciona más en Túnez.

¿Cómo es hablar de consenso y tolerancia política con un partido islamista?

Esta pregunta está resuelta por la libertad de organización. Tenemos una ley que permite a todo el mundo organizarse, pero el problema de ese partido político es que quiere imponer la sharía (ley islámica) y que instauremos el califato. Es decir, se beneficia de la democracia para destruirla.

Hay otros partidos políticos que dicen que se debe disolver. La cuestión de tolerancia está resuelta por la ley, una ley que no es liberticida y que debe ser respetada por todos. El Estado de Derecho y las instituciones con separación de poderes, con un verdadero poder judicial independiente –que no debe estar instrumentalizado por tal o cual partido– deciden esto. Estamos construyendo todo eso, estamos en la reforma de la Policía y en la lucha contra la corrupción que frena todos estos programas, que hay que tener en paralelo para la transición.

JUAN CAMILO PEDRAZA
Redacción Paz

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.