Las cenas clandestinas tienen mucho encanto

Las cenas clandestinas tienen mucho encanto

Comparta la mesa con personas desconocidas y disfrute de una comida en varios tiempos.

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12 de mayo 2016 , 07:35 p.m.

Usted reserva por teléfono, consigna en una cuenta bancaria y va a comer a la casa de alguien que no conoce, sin saber qué le van a dar de comer ni con quién va a compartir la mesa.

Suena extraño, especialmente para los desconfiados, pero si se supera esa sensación, podrá disfrutar deliciosos platos, pasar una noche entretenida y hacer nuevos amigos o contactos.

Así son las cenas clandestinas del chef Jorge Iván Castro, en Bogotá, quien después de trabajar durante varios años en periodismo en televisión decidió abandonar el acelere de la información y “la esclavitud de estar en un medio de comunicación 12 horas al día, cada vez con menos recursos humanos y económicos”, como dice, para dedicarse a la cocina.

Una coyuntura en su vida personal le dio el impulso para prepararse y dar rienda suelta a ese gusto por la cocina que lo acompaña desde los 10 años, cuando su mamá enviudó y él comenzó a ayudarla con las labores de la casa.

En el 2008, su pareja fue trasladada a República Dominicana y él aprovechó para estudiar gastronomía en la Universidad Pucamaima. Fueron dos años aprendiendo técnicas de cocina para pulir lo que hacía por intuición.

De regreso al país, en el 2012, intentó nuevamente con el periodismo, pero tiró la toalla del todo. Pensó en montar un restaurante, “pero eso implica 16 horas al día, siete días a la semana, otra esclavitud. Así que busqué opciones y me encontré con las cenas clandestinas que se hacen en Nueva York, Washington y otras ciudades”, dice.

El formato le pareció perfecto. “Todo comenzó en Francia, con jóvenes cocineros que querían hacer cosas nuevas, pero no tenían dinero para montar un restaurante. Entonces, buscaban pequeños locales donde atendían a puerta cerrada con un pequeño menú que variaba. Convocaban a la gente por redes sociales o por el voz a voz”, explica.

Hizo su primera cena clandestina el 20 de febrero del 2015. “Diseñé seis platos para un menú de tiempos, con su maridaje. En este modelo prima la confianza, porque se va a ciegas, sin saber qué le van a dar”.

Arrancó con 10 personas, que es la capacidad que tiene el comedor de su casa, y luego lo agrandó para que se sentaran 12. Ahora caben hasta 20 personas. Las cenas son los jueves y algunos viernes.

El menú varía. Comenzó con mezcla de comidas caribeñas con asiáticas y algo de India, pero desde hace unos meses se ha dedicado a rescatar la cocina colombiana.

Así es como un comensal se puede encontrar por estos días con rollitos de papel de arroz rellenos de guatila con salsa de ají, o tostadas con queso de cabra y salmón curado en casa. También hay sopa andina de mazorcas asadas con yucas y cerdo ahumado, o raviolis de cola de res con salsa de hogao y perejil.

“Mi oficio es experimentar, leer y buscar cosas, no raras, sino cómo hacerlas diferentes”, dice.

De esta forma sorprende a sus comensales, quienes además disfrutan en la casa de un amigo que acaban de conocer. “Han surgido buenas amistades. Por ejemplo, un empresario terminó fascinado con la música clásica pues compartió con un músico de la Filarmónica, a quien contrató con su grupo de cámara. Se habla de todo y nunca se ha subido el tono”.
natdia@eltiempo.com

¿Dónde y cuándo?

Reservas al correo: lacocinadecastro@gmail.com
También en: facebook/CastroCocina
Costo: 150.000 pesos.

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