Artimañas de corrupción han sido peores en otros gobiernos de Brasil

Artimañas de corrupción han sido peores en otros gobiernos de Brasil

Juicio político a Rousseff, quien ha tenido un hoja de vida impecable, está lleno de animosidad.

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11 de mayo 2016 , 10:50 p.m.

El gobierno de Dilma Rousseff en Brasil vivía anoche sus últimas horas en medio de una tragicomedia en la que se exhibió lo peor de los vicios de la politiquería.

Aparte de cualquier consideración que se tenga sobre la persona de Dilma, el Partido de los Trabajadores (PT) o la izquierda, hay que decir que este proceso de encaminamiento hacia un juicio político en su contra es bastante atípico y cargado de animosidad. Desde el regreso a la democracia en 1985, todos los gobiernos han tenido comportamientos 'non sanctus' en cuestión económica. Desde José Sarney hasta Luiz Inácio Lula da Silva, se han llevado a cabo artimañas por las cuales se han tapado enormes huecos fiscales causados por la corrupción.

Rousseff, militante ferviente de la izquierda y guerrillera durante la dictadura (1964-1985), cayó en el fuego cruzado de unos gamonales políticos que vieron su flaqueza y la atacaron sin piedad, sin miramientos. La acusación que llevó a Rousseff y su proyecto al escarnio es la de maniobrar para maquillar los balances fiscales del 2014 y el 2015, usando recursos de la banca estatal para tapar huecos. Si bien es una acusación grave, no lo fue para otros presidentes.

Otro punto para tener en cuenta es la acusada y los acusadores. Rousseff tiene una hoja de vida limpia, y un grave error que no beneficia sus propios estados económicos echó por la borda su gobierno. Sin embargo, sus jueces, la Cámara de Diputados y el Senado son instituciones altamente dudosas.

Cerca de 273 diputados de 513 que integran la Cámara (53,2 por ciento) tienen cuentas con la justicia, mientras que el 81 por ciento de los senadores han sido investigados o condenados por diferentes delitos, según un estudio de la ONG Transparencia Brasil.

Otros que parecen tener su propia ‘torcida’ en este proceso son los mercados. Para nadie debe ser una simple coincidencia que el índice de la bolsa de São Paulo –la principal del país– haya caído cuando el presidente interino de la Cámara, Waldir Maranhao, dictó el lunes una suspensión del proceso de juicio político contra la presidenta; ni que el presidente del Senado, Renan Calheiros, haya subido después con el anuncio de desacatamiento.

El mundo bursátil no quiere a Rousseff y ven en la llegada de alguien como Michel Temer un aire fresco y beneficioso.

El 'impeachment' a Dilma Rousseff llega en un momento de duras pruebas para la izquierda latinoamericana. La muerte de Hugo Chávez en el 2013 y la tremenda inestabilidad económica en Venezuela, la derrota del kirchnerismo en Argentina y el revés de Evo Morales en su intento por poder aspirar a un cuarto mandato en Bolivia marcan un claro descontento de la población con proyectos que, al comienzo de la década del 2000, eran muy prometedores tras la ola neoliberal que sacudió al continente en los 90. La corrupción se los tragó.

Es triste que, en el caso de Brasil, un proyecto que sacó de la pobreza a más de 30 millones de personas, que prácticamente eliminó el hambre y le dio techo y educación a los más necesitados, llegue a su fin por un enorme latrocinio, denunciado y juzgado por… ladrones. Sin más ni más.

LUIS ALEJANDRO AMAYA E.
Subeditor de INTERNACIONAL

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