Dilma: la dama de hierro en el ocaso

Dilma: la dama de hierro en el ocaso

El miércoles puede lograr un nuevo hito: ser la segunda mandataria en enfrentar un juicio político.

10 de mayo 2016 , 11:42 p. m.

La primera mujer presidente de Brasil, Dilma Rousseff, de 68 años, ahora vive el capítulo más oscuro de su vida política, siendo la segunda Jefe de Estado en afrontar un proceso de juicio político en 24 años.

El primero en ser sujeto de este proceso fue Fernando Collor de Mello, quien llegó al poder en 1990. En 1992, tras descubrirse un enorme esquema de corrupción que involucraba a dirigentes políticos y empresarios, fue sometido a juicio político y, aunque renunció a falta de un día para que fuera emitido el veredicto final, fue destituido el 30 de diciembre de 1992.

Cuando el primero de enero de 2011 recibió la banda presidencial de su padrino político, el popular Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), los brasileños apenas la conocían. Nunca había disputado un cargo público en elecciones, siempre había preferido cargos gerenciales. En el gobierno de Lula fue su fiel ministra de Energía entre 2003 y 2005 y jefa de Gabinete (Casa Civil) entre el 2005 y el 2010.

Mano firme

Los brasileños se acostumbraron pronto a su voz fuerte y estilo gerencial de "dama de hierro" que no se reprimía en corregir a sus ministros en público y que conocía hasta el más técnico de los detalles de cada programa de su Gobierno. Nada que ver con el carismático Lula, que hacía reír a la platea con sus ocurrencias y despertaba la veneración de una que otra estrella de rock.

Rousseff raramente mostró su cara más íntima y personal: una ávida lectora que no consigue dormir sin leer, seguidora de la serie televisiva 'Game of Thrones', supersticiosa, que no duda en escaparse de incógnito, en moto o a pie, a la mínima oportunidad, sea cual sea el lugar del planeta.

En sus raras referencias al período de la dictadura (1964-1985) y a sus excompañeros de lucha, algunos fallecidos, se ha emocionado y dado muestras de dignidad. "En mi vida, enfrenté situaciones del más alto grado de dificultad, agresiones que llegaron al límite físico, y nada me sacó de mi rumbo, de mis compromisos ni del camino que tracé para mí misma", declaró tras ser insultada en el estadio durante la inauguración del Mundial del 2014 el 12 de junio de ese año en el estadio Itaquerao, de Sao Paulo.

Dilma Vana Rousseff nació el 14 de diciembre de 1947 en Belo Horizonte (sureste), hija de un inmigrante búlgaro, Pedro Rousseff, y la profesora Dilma Jane da Silva. Una familia de clase media, que desde muy joven le inculcó la lectura de Balzac, Zola y Dostoievski.

En su juventud, Rousseff integró dos organizaciones armadas clandestinas de oposición a la dictadura: el Comando de Liberación Nacional (Colina) y la Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares (VAR Palmares).

Los disidentes la conocían por sus alias: Estela, Vanda o Luiza. A los 22 años, fue torturada y pasó casi tres años en la cárcel.

El juez del tribunal militar la llamó "papisa de la subversión", revela el periodista Ricardo Amaral en una biografía de la mandataria. El libro, publicado un año después de su llegada al poder, develó una fotografía en blanco y negro que nadie había visto de la presidenta: una desafiante Rousseff a los 22 años, frente a sus jueces militares, tan joven y a la vez tan fuerte. Formada en economía, Rousseff tiene una hija, Paula, y un nieto de cuatro años.

Rousseff se divorció del padre de Paula, Carlos de Araújo, su segundo marido, después de 30 años de una relación que sobrevivió a la prisión de ambos en la dictadura.

"Algo diferente"

Con Araújo, la presidenta participó de la fundación del Partido Laborista Brasileño (PDT, del legendario caudillo Leonel Brizola), creado en 1979, aunque en el 2000 lo abandonó y se sumó al Partido de los Trabajadores (PT) de Lula. Durante años ocupó cargos en el gobierno de Porto Alegre (sur), donde vivió buena parte de su vida. Lula la integró a su gobierno cuando empezó su primer mandato en 2003. Su encuentro, lo describe así el exmandatario: "Apareció una compañera con un computadorcito en las manos.

Comenzamos a discutir y percibí que había algo diferente en ella. Entonces pensé: 'Creo que ya encontré a mi ministra de Energía". El escándalo por compra de votos a políticos aliados del PT pulverizó la dirigencia del partido e impulsó a Rousseff al primer plano del gobierno. Lula la nombró ministra jefe de gabinete.

En 2009, antes de la campaña que la llevaría a la presidencia, le fue diagnosticado un cáncer linfático, pero desde su tratamiento ese mismo año los médicos la consideran curada.

A mediados de su primer mandato, comenzó a gestarse en Brasil un movimiento en contra del PT, animado por las constantes denuncias de corrupción al interior del Gobierno. En el 2013 se comenzaron a conocer graves casos de sobornos a empresarios y políticos usando recursos de la estatal petrolera Petrobras. En ese mismo año, durante la realización de la Copa Confederaciones de la Fifa, el país se vio sacudido por monumentales manifestaciones en contra de Dilma Rousseff, el PT y Lula, a los que vieron como principales culpables de la ya presente y agobiante crisis económica.

Rousseff decidió lanzarse a la relección en el 2014, en medio del agudizamiento de la crisis suscitada por el escándalo que la prensa bautizó como Lava Jato. El 26 de octubre de ese año, la Jefa de Estado fue reelecta con 54 millones de votos (51.64 por ciento), frente a los 51 millones (48,36 por ciento) de Aécio Neves, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

Durante todo el 2015 arreciaron las denuncias del Lava Jato, algunas de ellas a personajes muy cercanos a Rousseff, como el propio Lula. A finales del año, el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, dejó pasar una denuncia contra Dilma por “maquillaje” de los balances fiscales del año 2014. El PT asegura que la acción de Cunha, por la cual se inició todo el proceso del juicio político es una “venganza” de Cunha por no haber recibido ‘protección’ del Gobierno en cuanto a acciones judiciales en su contra por investigaciones del Lava Jato.

A eso se sumó el abandono por parte del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), colectividad del vicepresidente Michel Temer, de la coalición de Gobierno. El PMDB es el partido más grande del país y le garantizaba al PT la gobernabilidad y el diálogo tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado, donde es mayoría.

Con AFP

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