Memoria y libertad

Memoria y libertad

Como el año anterior, convocamos 'Centroamérica Cuenta' en nombre de la libertad de expresión.

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10 de mayo 2016 , 04:47 p.m.

Hace cuatro años surgió la idea de reunir a un grupo de narradores centroamericanos para que hablaran entre ellos de su oficio y de las dificultades de ejercerlo en países como los nuestros, donde las barreras de la incomunicación parecen alzarse a veces de manera insalvable. Juntar a los escritores maduros, pero sobre todo a los jóvenes, que tienen ya por campo de batalla este siglo XXI tan sorpresivo y lleno de desafíos, cuando el oficio de narrar sufre cambios tan severos.

¿Cómo circulan en Centroamérica los libros o por qué no circulan? ¿Cuáles son las dificultades de editar? La terca sobrevivencia de las ediciones por cuenta propia, eso de que uno aún imprime su propio libro y tiene que salir a venderlo. Las pequeñas editoriales heroicas que se arriesgan, pese a que bien saben que no es lo mismo ofrecer libros de escritores nacientes que pizzas o ropa de paca. Los desafíos de los libros y revistas electrónicas, los blogs literarios, la red que nos abre sus puertas infinitas, pero que sigue siendo un territorio tan vasto donde es fácil perderse y desaparecer.

Estos temas surgen entre centroamericanos, porque presuponen una identidad compartida, que tiene una dimensión en la historia, otra muy obvia en la geografía, aún otra en el intercambio económico y una más en la cultura, la más desprovista de todas. La vecindad de estos países a veces resulta incómoda, estorbada por incomprensiones y recelos; sin embargo, permanecen sometidos, pese a ellos mismos, a un ideal empecinado que no se deja mover por los vientos de tormenta. Y si la identidad cultural es la más desprovista, es al mismo tiempo la más espléndida, esa que se expresa triunfalmente en la creación literaria: Rubén Darío, Miguel Ángel Asturias y Ernesto Cardenal.

Pero si miramos hacia adentro, hay que mirar hacia afuera: también Centroamérica por cárcel, y para un escritor, ¿cómo romper los muros de esa cárcel? Ser visto y leído por las editoriales extranjeras, traducido a otras lenguas. Desafiar el sino de venir de una pequeña región reconocida sobre todo por la violencia y la pobreza. Hacer de la literatura una marca de país. Y entonces pensamos que este no debería ser un diálogo solo entre nosotros, una plática de presos, sino de puertas abiertas, en compañía de escritores de otras latitudes, de traductores, editores y críticos. Salir al mundo, compartirlo, ponernos en el mapa.

Este experimento pasó a llamarse ‘Centroamérica Cuenta’, y del 23 al 27 de mayo vamos a celebrar ya el cuarto encuentro, una vez más en Managua. Empezamos con una docena de participantes que acudieron de los seis países centroamericanos, y de Francia y Alemania, ahora serán más de setenta invitados provenientes de más de 15 países; además de los mencionados, España, México, Brasil, Colombia, Holanda, Venezuela, Argentina y Perú. Narradores, cronistas, cineastas, traductores, académicos, periodistas; editores, directores de otros festivales internacionales.

Y así como el año anterior convocamos ‘Centroamérica Cuenta’ en nombre de la libertad de expresión, condición esencial de la creación literaria, este año el lema será ‘Memoria que nos une’. La memoria que alimenta no solo la invención, sino que es imprescindible para tener historia y para que tenga sentido la vida social.

Para imaginar el futuro es necesario recordar el pasado. Un pasado desaparecido, que es necesario exhumar. Y memoria también de dos grandes aniversarios que tienen que ver con nuestra lengua y su constancia renovadora: los centenarios de la muerte de Cervantes y de Darío, a quienes está dedicado el encuentro.

Seis días en una docena de escenarios donde además del tema de la memoria se discutirán los que tienen que ver con los desafíos de la literatura, los asuntos a los que acude y sus formas cambiantes de expresión: la realidad como sedimento provocador de la imaginación; la historia y las maneras de descifrarla a la hora de contar.

La literatura no es prescindible ni tampoco una pieza decorativa. Es un signo de libertad creadora. Es esencial para la diversidad crítica y la convivencia democrática. Memoria y libertad. Sin ellas, no hay invención literaria.

Sergio Ramírez
www.sergioramirez.com

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