Asustados y en los huesos: el drama en los refugios de animales

Asustados y en los huesos: el drama en los refugios de animales

Desde Bogotá buscan ayuda para perros rescatados de refugios en Zipacón y El Rosal, Cundinamarca.

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09 de mayo 2016 , 08:37 p.m.

El caso de maltrato animal y canibalismo denunciado en el mes de abril en el refugio animal ‘Vida de pelos’, de Sibaté, no es el único que se ha registrado. EL TIEMPO conoció dos casos de otros albergues de Cundinamarca que fueron intervenidos por grupos de animalistas.

Se trata de 'Casanimal' y 'Funprevian', ubicados en los municipios de Zipacón y El Rosal, respectivamente. Según cuentan los grupos de defensores que llegaron hasta allí, el ambiente que encontraron podía compararse con el de un campo de concentración donde se respiraba olor a muerte: perros amarrados, desnutridos, con sarna y tumores; pedazos de huesos en el suelo y huecos donde permanecían enterrados algunos cuerpos, eran parte de la escena.

Zipacón, un problema de más de 10 años

El drama en 'Casanimal' comenzó en 2004, cuando la finca en donde estaba ubicado el resguardo, administrado por Sandra Barrera, se quedó sin agua. Así lo corrobora Mario Disanto, animalista, empresario y miembro de la fundación SOS Animal Ambiental, quien participó en el proceso de creación del refugio donde comenzaron con cerca de 110 perros.

Le recomendamos a la encargada que no fuera a llevar más animales porque no había agua potable y la situación era difícil", comentó. Sin embargo, el lugar se fue llenando cada vez más y por discrepancias, Disanto se retiró.

En el 2007 y después de descubrir que los perros se encontraban enfermos y desnutridos, decidió intervenir. Se sacaron 68 de los 105 que encontraron. "Nos fuimos llevando todo, pero ella dijo que tenía derecho a ejercer su vocación. Nos terminó convenciendo y le dejamos 37, pero luego nos enteramos de que se ofreció a recibir voluntariamente animales de otro programa. Terminó con 130", contó.

Según Disanto, cultivadores y vecinos de la zona comenzaron a envenenar a los caninos y algunas personas encargadas de su cuidado entrenaban perros de raza pitbull usando de carnada los del refugio.

Foto: Claudia Rubio

La situación siguió igual hasta hace un mes cuando un grupo de animalistas accedió al lugar y logró convencer a la encargada de cerrarlo. Los perros están empezando a ser reubicados y de los 107 que se encontraron, 10 ya fueron entregados en adopción. En el sitio también había 20 gatos.

Sandra Barrera le dijo a EL TIEMPO que a pesar de que ha destinado todos sus recursos para sacar adelante el albergue, los empleados que tuvo nunca le cumplieron con el cuidado de los animales. “Me enteré de que vendían la comida, que les pagaban por recibir perros y que muchas veces los dejaban solos. De una población de 80 que tenía, en año y medio me la subieron a 200. Se me incrementó mucho la obligación y para mí ya era insostenible. Acudí con derechos de petición a la alcaldía de Zipacón, pero no me ayudaron”.

“Yo no podía dejar mi trabajo para dedicarme a cuidarlos porque soy una persona mayor y ya no es tan fácil conseguir empleo”, agregó.

Barrera asegura que de septiembre de 2015 a marzo de 2016, murieron 65 perros. “Me decían que los vecinos los envenenaban. El problema es que también había desaparecidos. Llegaba el fin de semana y me faltaban tres o cuatro perros y nadie me daba razón. Yo tenía problemas de salud que no me permitían caminar ni mover cosas”, dijo Barrera, quien señaló que llegó a un acuerdo con los Bomberos de Facatativá para que le suministraran líquido.

Sin embargo, Andrés Ortega Brothwick, animalista y miembro de 'Humanos x ángeles', quien llegó al lugar en junio de 2015, luego de realizar veedurías voluntarias en diferentes albergues, aseguró que la situación era diferente.

Hicimos las labores de limpieza porque eso era un basurero. Había ratas muertas por todo lado. Las condiciones de salubridad eran absurdas, ni una gota de agua. Fui por lo menos diez veces a llevar bolsas con el líquido porque ellos tomaban agua gris que al parecer la sacaban de un pozo", afirma.

Por su parte, Nataly Parra, de la Fundación Meraki, quien ha participado en el proceso de rescate y quien tiene a cargo el grupo de 20 gatos, cuenta que los felinos vivían en una habitación oscura entre sus heces y su orina. “El cambio a la luz y al aire libre les puede afectar, entonces toca empezar un tratamiento para subirles defensas. Algunos tienen problemas de piel y hay tres que son agresivos", señaló.

Aún quedan 87 perros en el lugar, pero todos están a cargo de una persona contratada por el grupo de animalistas. Aunque se está llevando un carrotanque para suministrar agua potable, la prioridad es sacar a los animales lo más pronto posible por las condiciones del predio.

"No hay ninguna persona que haya estado allá que no haya dejado el alma. Que unos seres indefensos hayan vivido esa tortura, no tiene ninguna justificación. La gente estaba impactada no solo por los que ya estaban muertos, sino por el estado lamentable en el que estaban los vivos: entre asustados, desolados y en los huesos", dice Disanto.

"Si ella sabía que tenía empleados que robaban, debió haber intervenido y lo mínimo era liberar a los animales. Nadie la estaba forzando a nada", afirmó.

Los ‘exfunprevianos’ ya están a salvo

'Chocolate' es uno de los perros que fue rescatado del refugio Funprevian. Ahora se encuentra en un lote en Chía, de la fundación Animalove', a la espera de un hogar.

'Chocolate' es uno de los perros que fue rescatado del refugio Funprevian. Ahora se encuentra en un lote en Chía, de la fundación Animalove', a la espera de un hogar. Foto: Abel Cárdenas

La pesadilla que vivieron los cerca de 150 perros que permanecieron en 'Funprevian', terminó hace un año cuando Johana Pérez, directora de la fundación Animalove y las rescatistas y animalistas Fernanda Alarcón y Ana María Hinestrosa, llegaron al sitio. En 10 días y con la ayuda de varios voluntarios, Johana logró ubicarlos en un lote en Chía, en donde comenzaron su proceso de recuperación. Los animales fueron bautizados como los ‘exfunprevianos’ y así son conocidos en redes sociales.

Cuando los rescataron, los voluntarios no se encontraron con un panorama diferente al ya descrito en Sibaté y Zipacón: "La mayoría estaban sin dientes porque la poca comida que les daban se las tiraban al piso y el sitio tenía mucha piedra, entonces se la comían y se partían los dientes. Ahí era cuando los perros se peleaban por una sola pepita", afirma Pérez, quien asegura que encontraron restos de huesos y varios animales muertos.

"Al parecer se presentaron casos de canibalismo (al igual que en Sibaté). Encontramos un hueco abierto donde había perritos muertos y tenían encima cal. Una vecina nos comentó que algunos se habían matado entre ellos", cuenta.

Diego Ordóñez, médico de la clínica veterinaria de la Universidad Nacional, asegura que los perros pueden llegar a comerse entre sí porque “muchos de los animales que están abandonados desarrollan problemas de conducta y eso termina en agresión". Además según él, "hay procesos de enfermedades que hacen que tengan cambios de comportamiento y se tornen agresivos”.

Álvaro Rodríguez Téllez, médico de la clínica Veterinaria de la Universidad de La Salle, explica, por su parte, que los perros manejan jerarquías. “Al ver que no tienen nada que comer, atacan al más débil o al enfermo. Es un comportamiento de hambre. Ya cuando se agota la reserva de grasa, es cuando entran a atacar. Es un comportamiento natural de supervivencia, pero es culpa de los humanos”, afirma.

Según Pérez, en su momento Patricia Ojasild, encargada del albergue, aseguró que no tenía recursos para sostener el sitio. “Al principio ayudó a limpiar y a estar pendientes de los perros, pero ya después se desentendió, cambió teléfonos, bloqueó las personas y no volvió a aparecer”, cuenta Pérez.

“Empezamos a recoger ayudas, a tratarlos medicamente porque estaban repletos de pulgas, se peleaban entre ellos, no les cuidaban sus heridas entonces tenían infección, venían con tumores, con barrigas repletas”, contó.

Hoy en día los animales parecen haber dejado su pasado atrás. Viven en corrales amplios, espacios limpios y vigilancia permanente. Algunos lucen gordos y la mayoría está bien de salud, pero aún quedan 120 caninos que esperan conocer lo que significa vivir en un hogar y tener una familia.

¿Por qué la historia se repite?

Foto: Abel Cárdenas

Para Mario Disanto, los refugios esconden una problemática mayor que incluye el tema de la sobrepoblación y la falta de esterilizaciones. “No son una solución, son una forma de olvidar y de tapar que se convierten en basureros de seres vivos sintientes. Debemos atender las causas cuanto antes”, dijo.

Afirma que se necesita regular la reproducción, el registro y la comercialización de animales e impulsar la tenencia responsable de mascotas. Además, agrega que quienes decidan abrir un albergue, deben recibir asesoría profesional.

La vocación suelta, sin responsabilidad, sin formación técnica y sin recursos, termina formando botaderos y hacinamientos de animales. Es preferible que estén en libertad de tomar agua de un charco en la calle, a que tengan que esperar, con suerte, a que les boten algo de concentrado para peleárselo en jauría”, afirmó.

Andrés Ortega y Nataly Parra coinciden en que la comunidad empieza a ver en los albergues la salida para el problema de los animales, ya que piensan que rescatar significa llevarlos a fundaciones donde no existen las condiciones para vivir bien.

“Lo grave es que empiezan a dejar enfermar a los animales que están sanos para generar lastima en la sociedad. Tristemente la gente no dona si ve a un animal en buen estado. Por otro lado, ver que uno no da más con gastos y seguir recogiendo no es adecuado ni para los animales ni para el estado psicológico de las personas”, dice Parra.

Desde la organización 'Humanos x ángeles', Ortega visitó cerca de 15 casas en el barrio Santa Fe, en Bogotá, en donde encontró hacinamiento de perros en pésimas condiciones. Además ha conocido otros diez refugios con situaciones similares a las de Sibaté, Zipacón y Funprevián.

La nueva Ley 1774 de 2016 contempla penas de hasta 36 meses de prisión y multas de hasta sesenta (60) salarios mínimos mensuales legales vigentes a quien maltrate a un animal. Para el abogado Andrés Carreño también es pertinente tener en cuenta la Ley 84 de 1989.

"El artículo 14 menciona que si se tiene una institución para tener animales y no se puede garantizar una subsistencia, se debe comunicar con el inspector de policía o a la alcaldía para que se tomen las medidas pertinentes, de lo contrario puede haber penas de 6 a 12 meses de cárcel".

Si quiere ayudar

Para adopciones y entrega de ayudas y alimentos puede comunicarse a los números 301 490 7030, 318 388 7799 o 310 759 7242. Si desea ayudar a los exfunprevianos llame al 312 352 6305 o 314 370 0484.

ANA MARÍA VELÁSQUEZ DURÁN
Redacción Redes Sociales
durana@eltiempo.com
@anamariavd19

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