Buscar pareja en línea en la era pos-Tinder

Buscar pareja en línea en la era pos-Tinder

Gracias a los 'smartphones' muchas personas exploran la forma de tener una relación virtual.

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07 de mayo 2016 , 06:15 p.m.

Lógica uno: si yo estoy en Tinder, ¿por qué no voy a encontrar ahí a otra persona como yo? Lógica dos: conocer a alguien a través de una aplicación puede ser arriesgado, pero ¿no lo es también salir con un hombre al que apenas conoces en un bar?

Carolina Hidalgo, 27 años, odontóloga, pensaba que Tinder era, básicamente, una aplicación para conseguir sexo casual; un lugar virtual al que llega, dice, “gente medio extraña”. Pero un día, animada por la lógica número uno, decidió entrar.

“Hace poco había terminado una relación, y entonces uno piensa: quiero conocer a alguien, no ir de la casa al trabajo todos los días. Una amiga, que había vivido tres años con alguien a quien conoció por Badoo, me recomendó estas aplicaciones. Su historia hizo cambiar mi prejuicio, y, así, me metí a Tinder”, cuenta.

Luego de tres semanas apareció él. Un ingeniero civil industrial, algo mayor que ella. Vivían cerca, tenían gustos parecidos. Tras el usual trayecto Tinder-Facebook-WhatsApp se juntaron en un café, después del trabajo. Era la primera vez que ella conocía en persona a un ‘match’ (sugerencia de contacto) de Tinder. Al poco tiempo, decidieron abandonar la aplicación. ¿Para qué seguir? Ya estaban juntos. Habían encontrado lo que buscaban.

Este hábito es más fuerte en el primer mundo: según un estudio de la Universidad de Chicago, entre el 2005 y el 2012 cerca del 34 por ciento de parejas casadas se habían conocido en línea.

Conocer personas de modo virtual no es nuevo. A fines de los 90, salas de chats, como ICQ, Match.com y Messenger, congregaron a miles de parejas. Pero la irrupción de los teléfonos inteligentes no solo masificó el fenómeno, también cambió el modus operandi de las citas en línea. El antiguo sistema de búsqueda en páginas web se hizo lento para una cultura que pide inmediatez.

Paralelamente, tecnologías basadas en algoritmos, que permiten cruzar datos para buscar coincidencias, estimularon el surgimiento de aplicaciones capaces de filtrar a posibles candidatos.

¿Los solteros disponibles en chats clásicos están muy lejos? Tinder los busca en un radio específico de kilómetros. ¿Los contactos no pertenecen al mismo estrato socioeconómico? Luxy se centra en personas con un alto nivel de vida. Y así, las opciones son amplias y los filtros más específicos.

Solo en Tinder, una de las aplicaciones más masivas, se producen cada día alrededor de 26 millones de ‘matches’ en el mundo; de ellas, cerca de un millón llegan a una cita presencial. El fenómeno ha agarrado tal vuelo que, según ‘The Cassandra Report’ (informe bianual de tendencias en EE.UU. y Europa), el 59 por ciento de jóvenes a nivel global desea que las marcas tengan aplicaciones para buscar pareja.

Más cerca de Colombia, en Chile por ejemplo, según estudio realizado en el 2014 por Tren Digital, ‘think-tank’ de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica, el coqueteo en redes es alto: 62,5 por ciento de encuestados reconoce hacerlo y casi el 30 por ciento, con desconocidos.

Tinder y Badoo son las plataformas más valoradas. En Latinoamérica, los tres países con más usuarios en Tinder son, en ese orden, Brasil, Argentina y Chile. Los tres están en el top 20 mundial y al rededor del 80 por ciento de sus usuarios tienen entre 18 y 34 años. En cada uno de estos tres países, los ‘matches’ diarios superan los 10 millones.

Sin embargo, entre los adolescentes, el fenómeno parece no prender y lo ven como algo un poco ridículo porque tienen muchas posibilidades de conocer gente. Los principales usuarios de estas aplicaciones son adultos jóvenes familiarizados con las nuevas tecnologías, que ya saben quiénes son los amigos de los amigos, no encontraron a alguien en su entorno y sienten que sus posibilidades se estrechan y esto hace que experimenten ansiedad frente al tema de la búsqueda de pareja.

Foto: el 1er. cedazo

“Las fotos de perfiles –dice Javier Vásquez, investigador de Tren Digital– funcionan bajo la lógica del ángulo. Se escogen con intención. El usuario intenta reproducir lo que considera atractivo y que lo distingue”. El fenómeno es estimulado por el factor adictivo de las redes: está comprobado que los ‘likes’ de Facebook generan una respuesta placentera a nivel cerebral. Igual pasa cuando aplicaciones de búsqueda de pareja te muestran: “escogido”. A veces no es romance o sexo lo que se busca, sino gratificación. La investigadora de Tren Digital, Marta Piña, explica: “Es una forma de buscar refuerzo que se potencia por la conectividad permanente. Pero esa aprobación se sustenta en una ilusión, no es confiable. Se basa en lo que yo quiero mostrar y en la proyección de lo que la otra persona ve en mí”.

El ‘checklist’

Las fórmulas clásicas –como el encuentro casual y posterior ‘flechazo’ o las citas a ciegas– están siendo desplazadas por intrincados sistemas que prometen encontrar a la persona “adecuada” o incluso “perfecta”.

En este caso, los que cumple mejor con el ‘checklist de requisitos, que van desde el aspecto físico, intereses comunes o nivel socioeconómico hasta características puntuales como la estatura o los gustos musicales. Tal como si se tratara de un trabajo, se le destina una cantidad específica de horas a esta búsqueda que se sustenta en una mirada analítica y racional. La mirada de los expertos en salud mental no es uniforme. Para Josefina Guzmán, psicóloga de la Clínica Indisa, se trata de una nueva plataforma para algo que siempre ha existido. “El ‘checklist’ es una lista de condiciones que busca reducir riesgos –dice –. Todas las personas tenemos estos filtros, en internet y fuera de ella: aunque no siempre lo conversemos, todos seleccionamos, todos necesitamos y buscamos cosas distintas. Las aplicaciones no hacen más que canalizar esto que se da de manera natural. Lo más sano es aceptar esto, en vez de tener dobles discursos”.

Por otro lado, Daniela Toro advierte que en este método de búsqueda de pareja se proyectan fantasías, idealizaciones y prejuicios.

“Aborda características parciales, no a una persona integral.

En estas condiciones, el resultado de la búsqueda es impredecible, por más que se haya intentado controlar todas las variables. Por eso, en el amor que nace virtualmente hay tantas historias de éxito como de fracaso”.

Infidelidad a un ‘swap’

Los teléfonos inteligentes y su permanente oferta de conexión están cambiando las relaciones humanas, desde el vínculo padres-hijos hasta la manera en la que se entiende la amistad y, por supuesto, la pareja. Y esto está teniendo costos. La sobreoferta, que pone a la infidelidad a un swap de distancia, es lo primero. El swap, para los no iniciados, es el acto de mover la foto de perfil arrojada por el sistema, hacia la izquierda si no te gusta; a la derecha si la apruebas. Algunos de los expertos consultados para este artículo entienden que la dinámica puede ser vista de manera crítica como un verdadero vitrineo o zapping de hombres y mujeres, expuestos como ganado en una feria agrícola. ¿Qué pasa si esta manera de funcionar se lleva a las redes sociales? La verdadera diversión parece estar en otro lado, en esa fiesta cuyas fotos están siendo posteadas minuto a minuto en Instagram, y no donde se está. Del mismo modo, la pareja “ideal” surge como una tentación constante, posible de encontrar en otro lado. El amor de su vida puede estar frente a sus narices, pero no lo ven.

Aplicaciones para exigentes

Luxy: polémico. Se autodescribe como “Tinder solo para la gente con dinero”.

Wingman: su logo es “nunca viaje solo”. Busca contactos en el mismo avión.

Bumble: se conoce informalmente como “la aplicación feminista”, porque solo permite que las mujeres tomen la iniciativa.

Sweatt: es la ‘app’ de moda en Nueva York entre fanáticos del gimnasio y el ‘fitness’.

The League: el Tinder de las élites. “Vincula a profesionales jóvenes orientados al desarrollo de la carrera”.

SOFÍA BEUCHAT
El Mercurio (Chile) - GDA

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