Un título que devuelve la fe

Un título que devuelve la fe

Es alentador que ocurran historias como la que acaba de protagonizar el modesto Leicester City F. C.

04 de mayo 2016 , 08:02 p.m.

En Bangkok, capital de Tailandia, celebran la victoria del Leicester City F. C, equipo campeón de la Premier League inglesa, que pertenece al millonario tailandés Vichai Srivaddhanaprabha. Foto: REUTERS/Jorge Silva

Es la incertidumbre, en un mundo en el que cada vez menos variables son dejadas al azar, lo que explica en gran medida el encanto del fútbol. Aunque distintos elementos permiten establecer tendencias y hacer pronósticos, cualquier cosa puede pasar. Pero no han faltado los momentos en los que esta ventana a lo inesperado amenaza con cerrarse.

Por eso es tan alentador que ocurran historias como la que acaba de protagonizar el modesto Leicester City F. C. Una epopeya que concluyó el lunes con el título de la muy competitiva Premier League inglesa y que parece extraída enteramente de la ficción.

Qué bueno para el fútbol, para el deporte en general, que un equipo cuya nómina mensual vale apenas 55 millones de euros, una décima parte de la de poderosos rivales como el Manchester City, haya protagonizado esa historia de un David que doblega a un puñado de Goliats.

Por eso, a nadie debe sorprender que ya se hable de productoras de Hollywood que tocan a las puertas del club para llevar a la pantalla grande este, el relato de un onceno que el año pasado luchó hasta el final por no descender y que hoy celebra el título de uno de los campeonatos de más alto nivel del planeta.

Pero su triunfo no fue el único milagro, de la mano de él se dio otro: el de la multiplicación de los hinchas. Unos pocos miles en el Reino Unido pasaron a ser millones en todo el planeta. Una multitud que no solo está compuesta por aquellos que prefieren ponerse del lado del débil, por los devotos de las utopías.

No. De ella hacen parte cientos de miles de fanáticos del deporte rey que se resisten a aceptar que, por culpa de un puñado de poderosas chequeras, no solo las alegrías sean monopolizadas sino que al fútbol se le arrebate esa esencia amateur.

Es la fibra que comparten tantos fanáticos y que tiende un puente entre ese espectáculo tan mediático, tan bien producido, de los estadios de hoy con la entrañable cancha del barrio, con el dulce recuerdo de los partidos de infancia que no tenían ni reglas, ni final, ni fin distinto al de disfrutar la vida con los amigos.

El Leicester la ha robustecido cuando muchos, con razón, la vieron muy cerca de reventarse.

editorial@eltiempo.com

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