La esposa mamá

La esposa mamá

Una mujer que hace las veces de madre para su marido se convierte en la antítesis de lo erótico.

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27 de abril 2016 , 06:13 p.m.

Para nuestras abuelas, parte del deber como esposas era paliar de alguna manera la ‘orfandad’ en que su recién casado compañero quedaba después de dejar la casa paterna. Una de sus grandes preocupaciones era evitar que su marido extrañara demasiado a su madre, por lo cual mucha de su energía estaba invertida en alimentarlo, atenderlo, aconsejarlo, controlarlo, organizarle la maleta, escogerle la ropa, cantaletearlo, regañarlo, soportarle las escapadas, esculcarle, administrarle la vida y todas esas cosas bellas, aburridoras y necesarias que hacen las mamás. Pero, eso sí, haciendo la única diferencia al tenerle el vientre listo y pulido para ponerlo al servicio de ese extraño delirio que las especies tienen por reproducirse.

Hoy, la mujer parece alejarse más de esa dinámica; sin embargo, en la estructura psíquica y emocional femenina está empotrado el impulso materno que la hace adoptar esa postura frente a sus amados. Aunque sea parte de nuestra naturaleza y buenas intenciones, tal factor puede tener sus consecuencias no tan agradables con el hombre que deseamos.

Fisgoneando en las redes el romance del nobel Vargas Llosa con Isabel Preysler, me impresionaron las palabras que el escritor dedicó a su exesposa en su discurso honorífico cuando ganó el premio años atrás. En él, con la voz quebrada, el hombre la describe como la mujer que “hace todo”, “resuelve los problemas”, “hace y deshace las maletas”, “administra la economía”, “pone orden en el caos”, “mantiene a raya a los intrusos”, “defiende mi tiempo”, “decide las citas y los viajes” y lo riñe haciéndole, según él, el mejor de los elogios al decirle “para lo único que tú sirves es para escribir”.

Precisamente por ser ellas tan ideales, no me extraña en absoluto que los hombres fuertemente custodiados por estos portentos de mujeres supermadres terminen por no desearlas sexualmente y, si no son capaces de liberarse de su abrazo excesivo, al menos sueñen en silencio con poseer a otra que los conozca menos, los “ame” menos, los controle menos. Una mujer que hace las veces de madre para su marido se convierte en la antítesis de lo erótico, pues no deja espacio para el deseo la asociación inconsciente de acostarse con la mamá. Esto no es ni bueno ni malo, simplemente tiende a ser así.

Margarita Rosa de Francisco

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