Deforestación, el mal que aqueja a tres departamentos

Deforestación, el mal que aqueja a tres departamentos

Caquetá, Guaviare y Meta son los más afectados. Autoridades ambientales plantean soluciones.

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27 de abril 2016 , 11:22 a.m.

Una de las conclusiones que se puede sacar del último informe publicado por el Instituto de Estudios Ambientales (Ideam) es que el país le está perdiendo la guerra a la deforestación. Los mapas de 1990 a 2015 tienen un factor común y es que la tala de selva tropical se concentra principalmente en Caquetá, Guaviare, Meta.

¿Qué se destruyó? Una respuesta la ofrece Luz Marina Mantilla, directora del Instituto Amazónico de Investigaciones científicas (Sinchi), quien precisa que los bosques fueron transformados en pastos por la ganadería extensiva desarrollada en esos cuatro departamentos, que reúnen la mitad de las amenazas de deforestación a nivel nacional, según el Ideam.

“La tala de bosques, debido a la ganadería extensiva, perjudica las rondas hídricas de los grandes ríos, que pierden caudal porque quienes retienen el agua son los arboles”, explica Mantilla.

Las cifras de ese centro de investigación indican que solo Caquetá perdió, entre el 2012 y el 2014, 118.563, 39 hectáreas de selva tropical, mientras que en el Meta la deforestación llegó a las 88.528,63 hectáreas en esos dos años.

¿Qué acciones se tomarán?

Consultado sobre lo que hará su administración frente a este problema, el gobernador del Caquetá, Álvaro Pacheco, dice que si bien su departamento es el que presenta un mayor grado de deforestación, ya se están adelantando procesos de trabajo con las comunidades para detener la tala indiscriminada.

“La fumigación no destruyó los cultivos de coca, pero sí los de pancoger que alimentaban a muchas familias. Por eso, proponemos un trabajo con estas familias para que trabajen en la erradicación manual de la hoja de coca a cambio del apoyo de sus proyectos productivos”, dice Pacheco.

Por su parte, Wilfredo Pachón Abril, director seccional de la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Norte y el oriente Amazónico (CDA), indicó que las comunidades ya saben que la tala podría ocasionarles investigaciones penales. También, advirtió que están construyendo vías sin licencia ambiental en el municipio del Retorno.

“Las denuncias por estas vías ya las hicimos a la Fiscalía. Pasa lo mismo en la vía que va de Calamar a Miraflores”, explica Abril, quien añade que las obras causan deforestación.

Por otro lado, el tráfico de madera es una fuente de financiación de las Farc. Según Jorge Restrepo, director del Centro de Análisis de Conflicto (Cerac) esa guerrilla “explota la madera en lo que se conoce como el Piedemonte del Meta, en el Caquetá y el Guaviare”.

La importancia de estos bosques

“Los bosques del Amazonas son reguladores climáticos del país a través de un ciclo que conecta las montañas y el océano atlántico. Un ejemplo: el 15 % de las precipitaciones de la cordillera oriental, donde está Bogotá, dependen de ese ciclo. Si eliminamos los bosques, se deja de atraer ese porcentaje de precipitaciones a la capital”, dice Edersson Cabrera, coordinador del Sistema de Monitoreo de Bosques del Ideam.

Caquetá, según él, ya presenta un déficit de agua por la tala de bosques e incluso el clima de regiones donde se registra la deforestación ya está cambiando. Los modelos del Ideam indican que, de mantenerse el ritmo actual de tala de árboles, para 2041 y 2100 las ciudades colombianas podrían afrontar sequías y escasez de agua.

Aunque no se conoce el área deforestada en el 2015, el reporte del Ideam del 2014 indicó que esta alcanzó las 140.356 hectáreas, un territorio equivalente a 1.403 kilómetros cuadrados, algo más grande que la superficie de la isla de Hong Kong (1.104 km cuadrados) o a la suma de los territorios de Aruba, Singapur y Andorra.

Una forma de controlar este fenómeno fue el plan Visión Amazonía, anunciado en 2015 por el Ministerio de Ambiente, con el que el país se comprometió a reducir en el 2020 a cero la tasa de deforestación en el país. Si bien la tarea no es imposible, juegan varios factores en contra.

“No están fácil que se pueda llegar a detener del todo la deforestación. Hay limitantes como la relación de las entidades del Estado con las comunidades; también las solicitudes mineras”, explica Robinson Galindo, jefe de Parque Natural Chingaza.

En palabras de Galindo, se debe pasara de una acción policial a una preventiva en las regiones.

“La pregunta de cuál será el modelo de desarrollo y el de conservación debe tener una misma respuesta. Eso sería apuesta del país menos costosa porque evitamos el daño antes de que se produzca. Al igual que en la salud, es mejor prevenir que curar”.

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