Proyecto busca revivir cultivo de orquídeas nativas en Cundinamarca

Proyecto busca revivir cultivo de orquídeas nativas en Cundinamarca

Muchas de ellas son sacadas de los bosques, por sus colores y formas exóticas.

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25 de abril 2016 , 08:10 p.m.

Hace 12 años, Juvenal Castañeda intercambiaba plantas ornamentales de su invernadero por orquídeas que le traían desde Cali. Pero dejó de hacerlo porque su proveedor no volvió.

Sin embargo, el año pasado reactivó la plantación de orquídeas y hoy cuenta con varias plantas de Miltonias –nativas e híbridas– y algunas Paphiopedilum o también llamadas ‘zapatos de venus’.

Él es uno de los 80 cultivadores de San Antonio de Tequendama y de Fusagasugá (en donde se trabaja con la Asociación de Viveristas de Sumapaz) que acudió al llamado del Instituto Humboldt y la Gobernación de Cundinamarca, para participar en el proyecto ‘Investigación, Innovación Tecnológica y Apropiación Social de Conocimiento Científico de Orquídeas Nativas de Cundinamarca’.

Tiene una inversión de 3.400 millones de pesos que provienen del Fondo Nacional de Regalías, e incluye a otras entidades como el Jardín Botánico de Bogotá, la Fundación Zoológico Santacruz, la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Corpoica) y la Universidad Javeriana, entre otros.

Con el proyecto se busca impulsar el cultivo de especies nativas de orquídea, pues muchas de ellas son sacadas de los bosques, por sus colores y formas exóticas. Según explicó Carolina Castellanos, investigadora adjunta del Instituto Humboldt, en este proceso se plantean tres etapas:

“La primera es la identificación de qué especies se cultivan y comercializan en Cundinamarca, y cuáles de ellas son nativas. La segunda es la priorización de especies, que tengan facilidad de propagación para que los viveristas puedan dedicarse a su cultivo; la última es la apropiación de conocimiento”, señaló.

Según el ‘Plan para el Estudio y Conservación de Orquídeas en Colombia’, elaborado por el Ministerio de Ambiente y el Instituto de Ciencias Naturales, en Colombia existen 4.270 especies registradas, de las cuales 1.572 serían exclusivas del país.

Además, en la región Andina se estima que se concentran 944 especies nativas, por eso la importancia de implementar el proyecto en estos dos municipios de Cundinamarca, explicó Castellanos.

Con esta iniciativa, han logrado que cultivadores como Juvenal Castañeda asistan a talleres de capacitación. Esto se debe también a las labores del Zoológico Santacruz, que ayudó a contactar a los viveristas.

Uno aprende muchas cosas allá que son necesarias para cultivar orquídeas. En mi vivero trabajan 30 personas, pero yo soy el único que se dedica a las orquídeas”, explicó.

 

Juvenal Castañeda reactivó su cultivo de orquídeas, hace un año.

‘Dios está en esta planta’: viverista

“Mi vida son las orquídeas. Son las plantas más hermosas de la naturaleza; uno las ve y ahí está Dios. Tanto las quiero, que me hubiera gustado llamarme como una orquídea. ¿Por qué no?”.

Así responde Lisandro Rojas cuando se le pregunta de dónde surge el amor por esta icónica planta, que se ha dedicado a cultivar desde sus 8 años.

Hoy tiene 42 y una artritis degenerativa que le produce dolores que, dice él, solo se calman cuando entra a su invernadero a cuidar de sus ‘pequeñas’.

“Cuando vivía con mi exesposa me decía que yo quería más a las plantas que a ella. Yo no sé, pero las orquídeas son mi vida”, señala Lisandro.

Él trabaja como jardinero en Bogotá, arreglando orquídeas. “Comencé con una clienta, y luego me recomendó con otra y así me he mantenido”, indica. Viaja varios días de la semana hasta el norte de la capital, desde San Antonio de Tequendama.

Desde el año pasado hace parte del proyecto de la Gobernación y el Instituto Humboldt, y destaca la importancia de esta iniciativa. “Hay gente que llega a los viveros a ofrecer especies de orquídeas muy exóticas, que solo se consiguen en los bosques y quieren que uno se las compre. Yo no lo hago, porque sé que las sacan de su hábitat natural. Tenemos que preservar las especies nativas. Dios está en esta planta”, explica.

Desde los 8 años veía cómo su abuela las cultivaba y poco a poco fue conociendo sobre su cuidado. “No estudié nada. Todo lo fui aprendiendo con la vida. Me iba a ferias de Medellín, Cali y Pereira a traer a mi vivero especies que no tenía y así fui armando mi propio cultivo”, dice.

En su vivienda instaló una tienda donde expone a ‘sus pequeñas’, a las que les dedica cada minuto de su vida. “Yo no las vendo. Si mis clientes quieren una, voy hasta su casa y se las cultivo”, afirma Lisandro.

Michael Cruz Roa
En Twitter: @Michael_CruzRoa
Escríbanos a miccru@eltiempo.com



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