Los cabos sueltos en crimen de ficha clave del fraude a la Dian

Los cabos sueltos en crimen de ficha clave del fraude a la Dian

Aldemar Moncada, baleado por sicarios, conocía cómo operaba el negocio del 'zar de la chatarra'.

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24 de abril 2016 , 10:49 p.m.

José Aldemar Moncada Moncada, uno de los ‘cerebros’ del fraude a la Dian con los recobros del IVA por exportaciones ficticias de chatarra, portaba documentos de identidad falsos y fue asesinado en Envigado, a 460 kilómetros de Cartagena, del sitio donde cumplía detención domiciliaria.

Según el Inpec, Moncada había tramitado un permiso de 72 horas para viajar a Medellín a presentarse en el Juzgado Cuarto Penal del Circuito Especializado, en un proceso de reparación a la Dian por más de 100.000 millones de pesos. Ese caso hace parte del expediente en el que también aparecen James Arias, el detenido ‘zar de la chatarra’ y Blahca Jazmín Becerra, exfuncionaria condenada a 17 años de prisión y testigo estrella de este caso.

“Un guardián del Inpec le hizo una visita al recluso para confirmar la veracidad de la citación. Comprobó que todo era correcto, es por esto que la directora de la cárcel de Cartagena avaló dicho permiso”, explicó una fuente de ese organismo.

(Además: Funcionarios de la Dian capturados por millonario fraude al Estado)

Moncada, sobre quien pesaban tres condenas, viajó el 12 de abril a cumplir con la diligencia judicial. Pero el 14 de abril, horas antes de regresar a Cartagena, se fue a cumplir una cita en un local de comidas rápidas de un centro comercial de Envigado. Y hasta allí llegaron dos sicarios en moto que lo balearon. Fue llevado con vida a una clínica y murió una semana después, el pasado 21 de abril.

Los nexos con el ‘zar’

En la investigación por el fraude a la Dian, Moncada confesó que creó varias comercializadoras internacionales para legalizar trámites falsos ante la Dian, por exportaciones ficticias de chatarra de cobre y de otros metales de los que Colombia no es gran productor.

Era el propietario de empresas comercializadoras de chatarra, como Metales Medellín, Comercializadora Almetales y Fundalcert, que aparecían como proveedoras de Metal Comercio, la firma de James Arias, el ‘zar de la chatarra’.

De hecho, Blahca Jazmín le dijo a la Fiscalía que verificaba el uso de identidades de muertos y de habitantes de calle para legalizar facturas de negocios de chatarra entre la empresa del ‘zar’ y las proveedoras de Moncada.

Al respecto, el propio James Arias, capturado a finales de diciembre en La Pintada (Antioquia), le había reconocido a EL TIEMPO sus nexos con Moncada, aunque aseguró que no conocía de las actividades ilegales de este para defraudar a la Dian con los recobros del IVA por exportaciones ficticias.

Sin embargo, el modelo de negocio del ‘zar’ con las empresas de papel en Medellín, que controlaba Moncada, fue replicado en otras ciudades como Pereira, Manizales, Ibagué, Barranquilla, Santa Marta, Cartagena y Cúcuta.

Lo declaran enfermo

Lo cierto del caso es que Moncada, de 48 años, fue uno de los primeros en aceptar cargos ante la justicia y fue condenado por concierto para delinquir a 11 años de prisión, junto con otras 10 personas, entre ellas varios de sus familiares. Además, la Fiscalía le había quitado bienes por 24.000 millones de pesos.

Y si bien le habían impuesto una condena que no es excarcelable, logró que un juez le otorgara el beneficio de la detención domiciliaria, bajo el argumento de que sufría una grave enfermedad que no podía ser tratada en la cárcel de Itagüí, a donde fue enviado inicialmente.

Un médico del Instituto de Medicina Legal certificó que sufría de diabetes, una desviación de la columna y dislipidemia severa, un problema sanguíneo.

“Son patologías crónicas, de riesgo cardiovascular alto, incapacitantes, secuelares, progresivas, lo cual las hace incompatibles con la vida en reclusión, ya que el establecimiento no está en condiciones de garantizarle el manejo médico, el seguimiento estricto y una dieta adecuada”, dice la historia clínica.

El médico es el mismo que en enero avaló la detención hospitalaria de Luis Fernando Mejía Saldarriaga, alias Yogui, señalado jefe de la mafia de Bello, a quien le diagnosticó, entre otras, que también padece de dislipidemia severa, con “alto riesgo cardiovascular y de muerte súbita”.

En el caso de Moncada, se le permitió la detención domiciliaria en Cartagena. Y cuando un juez ordenó una segunda valoración, Moncada no fue encontrado en la vivienda, y el Inpec justificó su ausencia certificando que el detenido había salido de su casa a reclamar unos exámenes médicos.

Así, a pesar de tener tres condenas en su contra –una por 11 años, otras dos por ocho años cada una– Moncada evitó la prisión, pero con su asesinato se pierde una pieza clave para el avance de la investigación por el fraude a la Dian.

JUSTICIA

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