Editorial: Avance importante

Editorial: Avance importante

La sesión especial de la ONU sobre drogas deja un balance satisfactorio.

24 de abril 2016 , 09:12 p.m.

Una lectura pesimista y una optimista ha tenido el documento final aprobado por la sesión especial sobre drogas de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que tuvo lugar la semana pasada en Nueva York.

Unos, decepcionados, creen que no hubo mayor avance y califican de frustrante lo acordado, en la medida en que los paradigmas que han regido la manera como los países miembros del organismo han abordado el problema siguen vigentes. Aluden, como lo hizo el expresidente César Gaviria, al enfoque prohibicionista que criminaliza el consumo. Estas voces críticas han aprovechado para recordar que tal forma de lidiar con el asunto ha producido más víctimas mortales que el consumo de estupefacientes.

No opina lo mismo el presidente Juan Manuel Santos. Él y otros observadores valoran los avances logrados, por limitados que sean. En líneas generales, hay consenso respecto a que los puntos de vista que cuestionan el prohibicionismo se siguen abriendo paso.

Para Santos es importante el que se haya abierto el debate en un foro de ese nivel sobre la necesidad de un giro. Está convencido, como lo dejó claro en entrevista concedida a este diario, que ya comenzó un proceso en tal sentido, y le da relevancia –con razón– al hecho de que el texto reconozca un cierto grado de autonomía de cada nación a la hora de aplicar con flexibilidad, según sus particularidades, las disposiciones de las convenciones de drogas. También considera una señal positiva el que se haya permitido el acceso a sustancias controladas para usos médicos y científicos, así como que se hable de medidas para reducir el daño causado por el abuso en la utilización de drogas.

Por último, valoró que se haya abierto la ventana a penas alternativas a la reclusión en prisión y que se haya reconocido la trascendencia de la proporcionalidad de las penas.

Visto así, y si el objetivo para Colombia era seguir abonando el terreno para la mencionada transformación del enfoque, el balance resiste el calificativo de satisfactorio. Sin duda, hay que tener en cuenta la tendencia al aumento que se registra en el número de países dispuestos a apoyar planteamientos con énfasis en la salud pública, y es muy importante que Estados Unidos haya mostrado ciertas señales de flexibilizar sus posturas.

Hay razones, pues, para el optimismo. Y sin duda lo que procede aquí, para reforzarlo, es recurrir al prisma de la larga duración, con la premisa de que cambios de este calado se suelen dar –salvo que ocurran hechos anómalos inesperados que los aceleren– de modo paulatino. Sobre todo cuando están atados a transformaciones en la manera en que las distintas sociedades interpretan sus realidades y encaran sus desafíos. Lo anterior no impide plantear que es deseable –dada, sobre todo, la contundencia de las estadísticas que dan cuenta de los altos costos de la guerra contra las drogas tal y cómo ha sido librada– que la velocidad aumente, algo perfectamente viable.

Así como en aquella lucha el país, como lo ha dicho el Presidente, por momentos siente que pedalea sobre una bicicleta estática, en el esfuerzo necesario por replantear la forma de enfrentar la problemática, los pedalazos sí dejan ver ya ciertos avances en una cuesta bastante empinada. Y esto es reconfortante.

EDITORIAL
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