Daniel Samper Pizano y Pilar Tafur actualizan 'Cien años de vallenato'

Daniel Samper Pizano y Pilar Tafur actualizan 'Cien años de vallenato'

El recordado álbum de clásicos se renueva y se convierte en un libro con 107 canciones anexas.

24 de abril 2016 , 03:51 p.m.

'Cien años de vallenato' cumple dos décadas. Aquel álbum agrupó 100 canciones que representan el primer centenario de este folclor. Fue una selección histórica, a cargo de Daniel Samper Pizano y Pilar Tafur, que hicieron el trabajo de curadores.

Juntos investigaron las raíces de cantos clásicos en una labor de arqueología musical que indagó por estrofas perdidas y autorías suplantadas. Eligieron a Ismael Rudas para dirigir a un equipo de músicos que las grabó con rigor clásico. Y escribieron un cuadernillo en el que le daban contexto histórico al folclor.

Han pasado 19 años y para redondearlos justo en época de la Feria del Libro y del Festival Vallenato, Samper y Tafur actualizaron su investigación, la convirtieron en un libro que lleva en sus solapas seis CD con 107 canciones, 7 más que la primera edición.

Samper recuerda la dificultad al definir las letras que se adoptaron como definitivas en los cantos: “Una misma canción puede tener varias versiones –dice–. Los autores cambian las letras. Adolfo Pacheco tiene con la misma música dos letras distintas, ambas legítimas. Por eso, tratamos de hablar con el autor, si existía: con Escalona, Emiliano (Zuleta Baquero), Lorenzo (Morales). Si había muerto, hablábamos con los intérpretes. ‘Colacho’ Mendoza aclaró muchos asuntos, basado en la tradición oral”.

El libro se lanzó en la Feria del Libro de Bogotá.

El libro se lanzó en la Feria del Libro de Bogotá. Foto: Archivo particular

¿Cómo resolvieron los dilemas de autoría?

Hay unos autores registrados por ley y no se puede cambiar el crédito, aunque haya un error. Hubo canciones registradas por un intérprete que no era el compositor auténtico. Si muchas fuentes daban el dato, poníamos: registrado a nombre de este, pero el compositor es este otro.

¿Por qué se dio esto?

En la primera época de la discografía, muchas canciones quedaron a nombre de los primeros en grabarlas. Pasó con Buitrago y con Abel Antonio Villa, que sí grabó sus cantos, pero otras se las registraron porque las cantó. No es algo sórdido, pasa cuando las canciones provienen de la tradición oral. Hoy, lo primero que hacen es inscribirlas. Pero el vallenato era una música de camino: las letras se cantaban mucho y les hacían cambios continuos. No había interés en autorías, no se pagaban regalías. Pasa con todas las músicas populares.

¿Cómo fue el trabajo de actualización?

Se incorporó lo que ha pasado en estos años: desaparece el papel del acordeonero, que era y es referencia para los buenos parranderos, y el cantante afirmó su figura estelar. Registramos esa evolución y nuevas circunstancias: Hay quien entiende que el vallenato romántico es un género nuevo y pretende que sea el quinto aire, además de puya, paseo, merengue y son.

En los CD, ustedes nombran primero al acordeonero...

Seguimos respetando su jerarquía musical. El cantante se volvió importantísimo comercialmente, no musicalmente. Hay cantantes buenos y menos buenos, pero la estructura diferencial la pone el acordeonero. Tanto así que el Festival Vallenato no reconoce al cantante como cuarta figura del grupo. El concurso, que es de lo más académico, deja competir a tres: acordeonero, cajero y guacharaquero y uno de los tres tiene que cantar.

Adolfo Pacheco cantó en el álbum...

Aparece en dos calidades: como compositor –es el compositor vivo más importante del vallenato y uno de los cinco más grandes de todos los tiempos– y como cantante. Ha sido abogado, profesor, toca guitarra, medio tocaba acordeón, es guacharaquero y canta bien. Lo metimos a cantar para hacerle un homenaje como intérprete.

¿Cuáles fueron las pautas de grabación?

Usar los instrumentos clásicos del vallenato en la primera escena. Por razones de textura de sonido hubo que poner, muy pasito, a veces, un bajo eléctrico o una guitarra, pero siempre atrás. Queríamos que luciera mejor el trío básico.

¿Hacia dónde ha avanzado el vallenato en estos años?

Ha avanzado muchísimo. Los acordeoneros de ahora son grandes digitadores, dominan el instrumento. Pero trabajan más con el sonido que con el sentimiento de los antiguos. Han surgido muchos cantantes, pero se dedican a hacer vallenato comercial que se vende fácilmente, que incrusta una cantidad de instrumentos.

El vallenato clásico está arrinconado y el comercial, que se fabrica fácilmente, es el que inyectan forzosamente a la gente. Ahora son mejores los registros discográficos. Eso evoluciona positivamente, pero no puedo decir que en los últimos 20 años hayan surgido canciones mejores. Si se hiciera una selección de estas dos décadas, encontraríamos pocas.

¿Salva a algún artista comercial?

Se salvan, pero no como vallenato. Pocas canciones me gustan, pero las que me gustan no las especificaría como vallenatos, no se le parecen en nada, ni en los relatos que hacen las letras ni en los tiempos de la música.

¿Cree que faltan compositores?

Desgraciadamente, casi no hay. No han salido autores de la altura de Adolfo Pacheco, no hablemos de Escalona. Tristemente se han ido muriendo autores como Carlos Huertas y otro que lamentamos no haber descubierto a tiempo: Adriano Salas. Se adelantó a ver los problemas de la naturaleza cercada que estamos viendo. Es un compositor por descubrirse y murió ciego y pobre.

Otro grande que aún vive es Julio Erazo. Cuando estábamos en proceso del libro murió Calixto Ochoa, genio capaz de componer casi todas las músicas de la Costa. La mortandad ha sido grande y lo que viene no va a ser tan interesante ni tendrá el mismo nivel.

Alma de vallenatólogo

Nieto de una abuela guajira, Daniel Samper Pizano conoció la música vallenata desde niño. Después, se hizo un seguidor convencido cuando empezaron a salir los discos de Bovea y sus vallenatos.

Su afición lo volvió autoridad en el vallenato, tema que ha abordado en numerosos textos periodísticos, entre estos una crónica inolvidable de una parranda de fines de los 60 con Gabo entre sus protagonistas. Ha compuesto dos vallenatos y lo invitaron a ser jurado en una final del Festival Vallenato, pero el día en que iba a serlo, la muerte del ministro Rodrigo Lara Bonilla, que era su amigo, le impidió concentrarse en la fiesta. Su esposa, Pilar Tafur, se ha especializado en investigar sobre músicas populares.

LILIANA MARTÍNEZ POLO
Cultura y Entretenimiento

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