¡Golpe en Brasil!

¡Golpe en Brasil!

Es inverosímil que Rousseff sea deshonesta, que se haya valido de dineros públicos en su provecho.

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23 de abril 2016 , 08:26 p.m.

Golpe de más de 100.000 millones de dólares contra los brasileños a expensas de Petrobras.

Las sólidas instituciones en Brasil se rigen por la Constitución, escrita, votada y promulgada por un Congreso Constituyente en 1988, a los tres años de retornar el país a la normalidad democrática, luego de 21 años de dictadura militar. “Reformas constitucionales” para atender a la demagogia e imposiciones de gobiernos populistas jamás se produjeron y el izquierdista partido brasileño, 13 años en el poder, supo respetar la Carta Magna, aunque en su última campaña electoral Dilma Rousseff propusiera una “reforma política”, frente al inicio del escándalo de la ‘operación lava-jato’. Tendría que poder contar con dos terceras partes del Congreso Nacional, algo difícil para un partido sin mayoría en el Parlamento.

El Partido de los Trabajadores tiene débil estructura de base de apoyo en niveles de gobernadores de estados, senadores, diputados federales y estatales, alcaldes y ediles, y tuvo que contar con alianzas con partidos “burgueses” para poder gobernar, siendo el vicepresidente de Lula uno de los más poderosos empresarios brasileños. Quedaba garantizado así un mecanismo de pesos y contrapesos, capaz de satisfacer a todas las clases sociales, en un país de voto obligatorio, donde en las últimas presidenciales Dilma obtuvo 54,5 millones y Neves, 51 millones, diferencia de 3 por ciento.

En ese cuadro institucional, la presidenta y su gente repiten pavlovianamente que el proceso de impedimento es un golpe. Una mentira que por fuerza de repetición pasa a ser una verdad.

El ‘impeachment’, previsto en la Constitución, fue aplicado a Collor de Mello, ganador de las elecciones de 1989 contra Lula en segunda vuelta. A nadie en su sano juicio en aquel entonces se le ocurrió insultar como “golpistas” a los poderes constituidos que actúan en dicho proceso, empezando por el Supremo Tribunal Federal, que encontró ahora base para el encaminamiento del proceso de impedimento de Rousseff. De los 11 jueces de aquella suprema corte, nombrados por el Presidente con la venia del Senado, uno fue nombrado por el expresidente Sarney (1985-1990), otro por Collor (1990-1992) y un tercero por Cardoso (1995-2002). Tres por nombramiento del expresidente Lula y 5 por Dilma, donde 8 de los 11 fueron designados por gobiernos del PT. Deben de ser una “manga” –en la expresión de Pepe Mujica– de “golpistas”... El “crimen de responsabilidad fiscal” es una ley promulgada en el primer mandato de Fernando Cardoso. Nadie puede, en nivel ejecutivo, gastar más de lo presupuestado y endeudarse sin autorización de las cámaras pertinentes. Dilma lo hizo en un año de reelección y a raíz de ese “maquillaje” se dio inicio a un proceso de impedimento patrocinado, para empezar, por Helio Bicudo, uno de los más prominentes fundadores del mismo PT. Como último intento jurídico para probar la inocencia de la mandataria, el Abogado General de la Union argumentó que no hubo dolo por parte de ella al cometer ese “error”... Derrotado, argumenta el “golpe”.

Es inverosímil que Dilma Rousseff sea una mujer deshonesta, que haya robado, que se haya valido de dineros públicos en su provecho. Sin embargo, al contrario de Lula, sin estudios pero inteligente, autodidacta, hábil conciliador y negociador, ejecutor de políticas asistencialistas que perdurarán con cualquier partido que suba al poder, capaz de contentar a las clases menos favorecidas y al mismo tiempo ser alabado por la derechista clase empresarial, porque los dejaba trabajar y ganar plata y así cobrar los impuestos financiadores de sus programas sociales, Dilma, graduada en economía, es intratable, “dueña de la verdad”, anímicamente inestable, mal educada, de bajos improperios, a punto de que un conductor presidencial la habiera dejado plantada en pleno tránsito de Brasilia por no soportar más sus quejas con utilización de ese vernáculo hostil y submundano, conducta suficiente para dejarla en casa descansando, más allá de un costoso y doloroso proceso de impeachment.

JULIO GOMES DOS SANTOS

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