Los secretos del hombre que puso en jaque a dos presidentes

Los secretos del hombre que puso en jaque a dos presidentes

Periodista Martha Soto lanza libro sobre Iván Velásquez, magistrado estrella de la 'parapolítica'.

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23 de abril 2016 , 07:54 p.m.

Perseguido por agentes estatales, graduado como enemigo del expresidente Álvaro Uribe (que sostiene que durante su gobierno hubo un intento de “golpe de Estado” desde la Corte Suprema) y odiado por un sector del país, Iván Velásquez salió de Colombia en el 2013, con el récord de haber obtenido evidencia para condenar a 60 congresistas por ‘parapolítica’. Aunque muchos creyeron que era su retirada, a los dos años ya tenía tras las rejas a 200 personas acusadas de corrupción en Guatemala, incluido el presidente de la República, Otto Pérez Molina.

Lo que pocos saben es que, en los años 90, Velásquez ya había enfrentado a jefes del paramilitarismo y al capo Pablo Escobar, en una época en la que el destino lo juntó con Uribe.

Hoy, en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, Intermedio Editores lanza ‘Velásquez, el retador del poder’, el nuevo libro de la periodista Martha Elvira Soto Franco, editora de la Unidad Investigativa de EL TIEMPO, en el que revela episodios inéditos de la vida judicial de Colombia y Guatemala en los que Velásquez ha sido protagonista.

A partir de verdades consignadas en expedientes y en decenas de testimonios de actores de todas las orillas, Soto aborda capítulos oscuros y polémicos que involucran a mafias, paramilitares, políticos, exfiscales y congresistas, para hacer un aporte a la memoria del país.

EL TIEMPO presenta apartes del primer capítulo del libro, que será presentado esta tarde por el periodista y escritor Daniel Samper Pizano.

En los dominios de Escobar

Cuando a uno lo van a matar, lo matan. Los hombres de Pablo Escobar me dijeron que si yo estaba vivo no era por mis escoltas: “Si tiene cinco, le mandamos diez, si tiene diez, le mandamos veinte; si está vivo es porque no hemos querido disparar”. Pero yo tengo claro que el temor y la excesiva prudencia conducen a la inactividad. Por eso, la mejor manera de superar el temor es cumplir sin remordimiento el papel que nos correspondió. Mi maestro J. Guillermo Escobar Mejía me decía que debía hacer lo que me correspondía para poder dormir tranquilo. Y yo duermo tranquilo, no creo que haya cometido injusticias. No he perseguido a nadie injustamente. Nunca actué con animadversión contra congresistas, a pesar de que me maltrataron, ni contra los funcionarios presos en Guatemala, y eso da tranquilidad. Yo creo en la justicia y también creo que hay mucho por hacer en América Latina. Tomo decisiones en derecho y por convicción. Lo que hago es por vocación. Ahí está Dios y hay que tener confianza.

(Además: Exmagistrado Iván Velásquez, entre los más influyentes del mundo)

Desde el 22 de diciembre del 2008, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) comprobó que Iván Velásquez Gómez era blanco de seguimientos de agentes del Estado colombiano y que corría riesgos por su actuación como magistrado investigador de la Corte Suprema de Justicia dentro de los llamados procesos de la ‘parapolítica’, una peligrosa amalgama entre fuerzas paramilitares y políticos del más alto nivel que buscaba tomarse el poder absoluto en Colombia para “refundar la patria”. La CIDH instruyó desde entonces al Estado para que adoptara medidas que garantizaran la vida y la integridad física de Velásquez, blanco de cinco complots, de seguimientos y espionajes a él y a su familia, de odios viscerales y de al menos dos planes para asesinarlo.

Uno de ellos quedó detallado en un sobre sellado que llegó a la CIDH, a principios del 2013, cuando Velásquez ya no hacía parte de la Corte Suprema. Allí venía el testimonio de un hombre que entregó pruebas de una reunión entre congresistas colombianos, realizada en los Llanos, en la que se recogió dinero para matar a Velásquez. Dio el nombre del parlamentario que orquestó la colecta y aseguró que al menos un investigador de la Corte Suprema se había enterado del complot sin que lo denunciara.

El libro, de 210 páginas y editado por Intermedio, cuesta 45.900 pesos. Foto: Archivo particular

Con esa información en su equipaje y el récord de obtener la evidencia para enviar a prisión a más de 60 congresistas –incluido el primo del entonces presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez–, el exmagistrado Velásquez aceptó partir a Ciudad de Guatemala. Naciones Unidas le pidió transferir herramientas legales anticorrupción similares a las que sirvieron de dique para contener a la ‘parapolítica’, pero esta vez desde la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), órgano creado bajo los auspicios de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Algunos creían que era la retirada digna de un hombre de 58 años cuyas actuaciones desencadenaron una persecución tendiente a desacreditarlos a él y a la Corte Suprema, acorralarlos atacando a sus familias y sepultar las acciones contra la ‘parapolítica’. Pero, a los dos años, el llamado ‘magistrado estrella’ ya tenía tras las rejas a 200 personas, entre funcionarios, jueces, abogados, empresarios y exmilitares, incluido el presidente de la República de Guatemala, Otto Pérez Molina, y su vicepresidenta, Roxana Baldetti.

(...) “El presidente Álvaro Uribe Vélez fue quien sacó del anonimato a mi papá. Antes, solo algunos, en el departamento de Antioquia, sabían de su trayectoria. Pero en octubre del 2007, después de señalarlo públicamente de estar buscando pruebas en su contra para vincularlo con el paramilitarismo y hacerlo procesar, todos se enteraron de quién era el investigador de la ‘parapolítica’ a quien Uribe graduó como su principal enemigo y al que sigue señalando, asegura Víctor Velásquez Gil, hijo de Iván Velásquez y su abogado en todos los casos de seguimientos, montajes e intentos de desprestigio.

Hasta el día en que Uribe pronunció su nombre en una alocución nacional y lo acusó de ser su persecutor oficial, las actuaciones de Velásquez y las amenazas que había recibido del cartel de Medellín y del paramilitarismo –dos de las más poderosas organizaciones criminales que ha tenido Colombia– habían quedado tan solo en expedientes judiciales regionales. Desde los 90, cuando aceptó ser procurador departamental de Antioquia, su cabeza empezó a tener precio.

(...) El procurador general, Carlos Gustavo Arrieta, buscó candidatos y finalmente llegó a Velásquez Gómez, cuya hoja de vida revisó con lupa (...). Meses después, llegó a confiar tanto en Velásquez que le encomendó una investigación que desencadenó la mayor crisis de seguridad y gobernabilidad del país en los 90: recaudar pruebas para demostrar que La Catedral, la cárcel donde estaba confinado Pablo Escobar, se había convertido en escenario de orgías, lujos, corrupción y violencia.

La misión le fue encomendada luego de que Velásquez pasó una primera prueba: un intento de soborno en una heladería ubicada en la glorieta de la avenida 80 con calle 33, en el occidente de la ciudad de Medellín. Hasta allí lo llevó un exfuncionario de la entidad, con el argumento de que lo iba a relacionar con unos amigos claves para su trabajo como procurador. En el local los esperaban dos sujetos que invitaron a Velásquez a sentarse.

Me dijeron que Pablo Escobar estaba muy agradecido conmigo por el trabajo que venía realizando en defensa de los derechos humanos y que quería hacerme un reconocimiento, un regalo, y ahí lo traían. Era un maletín lleno de dinero. Después de que lo pusieron sobre la mesa, les agradecí y les manifesté que a mí me pagaban por hacer ese trabajo, que era mi deber y que no recibía dinero ni regalos de nadie. Me dieron a entender que era inconveniente que lo rechazara, que otros funcionarios de mi rango ya habían recibido y que hasta les habían patrocinado campañas. Antes de levantarme de la mesa, les dije que si era necesario yo mismo le decía a Pablo Escobar por qué rechazaba su maletín.

(...)

Sin embargo, fueron las armas, el trago, los radios de comunicación, los lujos, la marihuana, los guardias comprados y los cadáveres que Escobar tenía en la cárcel de La Catedral los que pusieron en riesgo al funcionario por primera vez. Arrieta le encomendó la misión de recaudar pruebas de que el capo se estaba burlando del gobierno de César Gaviria, quien meses atrás había diseñado varios decretos exclusivamente para que Escobar se so metiera a la justicia a cambio de su no extradición.

Documentamos cada rincón, incluidos los pasillos, y mandamos los rollos sin revelar al despacho del procurador Arrieta con un oficio de remisión sin descripciones ni calificativos.

La comisión que encabezó Velásquez tomó 162 fotos del jacuzzi, los televisores de pantalla gigante, las salas de billar, el bar, seis cabañas, un chalet, la cancha de fútbol, una chimenea y hasta de la casa de muñecas que el capo había ordenado levantar para su hija Manuela. También, del refugio antiaéreo que estaba construyendo para evitar un ataque por aire del escuadrón de asesinos que conformaron exsocios y enemigos del capo para intentar aniquilarlo: los ‘Pepes’, Perseguidos por Pablo Escobar.

* * *

El alcalde de Medellín, Luis Alfredo Ramos, convocó una cumbre de seguridad en su despacho, un sábado a las 9 de la mañana, para evaluar la difícil situación de orden público por la que atravesaba la ciudad. Esa sola semana habían estallado varios carros bomba. Yo estaba sentado en la cabecera de la mesa de juntas y al lado estaba el senador Álvaro Uribe Vélez. Mientras daban las cifras de atentados y muertos, Uribe se me acercó y me preguntó: “Procurador, ¿no habrá forma de que Escobar se entregue?”. Yo le dije que había escuchado que existía la instrucción de dispararle hasta a 100 metros antes de la cárcel de Itagüí. Uribe me respondió que él podía convocar a todos los congresistas antioqueños para acompañar la entrega y garantizar la vida del capo: “A ver si nos matan a todos”, me dijo. Y propuso que se estableciera contacto con Escobar. Antes de finalizar la reunión, le manifesté que el senador (Álvaro) Villegas vivía en el mismo edificio de familiares de Escobar y que a través de él se podía buscar un acercamiento. Ramos propuso enterar al gobierno Gaviria de esa posibilidad y enseguida hizo una llamada. Yo hablé con Villegas, y a los pocos días me dijo que ya tenía listo el encuentro, pero que debíamos ir solos, sin escoltas.

(...) Llegamos en la camioneta del doctor Villegas. Él iba adelante con su chofer, y Uribe y yo estábamos en la parte trasera. Subimos al piso ocho y nos abrió doña Hermilda, la mamá de Escobar. Alcanzamos a ver pasar fugazmente a un reconocido abogado de Medellín que simplemente nos saludó. Luego, nos hicieron pasar a la sala. Yo me senté en el mismo sofá con Uribe; Villegas, al lado, y la esposa de Escobar se hizo al frente nuestro. La reunión duró menos de una hora, la dirigió el senador Uribe y le repitió lo mismo que habíamos hablado en la alcaldía. Nos tomamos un tinto y nos retiramos.

(También: Procuraduría absuelve al exmagistrado Iván Velásquez)

Cuatro días después, el 26 de diciembre de 1992, llegó una carta de Escobar para el presidente Gaviria. En las seis páginas, de puño y letra del narcotraficante, este hacía alarde de su poder destructor y, en ese marco, ponía cinco condiciones para su nuevo sometimiento. “¿Qué haría el Gobierno si, como respuesta a las torturas y desapariciones, colocara una bomba de 10.000 kilos de dinamita contra la Fiscalía General de la Nación, contra la Administración de Impuestos Nacionales o contra Inravisión o EL TIEMPO?”, sentenció Escobar.

(...) La reunión con la esposa del capo tuvo consecuencias para Velásquez. Desencadenó seguimientos y amenazas en su contra, que se unieron al rechazo oficial de un explosivo informe de la Procuraduría Regional contra la Unidad Antiextorsión y Secuestro de la Policía (Únase) de Medellín. Esas dos cargas de profundidad obligaron al procurador Arrieta a enviar al funcionario a unas cabañas de la Policía en Coveñas (Sucre) para evitar que lo mataran.

Sobre la autora

Martha Elvira Soto Franco es periodista de EL TIEMPO con magíster en Estudios Políticos. Trabaja desde hace 22 años en la Unidad Investigativa y es su directora desde 1998. Ha sido conferencista de fundaciones como el Centro Carter, la SIP y el Ipys, en temas de acceso a la información y cobertura del narcotráfico, y catedrática en tres universidades. Además, analista de Citytv y EL TIEMPO Televisión. Le han otorgado 15 premios, entre ellos el Global Shining Light (2015), de la Red Mundial de Periodismo Investigativo. Es autora de ‘La viuda negra’ (2013), ‘Los caballos de la cocaína’ (2014) y ‘El renacimiento de Natalia Ponce’ (2015).

¿Cuándo y dónde?

Daniel Samper Pizano presenta hoy en la Filbo ‘Velásquez, el retador del poder’. Hora: 4 p. m. Salón múltiple n.° 5 de Corferias. A las 5, Martha Soto firmará autógrafos.

EL TIEMPO

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