'El único temor que tenemos es no poder ser útiles': médico colombiano

'El único temor que tenemos es no poder ser útiles': médico colombiano

Laureano Quintero brinda ayuda a las víctimas afectadas por el terremoto en Ecuador.

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23 de abril 2016 , 07:04 p.m.

Lo único que me da miedo es que no podamos ser útiles”, dice Laureano Quintero, médico cirujano colombiano de trauma y emergencias, cuando habla de su labor como rescatista en zonas de desastre como las que tuvo que atender en Manta y Pedernales, dos de las ciudades más afectadas por el terremoto de 7,8 grados en la escala de Richter que golpeó a Ecuador el fin de semana pasado.

“Lo más duro es la parte humana del problema. Por más que uno sabe que va a venir, uno sabe que va a encontrar esas miradas vacías, miradas perdidas de la gente que no entiende qué pasó y no sabe qué va a pasar. Es muy duro ver la vulnerabilidad del ser humano y su incertidumbre total en un desastre de esas dimensiones. Uno no se acostumbra”, dice.

Él y los otros cuatro miembros de su equipo, que hacen parte de la Organización Salamandra, trabajaron incansablemente en labores de rescate en la zona costera del país andino, con la esperanza de encontrar vida entre montañas de escombros en jornadas de 12 horas bajo el sol.

“La gente siempre es muy agradecida. Aplauden cualquier cosa que se haga. Cuando llegamos a Guayaquil, la gente estaba esperando a sus familiares, pero corrieron a abrazarnos por estar acá. Eso nos deja muy claro que hay que seguir haciéndolo. Es una forma de ayudar”, dice Quintero.

Una vez pasadas 96 horas de rescate en escombros, el jueves el equipo de rescate fue redirigido al colegio Emilio Bowen Roggiero, en Manta, uno de los albergues que recibieron a 89 familias que resultaron afectadas por el terremoto, que dormían en colchones y se cubrían del sol con carpas improvisadas.

Ayuda nocturna

“La prioridad es que se queden durante la noche. Yo necesito que la gente que se enferma tenga ayuda durante la noche”, dijo con urgencia Freddy Cedeño, coordinador del albergue, quien manifiesta que durante el día son más mujeres, niños y ancianos en el lugar, pues los hombres salen a buscar algo para comer, ya que la ayuda que ha llegado y que han recibido de terceros no es suficiente.

Con un morral en el que tienen provisiones de comida para siete días, elementos de aseo, herramientas, un saco de dormir, ropa y medicamentos, entre otras cosas, que los hacen autosuficientes, los integrantes del grupo llegaron a ese lugar e instalaron en una hora un consultorio cerca de un árbol, pues con tantas réplicas estar dentro de uno de los salones no era lo más seguro.

Con el paso del tiempo, los afectados por el terremoto se fueron acercando al consultorio, armado con pedazos de plástico negro, cuerdas, una camilla improvisada con cuatro mesas cubiertas con una sábana, escritorios de los estudiantes, sillas y una superficie para poner los medicamentos.

La gente los ve con agradecimiento y los niños juegan alrededor de ellos. “Nosotros vamos evaluando si se tiene que hacer una labor de recreación”, dice Quintero, al tiempo que advierte que la falta de agua los obliga a ser cuidadosos para evitar la deshidratación de los niños.

Después de atender emergencias como las que dejaron los terremotos en Pereira, Armenia, Popayán, Haití, Chile y Ecuador, Quintero sostiene que su labor no solo consiste en salvar vidas debajo de los escombros, sino en ofrecer apoyo médico, en un contexto en el que hay muchos afectados y en el que las condiciones de salud empiezan a empeorar por la falta de agua y comida y el exceso de sol.

Es una coyuntura extrema, porque quizás después vengan los problemas sanitarios como resultado de los cuerpos que están aún sin enterrar. Pero los médicos colombianos parecen preparados para cualquier desafío.

Este sábado el Gobierno colombiano envió más ayudas humanitarias para las víctimas del terremoto de Ecuador. Foto: Archivo Particular.

EL TIEMPO
Manta

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