La amistad de 4 años que el terremoto en Ecuador no quebró

La amistad de 4 años que el terremoto en Ecuador no quebró

Estos dos colombianos relatan su drama durante y después del sismo que sacudió a Manta.

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23 de abril 2016 , 07:04 p.m.

Su amistad es ahora un milagro. César Vargas y Juan Pablo Bernal, dos colombianos que viven hace cuatro años en Manta, sobrevivieron al terremoto que destruyó por completo el sábado pasado el sector comercial de Tarqui.

César, originario de Pereira, y Juan Pablo, de Medellín, vivían juntos. Los dos estaban en el mismo barrio, pero en lugares distintos. Mientras César estaba en su casa de tres pisos, Juan Pablo –decorador arquitectónico– se encontraba en uno de los puntos de distribución de Avena Polaca entregando el dinero de la venta a la que se dedicaba en los tiempos libres. A los dos el terremoto les sacudió la vida por completo. (Lea: Ecuador declaró ocho días de luto nacional por terremoto)

El pereirano, de 55 años, quien es vendedor ambulante también de la Avena Polaca, quedó atrapado en su casa. “Cuando comenzó a temblar intenté abrir la puerta para salir, pero no pude. El edificio no se cayó gracias a Dios. Estaba completamente solo. Cuando se acabó el terremoto les pedí a unos vecinos por la ventana que me ayudaran a abrir la puerta porque yo sabía que venían réplicas y que tocaba salir rápido de ahí”, dice mientras acompaña a su amigo a la base militar de Manta, de donde salió una aeronave de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) que repatrió colombianos.

Por su parte, Juan Pablo recuerda que cuando sintió que la tierra se movía les gritó a todos los que estaban dentro del establecimiento para que salieran.

La Avena Polaca quedó absolutamente destruida. Allá hubiéramos quedado absolutamente aplastados (...), fue algo horrible”, cuenta este hombre que viste una camiseta que dice ‘Colombia’.

“Yo me paré en la mitad de la calle a observar qué era lo que se estaba cayendo, cómo evolucionaban las cosas. Me tocó moverme de un lado para otro porque todo se estaba cayendo mientras temblaba: los postes, las casas, las paredes... todo. La calle daba ondulaciones”, agrega. También dice que cuando dejó de temblar fue a buscar a César, pero no lo encontró; y reconoce que a pesar de que mantuvo la calma, cuando la tierra se quedó quieta no podía dejar de llorar. (Además: 'Tengo miedo de volver a comenzar de cero': caleño afectado por sismo)

Los dos recuerdan que una hora después del momento de pánico y la destrucción masiva que generó el movimiento telúrico, llegó un momento de mayor tensión y angustia, pues el rumor extendido de que un tsunami venía hizo que todo el mundo huyera a buscar un punto con mayor altura en la ciudad.

Corran, dejen las cosas porque viene el tsunami”, todo el mundo gritaba y corría desesperado, afirma César. “Yo salí corriendo y la puerta quedó abierta. Cuando volví el domingo, me habían robado 500 dólares que tenía guardados y alguna ropa. Nos saquearon”, dice con decepción.

César y Juan Pablo pasaron la noche a la intemperie en una de las zonas altas de Montecristi, pero no se encontraron. Como comunicarse era imposible, apenas a la 1 de la mañana lograron hablar. “Ahí yo estaba más tranquilo. Cuando vi a César tenía mucha alegría”, dice, mientras sonríe.

“Nos pusimos a llorar”, complementa. El domingo, los amigos regresaron a recoger las pocas pertenencias que les quedaron. Juan Pablo dice que de manera casi milagrosa su esposa y su hija salieron de viaje para Colombia el mismo sábado del terremoto. “Si no, estarían aplastadas”, dice.

(Lea: 'Ayuda de Colombia ha sido extraordinaria': presidente Correa)

Después de enfrentar las dificultades de conseguir agua, comida, electricidad, y de haber aguantado un par de réplicas, este paisa dice que regresa a Bogotá, una ciudad a la que ve como un nuevo punto de partida. “Me devuelvo para Colombia porque es una nueva vida, un nuevo amanecer, quiero estar ya en mi tierra”.

Pero César está decidido a quedarse y afirma que en Ecuador tiene trabajo por hacer.

“Yo soy optimista. Creo que después de la tormenta viene la calma. Además, no es el primer terremoto que me toca porque yo vengo de Pereira y allá me han tocado unos sismos horribles. La solución no es salir corriendo”, señala.

(Lea: Terremoto en Ecuador ya deja más de 600 muertos)

El pereirano confía en que puede comenzar a trabajar con normalidad dentro de un mes. Por ahora, vive con otros dos colombianos en un cuarto de una bodega en Montecristi. Pero lo que sí tienen claro los dos es que en algún momento se volverán a ver.

SANDRA RAMÍREZ CARREÑO
Redacción Internacional
Enviada especial
Manta.

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