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Los paisas que mejorarán el país con sus inventos

Los paisas que mejorarán el país con sus inventos

Rafael Vides y Daniel Cuartas concursan en el reality 'El Gran Inventor Colombia'.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
23 de abril 2016 , 01:48 p. m.

Los separa la distancia y la cultura, pero los une la creatividad y el deseo de cambiarles la vida a las personas.

Rafael Vides y Daniel Cuartas son dos jóvenes inventores que, mediante el concurso ‘El Gran Inventor Colombia’, compiten con ocho inventos más para ganarse el galardón de la mejor innovación del país y obtener los recursos necesarios para poner en marcha su proyecto.

Desde el 23 de febrero, los dos antioqueños concursan en un reality interactivo que más que darles prestigio, les otorgará conocimiento y recursos para que sus innovaciones dejen de ser prototipos y se conviertan en una solución para la vida de las personas.

Quienes quieran apoyar, podrán entrar a la ‘app’ El Gran Inventor, en la que verán capítulos, conocer cómo votar por los participantes, y escoger el ganador bajo un sistema de juego similar a la bolsa de valores. Las personas pueden apoyar a su inventor favorito, y comprar paquetes de dinero virtual e invertir en el juego.

EL TIEMPO dialogó con ambos emprendedores antioqueños que narraron cómo pasaron de soñar con soluciones para cambiar el mundo, a tener prototipos para poder hacerlo realidad.

Unas gafas que sirven como control remoto

La tecnología está disponible para que cada persona pueda construir su prototipo.

“Cuando los problemas no le pasan a uno, son ajenos. Triste pero es verdad”. En el caso de Daniel Cuartas, tuvo que ver a su abuela inmóvil y postrada en una cama para intentar devolverle, en parte, la independencia que una enfermedad cerebro-vascular le arrebató.

Este estudiante de ingeniería Mecatrónica diseñó unas gafas que al ponérselas, las personas con discapacidad motriz, cuadrapléjicas, o que no tienen movimiento en brazos y piernas, puedan recuperar algo de control y autonomía.

“Las gafas le permiten a la persona, mirando los íconos de una pantalla, controlar la iluminación de la habitación, cambiar el movimiento de la cama, manipular un televisor y hasta llamar por teléfono”, explica Cuartas.

El control, a diferencia de otros, funciona únicamente con los ojos. La persona solo debe mirar en una pantalla por varios segundos el ícono de la función que desea activar, y este reconoce la pupila y opera la opción elegida (mover la cama, modificar las luces, el televisor, etc).

"Se puede construir con cualquier tipo de gafas, desde aquellas de marca hasta las que se consiguen en el centro. A ese marco se le instala una cámara web y luego se diseñan unos códigos para que se activen con la vista”, cuenta el inventor.

Parece sencillo, y según él lo es. De hecho, gracias a que se hizo bajo tecnología Open Source (conocimiento libre), cualquier persona puede saber cómo se construyó, aprender el código y hacer el suyo propio. “Pero no lo puede explotar comercialmente. Eso solo lo puedo hacer yo”, aclara Cuartas.

De hecho, explica que cualquier persona puede contactarlo si desea adquirir una para alguna persona. El precio, dependiendo de la necesidad, puede oscilar entre 1.500 y 3.000 dólares.

Mediante el reality ha aprendido de protección de ideas, cómo explotar su negocio mediante las enseñanzas de grandes empresarios. Espera tener un socio que le ayude a potenciar la invención, pero respetando el Open Source que, como él aclara, “no significa que sea gratis”.

Cuartas, por experiencia propia, ha visto cómo le cambia la vida no solo a la persona con discapacidad, sino a todos los que la rodean. Por eso espera devolverles algo de autonomía con su invento.

Y si bien considera que la construcción fue sencilla, llegar a realizarla no lo fue. “Tristemente lo más duro es el negativismo de la gente. Usted no sabe todos los 'no es posible' o 'usted no va a ser capaz' tuve que escuchar”, rememora Daniel con amargura.

Dice que eso, por duro que fuera, le dio el aliciente para seguir adelante y “callar bocas”. No en el sentido de rencor, aclara, sino en ese pensamiento negativo que se siembra en las personas que opaca la ilusión de hacer cosas imposibles.

“Si yo, que soy un estudiante promedio pude hacerlo, cualquiera puede. Ahí está el conocimiento”, finaliza el inventor de 29 años.

Un dron que estalla minas y salva vidas

Desde Apartadó (Urabá Antioqueño), Rafael Vides ha diseñado diferentes drones que hallan y detectan minas.

Según datos del Sistema de Información de Acción Contra Minas del Gobierno Nacional, entre 1990 y el 31 de marzo de este año en el país hay 11.401 víctimas por minas antipersonal (MAP) y municiones sin explotar (Muse).

De esos, Antioquia concentra el 17 por ciento de los eventos.

Rafael Vides no ha sido víctima de este flagelo, pero sueña con que los soldados no pierdan la vida o alguna extremidad en su labor de protegernos; con que una mina no trunque los sueños de los niños que juegan fútbol en esos espacios; y con que los campesinos regresen a las tierras de las que fueron desplazados.

“Nos levantamos pensando y trabajando en ese sueño. Porque no es solo nuestro sueño, es el de todo Colombia”, cuenta el joven de 26 años nacido en Apartadó (Antioquia).

La diferencia con Rafael es que no solo tiene el anhelo, sino el conocimiento para que esto se vuelva una realidad.
Un dron que detecta y estalla minas antipersonal, es el invento con el que este joven aplica para ser el mejor inventor del país, y tener los recursos necesarios para que su invento sea producido en masa.

Desde la empresa Soluciones Robóticas Integrales, de donde es gerente, Rafael ha construido diferentes robots que por tierra detectan minas. Pero este, con el que esperan ganar, es algo que va más allá.

“El de ahora es un prototipo aéreo, que ubica la mina desde el aire, y de allí, el robot lleva explosivos a pequeña escala los cuales ubica al lado de las minas; luego se eleva y en las alturas envía la orden para detonar las minas”, dice el inventor, que añade que el equipo es manipulado a distancia y puede ser operado a través de dispositivos móviles, control remoto o computador.

No es todo. Ha logrado que el robot se mueva también por tierra y lo están mejorando con softwares y sensores para que el equipo sea autónomo.

“También estamos trabajando para que el equipo detecte obstáculos en pleno vuelo, como un árbol, y pueda corregir su dirección”, añade Rafael, que aunque es consciente de que faltan recursos y más trabajo, las primeras pruebas han salido mejor de lo que esperaba.

Más de 40 sensores han sido probados buscando el mejor funcionamiento y los mejores resultados. Eso influiría en el precio final que tendría el dron.

Pero es optimista, porque “si con los sensores obsoletos que tenemos funcionó mejor de lo pensado, con el músculo financiero podría haber un prototipo final en tres meses”.

Hay esperanza, cuenta que la empresa Indumil, que le fabrica las armas al Gobierno, está trabajando en conjunto con él para sacar adelante su iniciativa.

“Vamos a empezar a negociar el producto con ellos, pero por ahora nos están ayudando a mejorar el prototipo para tenerlo en las mejores condiciones”, explica el inventor.

Es consciente de que el tiempo es un lujo que no tiene. Cada vez que mira en los medios una nueva víctima por minas, más allá de la frustración de sentir que se pudo haber evitado, le da el impulso para luchar con más ahínco por culminar su invento.

Ahora, que está a punto de culminar su logro más importante, mira el primer robot que construyó años atrás con madera, repuestos de grabadora y otros chécheres que había en su casa y que su madre amenazaba con echar a la basura, sin saber que allí, se estaba forjando la solución a un problema que ha desangrado al país desde los años 90.

“Aún conservo el robot. Lo miro y me alegro porque he avanzado mucho, pero a la vez me motivo porque sé falta aún más”, dice.

DAVID ALEJANDRO MERCADO
Redactor de EL TIEMPO
davmer@eltiempo.com
@AlejoMercado10

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