'En menos de 20 años no habrá cupo para más emisiones de gas'

'En menos de 20 años no habrá cupo para más emisiones de gas'

El colombiano Walter Vergara hace un llamado urgente para mirar hacia las energías renovables.

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22 de abril 2016 , 07:00 a.m.

El 22 de abril, Día de la Tierra, se confirman en Nueva York las intenciones de reducción de emisiones de gases invernadero de más de 160 países, incluyendo la mayoría de las naciones latinoamericanas. Este es un gran logro, resultado del acuerdo de Paris, el pasado diciembre. Es la primera vez que tan amplio consenso de naciones expresa una intención de reducir las emisiones causantes del calentamiento global para limitar los daños que podrían ser causados si la temperatura de la biósfera se incrementa en dos grados o más hasta final de siglo.

Desafortunadamente, las intenciones expresadas en este acuerdo no son suficientes para alcanzar la meta. Se estima que aún si todas las intenciones se cumplen, la temperatura global se incrementaría en 2.7 a 3.5 grados, con consecuencias físicas y económicas sin paralelo en nuestra historia como especie. La atmósfera solo puede aceptar alrededor de 1.000 GT de CO2 adicionales antes de cruzar el límite propuesto de dos grados. A la tasa actual de emisiones, este límite se cruzará en menos de 20 años. Después de eso, ¡zip! ¡Nada! No hay cupo adicional para emisiones. Esto requeriría de un cambio monumental y drástico a nivel global.

En la región, dos grados de calentura implican: la desaparición de los glaciares tropicales localizados a menos de 5.000 metros sobre el nivel del mar, con importantes consecuencias para el suministro de agua y energía en los países andinos; la muerte de nuestros corales en el Caribe y otras costas, con implicaciones devastadoras para las actividades pesqueras, de turismo y protección de litorales de los países afectados; la anegación de zonas costeras, infraestructura, ecosistemas y poblados, resultando en enormes pérdidas financieras, sociales y de capital natural; la reducción en rendimientos agrícolas en zonas tropicales, afectando el suministro de alimentos; aún, la posible desestabilización del bioma amazónico.

Un estudio hecho en el BID estimó las consecuencias financieras acumuladas de estos impactos en al menos 100.000 millones de dólares al año hacia mitad de siglo.

Aún cuando la región no es un gran emisor, si es responsable por cerca del 10% del total global, o alrededor de 4.6 giga-toneladas de CO2, con emisiones per cápita de 7.7 toneladas al año (por debajo de las correspondientes en países industrializados). Felizmente, nuestros países pueden seguir una ruta de completa eliminación de estas emisiones, con sustanciales beneficios económicos, financieros, y sociales, en el proceso creando las condiciones para un desarrollo verdaderamente sustentable.

Esta ruta incluye: la decarbonización del sector eléctrico, mediante la introducción masiva de energías renovables, primero atendiendo el aumento en la demanda y luego, gradualmente, desplazando la generación con combustibles fósiles (gas, carbón y otros).

Esto es posible gracias a la amplia disponibilidad de estos recursos en la región, (100 PWh por año; como referencia, la demanda global de electricidad es menos de 20 PWh); la rápida evolución de las tecnologías de generación, y los avances en el marco regulatorio ahora mucho más receptivo a la generación con energías renovables. La transición, de hecho, ya comenzó apoyada en la tradicional participación (50%) de generación hidro a nivel regional.

En Brasil, por ejemplo, en 2015, 90 % de toda la oferta nueva de generación eléctrica fue adjudicada, en concurso, a energías renovables, básicamente eólica e hidro. En Uruguay, toda la nueva capacidad desde el 2011 ha sido renovable. Uruguay, Costa Rica, Nicaragua se han unido al exclusivo club de naciones que pretende descarbonizar sus economías antes del fin de siglo.

Si es posible tener un sistema eléctrico basado en renovables, las actividades que usan electricidad serían de bajo carbono y otras podrían considerar su transición a consumo eléctrico. Un caso especial es el sector transporte. En la región, el 75 % de sus emisiones se deben al transporte por carretera y de estas la mitad se derivan del transporte de pasajeros.

En muchos países, la demanda del transporte determina el consumo de combustibles derivados del petróleo. Como en el caso de la generación eléctrica, el modo eléctrico de transporte ha sido objeto de una rápida evolución tecnológica, con una expectativa de reducción drástica de costos a corto plazo. La opción eléctrica está en posición de desplazar los combustibles fósiles en modo carretero y fluvial a muy corto plazo. Este desplazamiento permitirá una revolución industrial en la región, un aumento considerable de eficiencia energética y mejoras en la calidad del aire de zonas urbanas.

Pero es en actividades forestales y agrícolas, donde la principal batalla se debe ganar. Se estima que cerca de 30 millones de hectáreas de bosques han sido eliminados desde inicios de siglo y que la tasa anual de deforestación es de 3.4 millones de hectáreas (equivalente a 70 % de la superficie de Costa Rica).

Cada vez que el bosque desaparece, la biodiversidad de nuestra región se empobrece, los cursos de agua se afectan, las emisiones de carbono aumentan. Esto no puede continuar. Es claro que la demanda por alimentos y fibras seguirá en aumento, estimulada por el aumento y las mejoras en la calidad de vida de nuestra población. Pero, de otro lado, se estima que hay cerca de 300 millones de hectáreas de tierra degradada en la región.

En lugar de expandir la frontera agrícola, ¿no hace sentido restaurar este recurso subutilizado? Si fuese posible restaurar a través de manejo de paisajes 200 millones de hectáreas, reforestar 50 millones y eliminar la deforestación, se acumularían cerca de 3 Giga- toneladas por año hacia mitad de siglo. Esto combinado con la eliminación virtual de todas las emisiones del sector eléctrico y de transporte permitiría que nuestras emisiones netas sean, para entonces, negativas.

Aún cuando la motivación puede ser climática, lo cierto es que esta ruta reducirá los costos de servicios (electricidad y transporte), contribuirá a la seguridad energética y alimentaria, promoverá la integración regional, podrá mejorar la calidad del aire en las zonas urbanas, resultará en la generación de empresas y empleos, contribuirá al desarrollo tecnológico, además de contribuir a prevenir impactos más severos de cambio climático. Cero carbono es más que acción climática, es desarrollo sustentable. Cero carbono es una oportunidad que no debe esperar.

WALTER VERGARA

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