La puja por un medicamento

La puja por un medicamento

La protección de una patente hoy enfrenta a una farmacéutica con el Ministerio de Salud.

21 de abril 2016 , 07:32 p.m.

La confrontación que mantienen el Ministerio de Salud y la farmacéutica suiza Novartis A. G. por Glivec, un medicamento de última generación para el manejo del cáncer, es la manifestación más cercana del eterno debate entre si se deben proteger las patentes que los laboratorios mantienen sobre sus fármacos o ‘romperlas’ para favorecer el interés público.

Lo justo sería no solo que los productores de estos insumos originales obtengan una compensación razonable por el trabajo y los recursos invertidos en su desarrollo, sino que a la vez su costo permita beneficiar a cada vez más pacientes, sin poner en riesgo las finanzas de sistemas de salud que, como el colombiano, los amparan.

A Novartis, valga la claridad, el Consejo de Estado le avaló en el 2012 la patente sobre este producto, cuyo principio activo es el Imatinib; a partir de entonces, todos los genéricos, más económicos, desaparecieron del mercado, lo cual dejó a la farmacéutica con el monopolio sobre el fármaco.

Dos años después, y mediante una demanda, la sociedad civil, argumentando una posición dominante del laboratorio y un desborde en el precio de Glivec, solicitó a un comité técnico del Ministerio de Salud que se declarara de “interés público” el acceso al medicamento. Y este, que halló razón en el reclamo, ordenó al Minsalud el otorgamiento de una licencia obligatoria (que permitiría a otros laboratorios producir Imatinib sin el permiso del propietario), pero, antes, renegociar el precio con Novartis. El Gobierno ya le hizo una propuesta, que armoniza con las finanzas del sector. Si la farmacéutica dice no, la licencia obligatoria se abre paso.

En esta puja, ninguno quiere ceder, por el precedente que se sienta. La industria parece no estar dispuesta a permitir que se pongan en riesgo las patentes, que para ella son el pilar de la confianza inversionista; y el Gobierno tampoco puede darse el lujo de ceder, porque tiene que defender las finanzas públicas y representar los intereses de la gente.

Ninguno de los actores debe olvidar que las reglas de juego están definidas en todos los acuerdos de comercio internacional, que ponen a la sociedad por encima de todo, y esta no es, de ninguna manera, la excepción.



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