Lo bueno, lo malo y lo feo de los 'rankings' de colegios

Lo bueno, lo malo y lo feo de los 'rankings' de colegios

Las entidades que los publican deben pensar bien las implicaciones del uso de esta información.

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20 de abril 2016 , 04:04 p.m.

A propósito de la reciente publicación del listado de los mejores colegios en Colombia, resulta importante reflexionar sobre la construcción, el uso y la publicación de este tipo de escalafones que miden la calidad de las instituciones educativas.

Esta información puede llegar a ser útil a la hora de tomar decisiones por parte de estudiantes, padres de familia y encargados de política si se calcula de manera adecuada siguiendo una metodología apropiada. Sin embargo, si no se trabaja con responsabilidad, si se utiliza de manera inadecuada o se interpreta mal, podría llegar a desinformar en lugar de informar. Por eso la importancia de analizar los puntos a favor y en contra de la utilización de este tipo de herramientas que han sido adoptadas ampliamente para evaluar la calidad de los colegios y de las universidades en todo el mundo.

Existen varios argumentos que justifican su elaboración y publicación. Primero, podrían ayudar a controlar el cumplimiento de objetivos institucionales, facilitando la rendición de cuentas por parte de instituciones que reciben recursos del Estado y de otras entidades no gubernamentales. Segundo, al monitorear el cumplimiento de objetivos institucionales, estos también se podrían convertir en un instrumento indirecto para la implementación de políticas de Estado ya que con el monitoreo continuo de estos indicadores se generan incentivos a realizar cambios con el fin de lograr las metas establecidas. Y tercero, podrían convertirse en una herramienta útil para estudiantes y padres de familia al momento de elegir un colegio o universidad, ya que permiten una mejor socialización de la información disponible sobre diferentes indicadores de calidad.

Pero no todo lo relacionado con los listados es positivo. Como se mencionó anteriormente, su publicación podría generar incentivos para realizar cambios en las instituciones. No obstante, estos cambios no siempre logran los efectos esperados. Más grave aún, podrían darse cambios de manera deliberada que buscan mejorar el desempeño de una institución en los ‘rankings’, pero van en detrimento de la formación integral de los estudiantes.

Un ejemplo de esto son los casos en los cuales se generan entre los colegios incentivos para “enseñar para el examen”. En otras palabras, con el fin de tener un muy buen desempeño en las pruebas utilizadas para realizar el ‘ranking’, las instituciones concentran sus esfuerzos en enseñar los temas que se cubren en la prueba y descuidan la enseñanza de otros temas que también son importantes para la formación integral del alumno, pero no se incluyen en el examen.

A nivel internacional también se han documentado casos en los cuales los colegios no inscriben en las pruebas a los estudiantes con bajo rendimiento con el fin de mejorar su clasificación en el ‘ranking’. Esta manipulación sin lugar a duda compromete la validez de los indicadores y, por tanto, su utilidad al momento de tomar decisiones basadas en los resultados. Adicionalmente, estas prácticas podrían estar afectando a los estudiantes con bajo desempeño académico, ya que podrían estar siendo excluidos de algunas actividades escolares a las cuales tienen derecho.

Otro punto a resaltar se relaciona con los elementos de una educación de calidad que no son medibles o no son fácilmente medibles. Existen factores relevantes que no se pueden incorporar, o su incorporación resulta muy compleja, en las mediciones de los ‘rankings’. Al dejar a un lado estos factores se están excluyendo aspectos muy importantes al momento de evaluar la calidad de una institución educativa.

Otro problema significativo relacionado con la construcción de los escalafones se asocia a la determinación del peso que debería tener cada factor que ha sido medido. Desafortunadamente, en muchos de los casos los encargados de diseñar los ‘rankings’ realizan esta tarea de manera arbitraria, reduciendo un problema multidimensional a uno unidimensional sin tener en cuenta la importancia de esta transformación. En este último aspecto, la utilidad de los listados depende directamente de la capacidad técnica de los especialistas en estadística que se encargan de su elaboración.

Otro aspecto que muchas veces se deja de lado al momento de analizar esta información es la necesidad de contextualizar los resultados. Realizar comparaciones directas entre colegios o universidades a partir del desempeño en pruebas de Estado como Saber11 o SaberPro no es una buena idea. Al momento de evaluar la calidad de una institución educativa realmente lo que nos debería preocupar es determinar el valor agregado que está generando la institución.

En otras palabras, lo que realmente debería resultar importante para los estudiantes, padres de familia y encargados de la política educativa es determinar qué instituciones permiten realizar el mayor salto en términos de desempeño. Por tanto, no sería apropiado comparar los resultados de colegios o universidades que solo admiten estudiantes con niveles altos de preparación con los resultados de colegios o universidades que admiten estudiantes con niveles bajos o medios de preparación. Es posible que estos últimos obtengan peores resultados en el agregado, pero en realidad están permitiendo a sus estudiantes realizar el mayor salto.

En conclusión, las entidades que publican estos ‘rankings’ deben pensar de manera concienzuda cuáles son las implicaciones del uso de esta información, para de esa manera dar al público las instrucciones adecuadas acerca de su aplicabilidad o utilidad para la toma de decisiones. Este ejercicio juicioso de análisis eventualmente permitirá que se le saque el mejor provecho a los resultados, minimizando sus limitaciones.

SILVIA GÓMEZ SOLER
Profesora del programa de Economía y Finanzas Internacionales
Universidad de La Sabana

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