El terremoto en Pedernales, una tragedia en el paraíso

El terremoto en Pedernales, una tragedia en el paraíso

Este hermoso balneario quedó prácticamente destruido y su infraestructura, en el piso.

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19 de abril 2016 , 08:33 p.m.

Silencio, solo silencio. Ni una sola palabra se atrevían a decir este martes las personas que observaban cómo los cuerpos de rescate, acompañados por dos retroexcavadoras, intentaban remover los escombros del hotel Royal, donde se encontraba atrapado José David Eras Restrepo, un niño colombiano de seis años que estaba allí con su papá cuando el terremoto de 7,8 grados sacudió a Pedernales, un paradisiaco balneario ecuatoriano al norte de Guayaquil.

Por el sismo, según los datos oficiales de la Fiscalía de Ecuador, hasta el momento, murieron 525 personas, 4.027 resultaron heridas y hay 231 desaparecidas. Pero las condiciones actuales hacen pensar que el número de fallecidos se puede incrementar.

Melissa Restrepo, la mamá del niño, observaba también en silencio, y casi pasmada, la labor de los rescatistas acompañada por un par de amigos. Aunque ya no lloraba, su rostro se veía cansado y sus ojos enrojecidos cuando removió las gafas oscuras que llevaba. (En gráfico: Las intensidades de los sismos en Ecuador)

Frente a sus ojos estaban las ruinas del edificio de cinco pisos localizado a 300 metros del mar. Todo lo que se veía en ese momento era una montaña de cemento, vigas destruidas, colchones con sábanas verdes y blancas, cajones de madera, parales de camas y un aparato de aire acondicionado desvencijado.

Cuando las retroexcavadoras golpeaban los escombros para intentar romperlos y removerlos, el piso se movía fuertemente como si volviera a temblar, una amarga sensación que a Katherine Villacis le cuesta recordar.

Ella, una mujer de 25 años que trabaja en el hotel Bocana, recordó cómo el Royal se fue desplomando gradualmente desde el último piso hasta el primero al ritmo del sismo.

“Todos los empleados del hotel alcanzaron a salir, pero quedó gente atrapada”, dijo a EL TIEMPO con pesar. “El domingo sacaron a dos personas: una niña con su mamá que al momento del terremoto se encontraban en un balcón en el último piso y estaban un poco más encima”, agregó. (Lea: 'Trabajaremos hasta que haya luz': rescatista en Ecuador)

Pero las esperanzas de encontrar a alguien más con vida, 72 horas después del terremoto, eran casi nulas, aunque se creía que al menos tres personas más estarían atrapadas en el mismo edificio, entre ellas, una niña a la que su abuelo esperaba pacientemente.

Según el teniente Danilo Mendoza, del cuerpo de bomberos del distrito metropolitano de Quito, este martes se podían detectar los olores de cuerpos en descomposición y por eso se descartaba la opción de encontrar a alguien más con vida.

“Lo más difícil ha sido el clima, las condiciones del terreno y saber que aquí, como este, todos los edificios están destruidos en un ciento por ciento”, le dijo a este diario.

“Estamos rompiendo lozas, muros, para sacar a alguien, pero después de mucho estudios sabemos que no hay gente viva allí adentro. Pero nos vamos a quedar aquí hasta que rescatemos a la última persona. Si pudiéramos entregarlas vivas sería maravilloso, pero, lamentablemente, ahora solo estamos entregando cuerpos”. (Lea también: Llega a nueve cifra de colombianos muertos en terremoto de Ecuador)

El 90 por ciento de Pedernales está destruido y, al igual que Manta, no hay agua ni luz. Casi todas las casas se cayeron y ahora son registradas por sus dueños, que buscan desde ropa hasta electrodomésticos. Incluso hay quienes han logrado sacar salas completas, colchones maltrechos y neveras, que terminan en las camionetas o camiones que sacan a muchos de los habitantes que decidieron partir.

Las personas hacen fila para recibir las bolsas en las que hay elementos de aseo personal, comida y líquidos. “Recién estamos recibiendo alimentos y agua porque los primeros días no había comida. En el primer día no se comió nada, pero en estos momentos de angustia ni hambre da”, dice Steve Castro.

A pesar de que muchos han decidido dejar Pedernales porque lo perdieron todo, otros han decidido quedarse y hacer parte de la reconstrucción, que el presidente de Ecuador, Rafael Correa, dijo que podría tardar hasta tres años. (Además: Colombia, a la espera de noticias de 223 connacionales en Ecuador)

A los 78 años, Antonio Farias espera sentado a las afueras de su casa esquinera con su familia y afirma que los daños que produjo el sismo le causan mucho dolor. “Estoy apenado por todo el desastre que ha habido”, afirma. “Pero ¿para dónde me voy yo? No tengo para dónde irme. Aquí renací y aquí me quedo”.

“Va a ser una lucha larga, no nos engañemos”, dijo por su parte el presidente Correa en una gira por Manabí. También hizo cálculos sobre la pérdidas producidas por el sismo: “Yo calculo, grosso modo, 2.000 (millones), 3.000 millones de dólares. Dos puntos, tres puntos del Producto Interno Bruto”. Y el ministro ecuatoriano de Relaciones Exteriores, Guillaume Long, habla de que unos 20.000 ecuatorianos perdieron sus hogares.

A pesar del estruendo de la maquinaria pesada, un silencio, casi reverencial, sigue reinando en Pedernales. Silencio. Silencio en el paraíso, silencio en el corazón.

SANDRA MILENA RAMÍREZ
Redacción Internacional
Enviada especial de EL TIEMPO
Pedernales (Ecuador)

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