Este es el otro panorama que se vive en las ciudades afectadas

Este es el otro panorama que se vive en las ciudades afectadas

Rescatistas siguen buscando vida bajo los escombros. Ya son 480 los fallecidos y 4.560 los heridos.

19 de abril 2016 , 09:22 a.m.

Ya son 480 muertos y 4.560 heridos y siete connacionales fallecidos los que deja el terrible movimiento telúrico de 7,8 de magnitud que sacudió a la costa de Ecuador el pasado sábado.

Son varias las ciudades que han resultado afectadas del país vecino. Pedernales, que fue el epicentro, no tiene luz ni agua ni comida, al igual que sus vecinos en Manta, Bahía de Caraquez. Y la lista continúa.

Miles de personas están a la espera de ayuda para superar unos de los peores terremotos en Ecuador. El más terrible en 40 años.

El desastre no solo dejó edificaciones en el piso, apartamentos destruidos y calles con grietas; el terremoto trajo consigo mucho más: familias sin techo, rostros con lágrimas por donde se mire y la desesperanza que se ha apoderado de los ecuatorianos.

El llanto, lo que se ve en las calles todos los días

 

En Manta, los ciudadanos dicen que “pareciera como si los hubieran bombardeado”. Las calles están llenas de vidrios, tejas, postes caídos y cables que cuelgan de todos lados. Los rumores corren de un lado al otro sobre la gente que está atrapada.

Por donde se mire, mujeres, hombres, niños y ancianos derraman lágrimas por los heridos, las víctimas y sus familiares que aún buscan.

Los hospitales improvisados

El terremoto provocó hasta ahora  2.658 heridos y 805 edificaciones destruidas. Además, 2.959 personas han sido trasladadas a albergues. Se instalaron carpas para recibir cadáveres, tratar a los heridos y distribuir agua, alimentos y mantas a los sobrevivientes.

Las autoridades ecuatorianas han tenido que adecuar cualquier calle para atender a las personas que resultaron afectadas. Con colchonetas, sillas y en un lugar para huir del sol y el extenuante clima, los heridos son atendidos por los médicos disponibles para atender la magnitud de la emergencia.

La muerte llegó a Ecuador

Desde el sábado, la cifra va en ascenso. Los ecuatorianos se sienten cada vez más angustiados. De 200 muertos reportados el domingo, la cifra este martes ya alcanza los 400. Familiares frente a las edificaciones totalmente derrumbadas rezan para que no sea uno de los suyos. Ahora la muerte hace parte de su cotidianidad, los ataúdes son los que ocupan el baúl de varios carros y camionetas.

La necesidad de ataúdes para sepultar a las víctimas del terremoto, que afectó el sábado al país, hizo que varias funerarias de Guayaquil enviaran varios féretros a las ciudades más afectadas.

El panorama en cada una de las ciudades es de tristeza. Familiares tienen que superar la muerte de sus seres queridos para velarlos en cualquier lugar que aún esté en pie. El clima hace más difícil el manejo de los cuerpos sin vida. La descomposición y el calor hacen sentir más la tragedia.

Las calles, el nuevo hogar de los ecuatorianos

A unos 181 kilómetros al norte de Portoviejo, en la devastada localidad de Pedernales, los sobrevivientes pasaron la noche en colchones o sillas de plástico al lado de los restos de sus casas. 

 "Tenemos miedo de estar en la casa, que quedó prácticamente destruida. Hemos sacado algunas cosas básicas", dijo Yamil Farfán, un empleado privado de 47 años que estaba junto a unas 30 personas en una calle de Portoviejo. "Cuando esto mejore y paren las réplicas veremos si podemos repararla".

Los héroes que buscan víctimas y ayudan a los sobrevivientes

A punto de cumplirse las 72 horas decisivas para encontrar bajo los escombros sobrevivientes del potente terremoto, bomberos y equipos de rescate seguían este martes buscando incansablemente señales de vida en calles devastadas con olor a muerte. Al amanecer, la emoción del rescate con vida de una mujer en un centro comercial de Tarqui, en la ciudad de Manta, devolvió la esperanza a socorristas y familiares de desaparecidos.


Han sido varios los países que se han solidarizado con Ecuador y han enviado personal y ayuda para los afectados. Colombia, Chile, Perú y Canadá trabajan en los derrumbes más grandes, mientras que en las casas pequeñas son los mismos ciudadanos quienes no ceden ante el desespero y mantienen la calma para buscar entre toneladas de cemento a alguien con vida.

En la búsqueda urgente de agua y comida

El agua es un bien escaso. Son muy pocos los locales comerciales que se mantienen abiertos y los que venden líquidos o alimentos. Y los que están abiertos, atienden detrás de las rejas, pues saben que hay muchos que están dispuestos a hacer lo que sea por algo de comida, incluso a pagar el doble, pues la ayuda humanitaria, según muchos de los afectados, todavía no ha llegado y el atún y el arroz que quedaba en las alacenas ya se está acabando

Los animales, los otros damnificados

 En medio del dramático escenario, la mirada de Ecuador y el mundo se ha centrado en las víctimas humanas, pero hay otro llanto, a veces silencioso: el de los animales a los que también se les derrumbó todo, porque también están entre las víctimas de la tragedia. "Los animales son seres que sienten, que necesitan tener derechos, no podemos mirar hacia otro lado, remarcó Jordan Cruz, de la asociación Defensa de la Vida Animal, quien recibe alimento balanceado para perros, gatos y animales de granja, así como medicamentos e insumos médicos.

ELTIEMPO.COM CON AGENCIAS

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