'Shakespeares' hechos en Colombia

'Shakespeares' hechos en Colombia

El teatro nacional siempre ha estado fascinado con la obra del inglés, fallecido hace 400 años.

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18 de abril 2016 , 08:59 p.m.

El tema saltó durante una charla que sostuvieron hace un par de años el director del Festival de Teatro de Manizales, Octavio Arbeláez, y el director, actor y fundador de Teatro Petra, Fabio Rubiano, acerca de William Shakespeare.

¿Fue el dramaturgo inglés el verdadero y único autor de todas las obras que se le atribuyen?

Era una conferencia a cuatro manos titulada ‘Los fantasmas de Shakespeare’ y “nosotros estamos, obviamente, del lado de los ‘buenos’”, recuerda Rubiano. Ambos coincidieron en que el escritor sí fue el autor de todas esas piezas teatrales, partiendo del libro 1599: un año en la vida de Shakespeare, de James Shapiro.

Relataron los pormenores del día a día de The Globe, el grupo de Shakespeare. Contaron esa vida de teatreros, sus trasteos, la construcción de escenografía, las complicaciones de dinero, cómo conseguían a los actores.

Más allá de esa discusión, una de las enseñanzas de la charla era recordar cómo era hacer teatro en la época de Shakespeare, cuando las obras eran un evento que duraba toda la tarde (en la noche era imposible hacerlas, ante la inexistencia de iluminación eléctrica). “Con el frío, con la gente haciendo ruido, comiendo, tomando cerveza, emborrachándose, entrando, saliendo, expresando sus opiniones frente a los actores, había teatro. Entonces ahí es donde radica el poder de la escena, una historia que esté bien contada puede hipnotizar incluso a esos que aparentemente están distraídos”, afirma Rubiano.

Esa es una de las principales razones de la longevidad de las obras de Shakespeare, el autor teatral más famoso de la historia, muerto hace 400 años (23 de abril de 1616) y a quien se rinde por estos días todo tipo de homenajes. Sus piezas se pueden montar ya sea siendo fiel al material original o adaptándolo a la realidad propia.

Lo ha demostrado el teatro colombiano, que en sus aproximaciones a las obras del bardo inglés ha dejado imágenes como Ricardo III caminando entre calaveras, Romeo y Julieta huyéndole al crimen de un barrio popular, Tito Andrónico en una historia sangrienta sin sangre, y el rey Lear hablando en verso, en español.

Rubiano es uno de los creadores que se le midió a la tarea de llevar un clásico shakesperiano a escena, Tito Andrónico, que adaptó bajo el nombre de Mosca en el 2002. Es, tal vez, la historia más violenta del autor, incluso hace poco se montó en el Shakespeare’s Globe, de Londres, y corrieron noticias de desmayos de decenas de espectadores ante las sangrientas escenas.

Dice Rubiano que Tito Andrónico produce fascinación por ser una especie de precursor del gore, es decir, mutilaciones, asesinatos, violaciones, cortadas de mano, de lengua.

“Todo, enmarcado dentro de una estructura dramática shakesperiana, que por lo general son perfectas –asegura–. La particularidad de Tito Andrónico es que tiene ciertas alteraciones, no es la pieza más elaborada ni más profunda de Shakespeare, pero tiene uno de los personajes más interesante dentro de su etapa farsesca, Aarón, que dice que es malo porque sí, es una cosa que tiene consecuencia sin causa”.

En Mosca, Rubiano decidió darle una vuelta de tuerca al tono de la historia e hizo una pieza sangrienta sin sangre, en la que la violencia fuera transformada no en acciones violentas, que, según el director, en el escenario por lo general se sienten “falsas”, sino trasladar la violencia a otro lugar.

“El ejemplo es la escena central, la violación de Lavinia –apunta Rubiano–. Lo hacemos en un monólogo de más o menos 20 minutos y es de las cosas más recordadas de la pieza, que se siente más violenta cuando él le mete las manos en la boca y da la sensación de la violación. Pero no hay ningún gesto evidente de lo que es una violación, sino que por medio de otros elementos se pueda llegar a eso”.

Los grandes clásicos

En el nacimiento del teatro contemporáneo moderno colombiano, desde mediados del siglo XX, uno de los primeros que se le midieron a llevar a escena uno de los grandes clásicos shakesperianos fue el maestro caleño Enrique Buenaventura, quien montó Sueño de una noche de verano en 1958 y también Macbeth en 1967, con La Casa de la Cultura, luego rebautizada como Teatro La Candelaria.

Uno de los principales interesados en la obra del inglés ha sido el Teatro Libre, bastión del repertorio clásico en Colombia, que en 1978 decidió entrar en la empresa de adaptar El rey Lear. Era un cambio de estilo para un grupo que, como muchos de la época, se había dedicado a una dramaturgia nacional comprometida con la situación social del país.

“El Teatro Libre se dio cuenta de que habíamos llegado a un punto en el que no había avance, y de que era necesario, para aprender a actuar, a escribir y a dirigir, meternos con los grandes dramaturgos, los clásicos. Entonces se decidió meternos con el más grande, Shakespeare, y con, tal vez, su obra más profunda”, cuenta Jorge Plata, que, además de interpretar a ese monarca que decide legarle su trono a una de sus tres hijas, fue el encargado de adaptar el texto original al lenguaje español.

Más que una traducción fue una versión, dice Plata, quien decidió poner en verso las partes que estaban así en el texto en inglés (las obras de Shakespeare generalmente se dividen, afirma el artista, en un 80 por ciento de verso y un 20 de prosa).

“En general, las traducciones al castellano se hacen en prosa, entonces se pierde el ritmo, la sonoridad del verso. Nosotros queríamos recuperar la música del verso en la obra; obviamente, es un verso distinto al inglés, tiene otra sonoridad, otra rítmica, pero recuperaba la que queríamos”.

El actor, que también ha hecho versiones en español de Macbeth, Julio César, Sueño de una noche de verano y Comedia de las equivocaciones, le dedicó un año y medio de esfuerzo a ese trabajo de texto de El rey Lear. El montaje fue dirigido por Ricardo Camacho y Germán Moure, y era protagonizado por un destacado elenco con actores como Humberto Dorado, César Mora, Germán Jaramillo y Héctor Bayona, quienes también hicieron una profunda investigación para empaparse del contexto histórico de la obra.

“(Camacho y Moure) fueron una pareja que se entendió y se complementaba muy bien –añade Plata–, entonces la dirección de ellos ayudó mucho al éxito del montaje, y también la escenografía y el vestuario, diseñados por Enrique Grau”.

Otro de los recordados montajes shakesperianos de esa época fue el Ricardo III del desaparecido Teatro Popular de Bogotá (TPB), dirigido por Jorge Alí Triana, adaptado por Gabriel y Olga Restrepo, y con Gustavo Angarita encarnando el papel del rey deforme.

El actor recuerda que ese montaje, en el que también actuaban Jairo Camargo, Vicky Hernández, Laura García y Víctor Hugo Morant, entre otros, fue un experimento que hicieron basados en improvisaciones del grupo de actores. “Nos quedó un Shakespeare muy dialogado, muy comunicativo. Los discursos de Ricardo no eran una cosa solemne, sino algo dialogado, y el público se sentía aludido y elevado a la categoría de interlocutor”, dice Angarita.
Es por esa pieza por lo que para muchos colombianos “Gustavo Angarita es Ricardo III”, como lo dice el propio Jairo Camargo en la obra Villanos de Shakespeare, pero hay otra memorable versión de la obra.

En el 2000, Mapa Teatro estrenó su adaptación de esta tragedia histórica, que se daba en uno de los momentos más álgidos de la violencia colombiana. “Indudablemente, yo creo que el contexto, la ecología, todo lo político que había en Shakespeare estaba muy emparentado con las preguntas del contexto histórico de Colombia. Entonces, de todas las tragedias de la guerra de las Dos Rosas, la que más nos llamó la atención fue Ricardo III por el problema del mal”, cuenta Heidi Abderhalden, quien dirigió el montaje junto con su hermano Rolf.

Era una puesta en escena simbólica, llena de imágenes sombrías, que daba continuidad al trabajo vanguardista de Mapa, especializado en intervenir lugares urbanos de Bogotá y que en este montaje empezó a trabajar en su nueva sede, una casa en el centro de Bogotá que tenía el nombre de Laboratorio de Artistas.

“Era una casa en ruinas, y nosotros lo que hicimos fue levantarla un poco y adecuarla también a lo que sentíamos que reflejaba estéticamente nuestro sentir de Ricardo III. Primero que todo, que no iba a haber un Ricardo III y no iba a tener rostro, porque la figura del mal no tenía rostro, en ese momento fue cuando los Castaño empezaron a dar entrevistas de espaldas y no se les veían los rostros”.

Una de las imágenes más impactantes de ese montaje eran las hileras de calaveras por las que caminaban los actores, un reflejo del trabajo de artes vivas y de instalaciones en los que se había especializado Mapa. “Era cómo esa casa, cómo ese espacio iba siendo invadido por el mal y, por supuesto, estaba profundamente afectado por la situación política del país, que aún persiste pero que en los noventa estaba en unas condiciones terribles. Las calaveras se volvieron la figura que iba marcando el tiempo de la obra”, añade Abderhalden.

En otras ciudades del país también se han visto montajes de Shakespeare. En Medellín, por ejemplo, el Pequeño Teatro montó Macbeth y La tempestad, y La Hora 25, bajo la dirección del fallecido Farley Velásquez, trasladó las historias de la época isabelina al contexto de la capital antioqueña.

“Los ortodoxos y grandes hombres, pensadores de Shakespeare y de la literatura clásica, nos lo han puesto muy lejano, como si fuera inalcanzable. Los grupos que han montado los clásicos nos han mostrado que ellos están hablando del ser humano y que son tan actuales como cualquier obra de teatro que se escribió ayer o se va a escribir mañana”, le dijo Velásquez a EL TIEMPO en una entrevista.

Así fue como la trama de poder de Macbeth y la historia de amor de Romeo y Julieta llegaron a las comunas de Medellín bajo la visión de Velásquez, quien falleció el primero de septiembre del año pasado.

“Shakespeare da para todo”, decían Daniel Rabinovich y Marcos Mundstock, miembros del grupo humorístico-musical argentino Les Luthiers, en un hilarante diálogo que hacía un magistral pero desordenado resumen de la obra del inglés.

Y razón tenían.

‘Macbeth’, en temporada

Con la dirección de Pedro Salazar, y con Christian Ballesteros como el militar escocés que emprende un sangriento camino al trono, el Teatro Colón está presentando una versión de la tragedia ‘Macbeth’, de Shakespeare.

La pieza parte de una traducción del escritor australiano Joe Broderick, quien también ha llevado al español ‘Hamlet’, que se montó en una coproducción con México en el 2006; ‘Otelo’, también bajo la dirección de Salazar y que se estrenó el año pasado, y ‘Medida por medida’, una de las llamadas ‘obras problema’ de Shakespeare, ya que no clasifica ni como tragedia ni como comedia.

‘Macbeth’: Hoy, 10 a. m. Del 20 al 23 de abril, 7:30 p. m. 24 de abril, 5 p. m.
Teatro Colón. Calle 10.ª n.° 5-32. Informes: 381 6358. Boletas: 30.000, 40.000 y 50.000 pesos.

YHONATAN LOAIZA GRISALES
Cultura y Entretenimiento
En Twitter: @YhoLoaiza

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