Indígenas nasas reconstruyen iglesia destruida en conflicto de tierras

Indígenas nasas reconstruyen iglesia destruida en conflicto de tierras

Miembros del resguardo San Andrés de Pisimbalá ayudan a recuperar los muros del templo incendiado.

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18 de abril 2016 , 08:43 p.m.

Cali. Amasando barro y boñiga de ganado, los indígenas nasas ahora tratan de recuperar esa pequeña capilla de paredes blancas, que ardió desde la medianoche del miércoles santo de hace tres años.

El 27 de marzo de 2013, y hasta la madrugada del día siguiente, la llamarada iluminó la vasta meseta donde el templo, con su emblemático techo pajizo, ha sobresalido a lo largo de 280 años en las tierras del resguardo San Andrés de Pisimbalá, ubicado en el corregimiento caucano del mismo nombre.

La localidad se encuentra en el municipio Inzá, en el oriente de este departamento.

Allí, el incendio que devoró el templo movilizó a las más de 250 familias nativas, que impotentes, en mitad de la noche, lo vieron consumirse por el fuego a causa de una disputa de tierras y de poder en el manejo de inmuebles que desde la llegada de los españoles hasta estos tiempos han caracterizado al Cauca, pugnas entre indígenas, labriegos, mestizos de la región y, actualmente, con actores armados ilegales.

En ese 2013, estamentos nacionales y culturales del país lamentaron la destrucción de este patrimonio nacional o bien de interés cultural, pues es una de las seis capillas doctrineras que se mantienen en pie,que han resistido los avances de las épocas modernas, y que recuerdan cómo fue el choque cultural, tras la Conquista y la Colonia española, por la evangelización de las comunidades aborígenes.

Por ese motivo reciben el nombre de doctrineras. Originalmente eran 12 capillas que los españoles y la Iglesia católica hicieron construir a los nasas entre los siglos XVII y XVIII, gracias a lo cual la capilla de San Andrés de Pisimbalá se constituyó en un símbolo de sincretismo religioso y arquitectónico, por la mezcla de deidades de los indígenas con la veneración y el respeto al cristianismo.

De las doce iglesias, seis desaparecieron, lo que le dio más valor a la construcción en adobe de San Andrés de Pisimbalá, cuyas imponentes vigas de unos 15 metros de longitud la soportan de lado a lado en la parte superior.
Está en inmediaciones al Parque Arqueológico Nacional Tierradentro, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), en 1995.

Es por eso que la capilla tomó gran significado y ha esperado por una nueva restauración. Sería la segunda en cuatro décadas, pues un primer incendio en 1975, que habría sido accidental por cuenta del hijo del entonces alcalde de Inzá, la devastó. Fue levantada, de nuevo, por los nasas en el año 76 con la guía del arquitecto caleño José Luis Giraldo.
Ahora, los nietos de esos nasas y otros herederos en una nueva generación son quienes empezaron este año a darle una mano al renacimiento de la capilla de San Andrés de Pisimbalá. Han venido empañetando las paredes con la técnica que aprendieron de sus antepasados y que solían aplicar en la pequeña parroquia y en su techo de paja para evitar que se deteriorara.

Hoy, esta labor la están desempeñando más animados que nunca desde que, en diciembre pasado, la iglesia volvió a ser epicentro de eucaristías, pues desde el incendio del 2013 se realizaban en el aula máxima del único colegio cercano. La capilla ya recibe a los nasas feligreses cada domingo con la bendición del obispo y monseñor Óscar Augusto Múnera, como Vicario Apostólico de Tierradentro. El prelado ha estado pendiente del retorno de las eucaristías y de la resurrección del templo desde hace ocho meses, cuando llegó a esta zona de Cauca.

Fue así como presidió la celebración de la Semana Santa de este año en la capilla doctrinera, por la que hoy los nativos suelen organizar mingas con venta de sancochos, con el objetivo de reunir dineros para los materiales y seguir mejorando las paredes.

La imagen muestra la capilla doctrinera de San Andrés de Pisimbalá (Cauca) en el instante en que era pasto de las llamas, en marzo del año 2013.

El año pasado se colocaron guaduas y láminas de zinc en el techo, 250 de las cuales fueron entregadas por el Ministerio de Cultura y otras 50 por el resguardo, para proteger de las lluvias el interior de la construcción, mientras se hace su total restauración.

Los nativos tienen más empeño, como lo reconoció monseñor Múnera, desde que la ministra de Cultura, Mariana Garcés, visitó la zona el mes pasado para entregar la restauración de otras cuatro capillas doctrineras patrimoniales: la de San Pedro Apóstol, del resguardo Togoima; San Antonio, del resguardo Chinas; San Miguel, del resguardo Avirama; y Santa Rosa, del resguardo Suin, todas en el municipio Páez-Belalcázar, también en el oriente de Cauca.
En los casos de las de Chinas y Suin, la intervención de la pintura mural de los retablos es un proyecto programado para este 2016.

En esa visita a Cauca, la Ministra les anunció a los nasas de Pisimbalá que su cartera entregará recursos para que el techo de su iglesia vuelva a ser de paja, pero además para fortalecer las paredes que ya miembros del resguardo están reforzando con la masa de barro y boñiga.

Además les recalcó la importancia de que se trabaje con parámetros técnicos y siempre con la mano de obra de los nasas. Aseguró que espera que la dotación con imágenes sacras y la consolidación de la restauración en general se haga en el 2017.

Garcés comparó el proceso de recuperación de la capilla con el de las otras cuatro que entregó y que venían deterioradas por el tiempo; en estas últimas, el proceso de mejoras tardó dos años, luego de que el Ministerio de Cultura suscribió un contrato interadministrativo con la Financiera del Desarrollo Territorial S. A. (Findeter) por 5.041 millones de pesos. Los dineros para las obras fueron administrados por Findeter.

La sexta capilla doctrinera y también patrimonial es la de Santa Rosa de Lima, la primera en ser restaurada, en 2007, y bajo supervisión del Ministerio, asimismo, con manos de indígenas del mismo resguardo, ubicado en Páez-Belalcázar.

“Sin los indígenas no habrían sido posibles las obras de las capillas con material de la región”, dijo Olga Lucía Velasco, asesora técnica en estas restauraciones. Monseñor Múnera espera que Velasco continúe el proceso con la capilla de San Andrés de Pisimbalá, donde la Ministra solicitó que la comunidad se comprometa a velar por el cuidado de la iglesia y a que no sea quemada de nuevo.

Por esta razón, los indígenas se han convertido en sus guardianes día y noche, mientras avanza el trabajo en las paredes.

“Es en estos espacios, con maravillosos paisajes, donde todas aquellas frases que repetimos cobran sentido. Aquí es donde se recoge la plurietnia y la multiculturalidad de Colombia. Nosotros sentimos que la paz está más cerca que nunca, pues muchas veces en Bogotá no sabemos lo que la gente ha vivido del conflicto armado. Como Estado colombiano hacemos presencia a través de los hechos, a través de este tipo de obras de infraestructura que recogen el sentir comunitario”, sostuvo Garcés.

“Se está haciendo un mantenimiento a la de San Andrés de Pisimbalá –dijo monseñor Múnera, y se mostró complacido de que la iglesia está funcionando otra vez, después de tres años–. Los indígenas no habían intervenido en la capilla esperando que el Ministerio diera posibilidad de recuperarla, porque es un patrimonio y no se puede tocar. Pero en la capilla se volvieron a efectuar las homilías porque se conservaron los muros en tapia pisada y bahareque. El problema ha sido el techo”.

La Alcaldía de Inzá informó que ha estado pendiente de la recuperación de San Andrés de Pisimbalá y desde hace dos años se aunaron esfuerzos para la actualización del levantamiento de la iglesia con el cableado eléctrico y estudios del reforzamiento estructural, que incluyeron uno de riesgo sísmico.

El origen de la capilla de San Andrés de Pisimbalá se remonta a 1736, cuando empezó su construcción. Fue finalizada por el sacerdote Joaquín Núñez de Tobar en 1785. En el 2005, el Ministerio de Cultura firmó la declaratoria como bien de interés cultural.

La disputa que involucró a esta parroquia tuvo que ver, de acuerdo con los moradores de la zona, con la decisión de la entonces Alcaldía de Inzá, en el 2010, de que la institución educativa Microempresarial Agropecuaria de San Andrés de Pisimbalá ya no sería manejada por indígenas como era su anhelo para fomentar la etnoeducación, sino que sería un plantel del sistema educativo colombiano.

Desde ese entonces, hubo confrontaciones hasta que desconocidos encendieron el patrimonio, por lo que el turismo se afectó.

Nunca se estableció quiénes fueron los responsables de la destrucción de este pequeño templo, imagen de postales, y que ardió en lo alto de esa meseta, pero que en la actualidad resurge de las cenizas como el ave Fénix, por cuenta de los mismos indígenas, quienes la están ‘resucitando’ para continuar asistiendo a misa, como lo venían haciendo sus padres y abuelos, y lo hicieron sus ancestros durante tres siglos atrás.

CAROLINA BOHÓRQUEZ
Corresponsal de EL TIEMPO

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