Podredumbre

Podredumbre

Decir delincuentes es decir poco para quienes desvían los recursos públicos.

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18 de abril 2016 , 04:47 p.m.

Decir bandidos es decir poco para quienes cometen crímenes atroces como el de robar la plata que está destinada para alimentar a los niños de las escuelas que atienden a la población menos favorecida.

Decir delincuentes es decir poco para quienes asaltan las arcas del Estado o desvían los recursos públicos. Para quienes toman el dinero de todos como si fuera propio.

Decirles ladrones es decirles casi nada a quienes han convertido los cargos oficiales en fuentes de enriquecimiento personal, a quienes cobran comisión por asignar un contrato o por nombrar a un funcionario.

Es difícil imaginar qué tienen en la cabeza quienes son capaces de meter en sus bolsillos la plata con la que han debido darles almuerzo a los niños que están al borde de la desnutrición.

Es difícil imaginar qué les corre por las venas a quienes dejan de hacer un hospital que podría salvarles la vida a cientos de miles de compatriotas, y desvían con engaño esos recursos para sus cuentas propias, para sus lujos.

Es difícil –y muy triste– determinar en qué momento la podredumbre se apoderó de tantas instituciones públicas: como un cáncer que de repente empieza a hacer metástasis en todo el organismo. De qué manera los corruptos, que alguna vez fueron la excepción, empezaron a multiplicarse en tal grado. De qué manera se fue volviendo común la idea de que se aspira a ciertos cargos públicos sencillamente porque de allí se puede salir enriquecidos: sin mayor riesgo... sencillamente, compartiendo con ciertas fichas claves una parte de esa ganancia extraordinaria.

Pero se sabe que así es –¡es un secreto a gritos!– y los organismos de control y de vigilancia no hacen todo lo que debieran para prevenir este mal, para atacarlo. Y en algunos casos su omisión se debe a que forman parte del negocio o a que están distraídos, pensando por ejemplo en su indebida participación en política.

No hay duda: estamos en mora de actualizar y de endurecer las penas que deben pagar quienes cometen crímenes de esta índole. Y estamos en mora de hacerlas cumplir.

Sí, decir bandidos es decir poco para quienes dejan de alimentar como es debido a los niños o para quienes dejan de construir hospitales porque se apropian del dinero con el que deberían hacerlo. Detrás de esos robos hay crímenes atroces. Para no ir muy lejos, hay asesinatos disfrazados. Y deben pagar por ellos.


Fernando Quiroz

@quirozfquiroz

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