Acuerdo climático de París, un convenio para la paz y la prosperidad

Acuerdo climático de París, un convenio para la paz y la prosperidad

El 22 de abril se llevará a cabo la ceremonia de firma de lo convenido en la pasada COP21.

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17 de abril 2016 , 08:17 p. m.

Un acuerdo ambicioso, equitativo y vinculante

El pasado 12 de diciembre vivimos un momento especial de optimismo y euforia. Fue una cita exitosa entre la humanidad y su destino.

El acuerdo de París demostró la eficacia del multilateralismo. En un contexto diplomático difícil, probó la capacidad de todos los Estados para superar sus divergencias con el fin de afrontar, juntos, retos comunes. La COP21 permitió también medir la determinación de los gobiernos locales, de las empresas y de todos los protagonistas no estatales para entrar en un mundo resiliente ante los impactos climáticos, para construir una economía ‘descarbonizada’, como ya fue el caso a partir de junio de 2015 con motivo del G7 en Alemania.

Este acuerdo es ambicioso: se afirma el objetivo de contener la elevación de temperaturas muy por debajo de 2° C, y el de esforzarse para limitarla a 1,5° C. Esta ambición se traduce concretamente en una trayectoria mundial de emisiones de gas de efecto invernadero: un límite máximo de emisiones lo más pronto posible y una neutralidad de estas en la segunda mitad del siglo. Además, la adaptación a los efectos del cambio climático se trata por primera vez con la misma importancia que la reducción de emisiones de gas de efecto invernadero.

Se trata también de un acuerdo equitativo, a la vez diferenciado y solidario. Todos los países se comprometen en un acuerdo universal que refleja los compromisos de los países desarrollados para bajar sus emisiones y que reconoce la convergencia progresiva de los países en desarrollo hacia una reducción de esta naturaleza, en función de las capacidades y circunstancias nacionales respectivas. El acuerdo afirma por cierto la obligación de apoyo a los países en desarrollo en sus esfuerzos de reducción de emisiones y adaptación. La decisión que lo sostiene mantiene hasta el 2025 el compromiso de los 100.000 millones de dólares al año, que servirán de base a un objetivo financiero más ambicioso.

(Especial: El futuro del planeta se juega en París)

Finalmente, se trata de un acuerdo vinculante. Se establece un sistema mundial de transparencia, con el fin de asegurar la eficacia con el paso del tiempo y de fortalecer la confianza entre los países. El acuerdo permitirá estar al tanto de los avances de cada uno en materia de atenuación de los efectos del cambio climático y de adaptación a ellos, tomando siempre en cuenta las distintas capacidades de los países.

Lograr el éxito del pos-París

La aprobación del acuerdo de París el pasado mes de diciembre ya ha creado un movimiento. En el sector privado, por ejemplo, se confirma que hay un ‘antes’ y un ‘después’ de París. Grandes grupos energéticos revisaron su estrategia de desarrollo para hacerla compatible con una trayectoria ‘2° C’.

Blackrock, el inversionista más grande del mundo, pidió a sus empresas que tomaran en cuenta el cambio climático. La quiebra del gigante del carbón Peabody este mes y la venta hace unos días, por parte del gobierno saudí, de una parte de sus acciones en la empresa Aramco, son quizás todos ellos signos de que tanto el mercado como los grandes protagonistas de estos sectores anticipan el fin de la era de las energías fósiles.

Sin embargo, el acuerdo de París no producirá verdaderos efectos jurídicos sino hasta después de haber entrado en vigor. Luego de la aprobación por consenso en diciembre pasado, debe entonces venir la firma y la ratificación correcta y debidamente. El acuerdo se abrirá para su firma el 22 de abril en Nueva York, con motivo de una ceremonia de alto nivel; el objetivo consiste en obtener, al menos, un centenar de firmas.

Posteriormente, los países tendrán un año para ratificar el acuerdo. Para que entre en vigor, el tratado requiere una ratificación de por lo menos 55 Estados que representen, como mínimo, 55 por ciento del volumen total de emisiones de gas de efecto invernadero.

Francia y Alemania formarán parte de los primeros países en ratificar el acuerdo. Nuestros países hacen un llamado a todos los Estados de la COP21 a hacer lo propio rápidamente. En Francia, el proyecto de ley de ratificación ya fue presentado al Parlamento y podría ser aprobado a partir de este verano.

La cita de Nueva York dará también la pauta para hacer que avance ‘la agenda de soluciones’ inaugurada en París, a través del lanzamiento de numerosas coaliciones multiprotagonistas sobre los principales aspectos del reto climático: otros financiamientos, energías renovables, agua y adaptación, y gestión de riesgos climáticos.

Así, en el Plan de Acciones Lima-París, Estados y protagonistas no estatales se habían aliado para restaurar 150 millones de hectáreas de bosques antes de 2020 y proteger 400 millones de hectáreas en la Amazonia; para firmar el pacto sobre agua y gestión de ríos, que ya ha comprometido a 280 socios; o incluso, para lanzar una coalición internacional cuyo objetivo consiste en la fabricación de un vehículo eléctrico con un costo inferior a 7.000 dólares. Hasta la fecha, varios miles de ciudades, regiones, empresas e inversiones se han comprometido públicamente por el clima.

Finalmente, a partir de la próxima sesión de negociaciones –que tendrá lugar en mayo en la ciudad de Bonn (Alemania)– y luego con ocasión de la COP22 de Marrakech (Marruecos), en noviembre, vamos a tener que precisar y completar el acuerdo de París; por ejemplo, detallar las modalidades del sistema de transparencia, preparar la ‘cita’ de 2018 sobre la ambición o incluso reforzar la cooperación entre los Estados sobre la adaptación a los impactos climáticos.

Compromiso común en favor del clima y la paz

Colombia es un socio de primera importancia en las negociaciones climáticas y permitió –gracias a los esfuerzos incansables de sus negociadores y al papel constructivo de la Asociación Independiente de América Latina y el Caribe (AILAC)– que se lograra el compromiso inesperado del pasado 12 de diciembre.

El reto consiste ahora en mantener esta dinámica positiva, en particular creando las condiciones de una puesta en marcha exitosa de nuestras contribuciones nacionales respectivas e intensificando el compromiso de nuestros países en la ‘agenda de soluciones’.

(Vea: Cinco preguntas que siempre se ha hecho sobre el cambio climático)

Las voces de Colombia y de la AILAC contaron para el éxito del COP21. Contarán otra vez para el éxito del pos–París.

Conocemos los retos ante los cuales Colombia se encuentra expuesta debido a los cambios climáticos: fenómenos meteorológicos cada vez mayores como la sequía extrema que sufrió el país este año, la escasez creciente de sus recursos hidráulicos o incluso el riesgo de una reducción de su muy rica biodiversidad, por no citar más que algunos ejemplos patentes.

El cambio climático plantea también un reto económico en un país considerado como un gran exportador de carbón y petróleo, que podría aprovechar su importante potencial en energías renovables.

Nuestros dos países han establecido con Colombia asociaciones para hacer frente a estos desafíos ambientales. Numerosos proyectos están centrados así en el desarrollo sostenible:

Alemania participa, por ejemplo, en una operación multilateral del tipo ‘pago por resultados’ con los objetivos de una reducción de emisiones y la protección de bosques, junto con Noruega y el Reino Unido, por un presupuesto de 300 millones de dólares (275 millones de euros). Alemania coopera también con Colombia en una serie de prestaciones programáticas para el desarrollo sostenible por un valor de 300 millones de euros. Además, apoya el ordenamiento y la gobernanza ambiental de los parques naturales de Colombia con una donación de 35 millones de euros.

Por su parte, la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD) concedió un ‘préstamo clima’ de 275 millones de euros, firmado con motivo de la visita del primer ministro Manuel Valls el pasado 25 de junio. La AFD ya ha puesto en marcha una cooperación técnica en favor de un desarrollo rural sostenible, factor decisivo ante el reto de construir la paz en los territorios, y se compromete también en proyectos de transportes y ciudades sostenibles.

En estas últimas, que concentran el 75 por ciento de la población del país, la AFD ha desarrollado financiamientos y un diálogo sectorial sobre los temas de la planificación urbana, la movilidad sostenible y la gestión de recursos naturales, tanto a escala nacional (con Findeter o el DNP) como a escala local (con Medellín para el proyecto Tranvía de Ayacucho). Finalmente, la AFD trabaja también sobre las energías renovables, con EPM.

Además, por medio del Fondo Francés para el Medio Ambiente y con ejecución por la filial en Colombia de su agencia nacional de bosques (ONFA), Francia ha financiado desde el 2001 tres proyectos enfocados en la mitigación del cambio climático, que permitieron involucrar a 1.500 familias en la lucha contra la deforestación en el sur del Huila y reforestar 4.000 hectáreas para capturar carbono en el Caribe.

(Lea aquí: Dos colombianos, en el grupo de sabios en cambio climático)

Como lo recordaron recientemente nuestros gobiernos durante un consejo de ministros conjunto, Francia y Alemania velan juntas por cumplir los compromisos asumidos ante la comunidad internacional, como el de acelerar la transición energética y la reconquista de la biodiversidad, entre otros. Asumimos nuestras responsabilidades, al lado de nuestros socios europeos, trabajando para una rápida puesta en marcha de políticas energéticas respetuosas de nuestro clima.

La Unión Europea, en efecto, se comprometió a reducir sus emisiones de gas de efecto invernadero en por lo menos 40 por ciento en 2030 con relación a los niveles de 1990.

Juntos, con Colombia, ratificamos e implementamos el acuerdo de París y asumimos con decisión la urgencia de los retos climáticos. Juntos podemos contribuir a la construcción de un mundo que disfrute de una paz y una prosperidad duraderas.

JEAN-MARC LAFORÊT Y GÜNTER KNIESS
Embajadores de Francia y Alemania en Colombia, respectivamente

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