Desde Lesbos, el Papa pide a la UE respuestas migratorias dignas

Desde Lesbos, el Papa pide a la UE respuestas migratorias dignas

Tras su visita a la isla griega Francisco se llevó a tres familias sirias a vivir en el Vaticano

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16 de abril 2016 , 08:19 p.m.

Europa quiso esconder a los refugiados tras las vallas del centro de detención de Moria, en la pequeña isla griega de Lesbos.

El papa Francisco entró este sábado en Moria, pidió una solución al drama de los refugiados e imploró “la atención del mundo, que debe responder con humanidad”.

La visita de Francisco a Lesbos, acompañado por el patriarca de Constantinopla y líder religioso de 300 millones de cristianos ortodoxos, Bartolomé I, y por el arzobispo de Atenas, Jerónimo II, pretendía dar luz al trato inhumano de la UE a quienes huyen de las garras de la guerra.

Antes de aterrizar en Lesbos, Francisco ya había marcado el tenor de su visita: “Este es un viaje marcado por la tristeza, un viaje triste. Vamos a encontrarnos con la catástrofe humanitaria más grande desde la Segunda Guerra Mundial”.

Minutos antes de despegar de Roma escribió en su cuenta de Twitter: “Los refugiados no son números, sino personas con rostros, nombres e historias y deben ser tratados como tales”.

La visita, eminentemente política, choca de frente con unas medidas alejadas de los valores que teóricamente defiende Europa. Su santidad denunció hace ya tres años “la globalización de la indiferencia” y ayer, en Lesbos, dijo que “construir muros crea divisiones entre los pueblos”.

Francisco fue recibido en el aeropuerto de Lesbos por los dos líderes religiosos ortodoxos y por el primer ministro heleno, Alexis Tsipras, quien le agradeció “su mensaje contra la guerra mientras otros líderes cristianos alzan barreras en Europa”. Francisco viajó por carretera hasta el centro de detención de Moria, donde están encarcelados más de 4.000 refugiados –al menos un tercio son menores de edad– y que en los últimos días fue adecentado como un decorado de Potemkin para intentar esconder sus peores vergüenzas.

Un centro que, como le dijo el alcalde de Lesbos, Spyros Galinos, el pasado viernes a EL TIEMPO, es una jaula y seguirá siendo una jaula aunque lo hagan de oro.

En Moria, el prelado se encontró con cientos de refugiados y compartió la comida con ocho de ellos en el interior de un contenedor.

Allí, entre escenas dramáticas de personas que se tiraron a sus pies implorando que las ayudara, les pidió que “no pierdan la esperanza”.

“Vinimos sencillamente para estar entre ustedes y escuchar sus historias. Muchos de ustedes se vieron obligados a huir de situaciones de guerra y persecución, por el bien de sus hijos, por los pequeños. Conocen el sufrimiento de dejar todo atrás, todo lo que aman y no saber qué les deparará el futuro. Esperamos que el mundo preste atención a esta situación de necesidad trágica y desesperada y responda de un modo digno de nuestra humanidad común”, dijo el Papa.

El arzobispo de Atenas, Jerónimo II, dijo que Moria muestra “la bancarrota de humanidad y solidaridad que ha mostrado Europa estos años”, y ante los refugiados declaró que “quienes les temen no los miraron a los ojos, no vieron a sus hijos, olvidaron la dignidad y la libertad”.

El patriarca de Constantinopla, Bartolomé I, clamó contra “la dureza de corazón de nuestros hermanos y hermanas que han cerrado las fronteras y dado la espalda”. Francisco también recalcó que “todos sabemos por experiencia con qué facilidad algunos ignoran los sufrimientos de los demás o, incluso, llegan a aprovecharse de su vulnerabilidad” y agradeció el trabajo de los voluntarios, “especialmente los jóvenes que vinieron desde Europa y del mundo para ayudar”.

Los tres líderes religiosos firmaron una declaración: “Desde Lesbos lanzamos un mensaje a la comunidad internacional para que responda con valentía, que afronte esta crisis humanitaria masiva y sus causas adyacentes, a través de iniciativas diplomáticas, políticas y caritativas, y a través de esfuerzos conjuntos en Oriente Próximo y Europa”. También pidieron que “se proteja a las minorías, se combata la trata de personas, se eliminen las rutas peligrosas como la del Egeo y el Mediterráneo, y se promuevan procesos seguros de reinstalación”.

Tras la visita, Francisco se dirigió al puerto de Mytiline, donde tuvo un encuentro con representantes de la pequeña comunidad católica de la isla y donde rezó junto a Bartolomé I y Jerónimo II por los refugiados que perdieron la vida en el mar intentando alcanzar las costas europeas. Tres niños les entregaron unas coronas de laurel que arrojaron al mar.

Allí, en la misma dársena desde la que la agencia europea de fronteras y la policía griega empezaron la semana pasada las deportaciones a Turquía, Francisco agradeció la “gran generosidad mostrada por el pueblo griego con los refugiados. Europa es la patria de los derechos humanos y cualquiera que ponga los pies en su suelo debería poder percibirlo”.

Francisco voló a media tarde rumbo a Roma. En su avión hacia la capital italiana viajaron tres familias de refugiados, 12 personas en total, seis de ellas menores de edad.

La Comunidad de San Egidio se ocupará de su acogida en Roma, que sufragará el Vaticano. En Moria quedaron 4.132.

Doce personas, una gota de agua en un océano de desesperación que avergüenza a los países europeos. Veintiún gobiernos europeos han acogido a menos refugiados desde Grecia; 12 de ellos, incluyendo a potencias como el Reino Unido o España, a ninguno.

IDAFE MARTÍN PÉREZ
Enviado especial EL TIEMPO
Lesbos.

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