Editorial: Sensatez

Editorial: Sensatez

Es inconcebible que con tantas tareas pendientes haya distanciamiento entre Bogotá y Cundinamarca.

15 de abril 2016 , 08:28 p.m.

Por distintos medios ha venido aflorando la tesis de que existe un enfrentamiento entre la Alcaldía de Bogotá y la Gobernación de Cundinamarca, motivado por temas que no encuentran convergencia entre quienes hoy están a la cabeza de una de las regiones más estratégicas y sensibles del país.

La capital y los municipios que la circundan generan más del 30 por ciento del producto interno bruto (PIB) –por encima del de Panamá, Costa Rica, El Salvador o Uruguay–, agrupan al 25 por ciento de la población del país, generan uno de cada 5 empleos a nivel nacional, su área rural produce buena parte de la comida que se consume en la capital, y su biodiversidad –particularmente el agua– alivia la vida de al menos 10 millones de personas.

Por todo lo anterior, desde hace décadas se viene impulsando una serie de iniciativas encaminadas a hacer de la región un polo de desarrollo continental. Se han dado pasos importantes, el más reciente de los cuales es la creación de una autoridad administrativa que involucra, además de Bogotá y Cundinamarca, a Boyacá, Meta y Tolima.

No obstante, en lo que atañe a la capital y el departamento, la tarea ha sido dispendiosa. Múltiples intereses, razones políticas, económicas y culturales han primado sobre acuerdos fundamentales que se requieren para hacer realidad el sueño de una región más competitiva, innovadora y sostenible. Fue evidente en las administraciones Petro-Cruz, y muchos confiaron en que el cambio de gobiernos permitiría zanjar diferencias y trabajar mancomunadamente.

Pese a que el despliegue mediático tiende a exacerbar los ánimos, queremos pensar que las diferencias entre el alcalde Peñalosa y el gobernador Rey son normales en el marco de lo que representan. Sin embargo, tratadas al vaivén de las redes sociales y no en el espacio adecuado, están generando un clima de confrontación que resulta innecesario e inconveniente para el futuro del territorio.

Si se mira con detalle, a ambos mandatarios los inspiran los mismos fines: mejorar la movilidad, la seguridad, la calidad de vida de sus habitantes, pero con enfoques distintos. Lo cual no está mal. Los debates frente a asuntos tan sensibles siempre son bienvenidos, porque es de allí de donde surgen las soluciones.

Lo que se impone, por tanto, es un llamado a la sensatez de los argumentos, del diálogo, del desarme verbal y no dar espacio a egos que lo único que consiguen es frenar las buenas ideas e imponer el pesimismo. Urge retomar el camino del entendimiento expresado al inicio del mandato, hace tres meses. El visto bueno que este viernes le dio el burgomaestre bogotano al tren de cercanías es un paso en la dirección correcta.

Y es que en la región son apremiantes las tareas pendientes. Además de las ya señaladas, subyacen problemas de violencia, desarrollo social, medioambiente, desplazamiento, que no pueden abordarse de forma individual. Y un buen momento para alcanzar acuerdos mínimos es justamente este, cuando se discuten los planes de desarrollo.

Existen grupos de estudio que están dando luces en la dirección planteada. Las recomendaciones de Escenarios 2025, liderado por la Cámara de Comercio, y el programa ‘Sabana Centro, cómo vamos’ tienen claves que merecen ser evaluadas, por ejemplo.


editorial@eltiempo.com

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