'Como novelista, necesito espacio'

'Como novelista, necesito espacio'

Tommy Wieringa es uno de los escritores holandeses que visitan la Filbo.

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14 de abril 2016 , 04:56 p.m.

“¿Qué efecto puede tener en la mente de un niño -cuando toma conciencia- de que el cuerpo de su madre pertenece a los ojos del todo mundo?”. Esa fue la pregunta que se hizo el escritor holandés Tommy Wieringa, al sentarse a escribir su novela ‘Cesarión’, cuya traducción al español de Intermedio Editores estará presentando en el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá.

El escritor neerlandés recibió a LECTURAS hace pocos días, en Ámsterdam, a propósito de su visita dentro del grupo de autores de los Países Bajos, reino invitado de honor de este destacado encuentro literario.
La trama de ‘Cesarión’ aborda la biografía ficticia del hijo de la actriz de porno italiana ‘Cicciolina’ (Illona Staller) con el artista estadounidense Jeff Koons.

Wieringa (1967) cuenta que de hecho, la semilla del libro también le surgió, luego de un ameno encuentro que tuvo con polémica actriz, alguna vez que visitó Ámsterdam para hacer un show. “Resultó una persona interesante. Me acuerdo que en ese entonces decía que quería tener sexo con Sadam Hussein para lograr la paz. Y pensé que era una buena idea. Así conversamos de otros temas simpáticos”, anota.

Cuando regresó a su casa, el escritor holandés comenzó a reflexionar sobre qué clase de hijo podía salir la unión de dos personalidades tan complejas como la ‘Cicciolina’ y Koons. “Podríamos decir que ellos manejan dos caras muy puntuales del porno. Finalmente la obra de Koons también está muy atravesada por este tema”, comenta.

“Entonces, decidí escribir la biografía de una vida que aún no había sido vivida. Una biografía ficcional del hijo de ellos dos, al que también llamé Ludwing (como en la vida real). Y lo que esperaba de esa unión era un monstruo, pero en cambio me encontré con un niño muy normal, con deseos muy normales”, comenta Wieringa.

Mientras habla, sus respuestas parecen tejerse con mucho cuidado en su mente, palabra por palabra. Por eso respira con calma y se toma el tiempo que necesite para responder con una voz elegante y pausada.

Finalmente, anota el autor, todos los niños esperan tener padres normales, aunque a veces no ocurra así. Él mismo, de hecho, cuenta que es hijo de una pareja de ‘hippies’ muy divertida.

De allí, que su infancia no haya sido como la de cualquier niño holandés, pues desde muy pequeño sus padres se lo llevaron a Aruba en donde creció libre, sin restricciones y muy cerca del realismo mágico, como él lo cuenta con alegría en su rostro.

Adicto al realismo mágico

Incluso, cuando publicó ‘Cesarión’, algún crítico que escribió sobre la obra tituló su artículo el ‘Marques en el pólder’, como se le llama a esos pedazos de tierra que los neerlandeses le han sabido ganar al mar.

“Y me sentí muy complacido con eso, pues yo crecí en un pedazo de tierra llamado Aruba. Y allá hay una colina de cerca de cien metros. Y si te subes a su cima, alcanzas a ver a Venezuela. Pero si miras más al oeste, en un día muy claro, alcanzas a ver a Colombia. Yo he sido gran seguidor de Gabriel García Márquez y de su obra. Siempre pensé que haber crecido tan cerca de Macondo había sido algo maravilloso, que me volvió un adicto del realismo mágico”, dice.

Al reflexionar sobre la literatura de su país, y esa característica que lleva a varios de los escritores neerlandeses a querer ubicar sus historias en otros lugares o a escribir sobre viajes, Wieringa tiene una mirada muy particular.

“Nosotros somos un país relativamente pequeño, en el que no hay mucho espacio para la aventura. El único que tenemos fue descubierto por los pintores, y es el cielo. Pero la parte terrestre la puedes recorrer en poco tiempo en carro”, comenta el autor.

Para él, el espacio es una de las materias primas de la aventura –“ese gran primer tópico de literatura”-, que a veces no ha sido tan valorada en la tradición literaria de su país. “Por eso es que salen escritores tan grandiosos en lugares como Colombia o en Estados Unidos. Porque hay un cuarto para explorar. Mientras que acá en los Países Bajos solo podemos explorar nuestra mente, lo que es algo muy limitado”, dice.

De allí que se haya decidido a ubicar la trama de otra de sus novelas -titulada en inglés ‘These are de names’- fuera de su tierra natal, en una gran explanada de Ucrania. “Como novelista necesito espacio para conquistar el mundo”.

El haber podido pasar varias de sus vacaciones de juventud en Venezuela y Colombia, es un privilegio que Wieringa no cambia por nada del mundo, “porque me permitió darme la idea del espacio”.

“La aventura ha estado siempre en mí”, dice. Por eso cuando regresó a Ámsterdam ya mayor sintió una gran desconexión. Comenzando porque tuvo que acostumbrarse a usar zapatos y a vestir más formal. “Siempre me sentí desconectado con mi país. Solo fue hasta los 30 cuando me decidí a ser holandés, y aprender todos los nombres de árboles y los pájaros. Porque si tú quieres pertenecer a un lugar, tienes que saber cómo se les llama a los árboles, y los animales”, anota.

Colombia, otro de sus amores

Pero si Gabo lo flechó en la juventud, Colombia es un país que el escritor neerlandés lleva muy cerca de su corazón, pues su hermana media fue adoptada acá. “Cuando viajé desde Aruba a Venezuela, Colombia y Ecuador, uno de mis libros lo escribí en mi recorrido por Popayán, Cali y Medellín”, dice.

Agrega que siempre que puede intenta regresar a esta parte del mundo. Como hace tres años que “estuvo feliz” cuando lo invitaron al Hay Festival de Cartagena.

Y precisamente La Heroica está muy presente en ‘Cesarión’. “El protagonista no conoce a su padre y un día él le escribe una postal desde Cartagena con Blas de Lezo en frente, en donde está escrito ‘Love me’. Esa es la única frase que recibe de su padre hasta que cumple los 23 años”, dice Wieringa.

Al hablar de sus inicios en la escritura, el autor cuenta que, como muchos, lo hizo escribiendo diarios. Pero además, siente que se identifica con Ludwing, el protagonista del libro, en la manera como fue criado, como si fuera una niña.
“Él está más interesado en lociones de baño que en armas. Y yo tuve una niñez muy femenina, difícil de creer hoy, porque tenía el pelo largo”, comenta mientras suelta una carcajada y se toca la calva.

Agrega que además de escribir diarios, le encantaba quemar incienso y llevaba una pequeña llave de oro en su cuello. “En ese sentido el libro es muy autobiográfico”, dice.

“Me gustaba escribir, pero no sabía sobre qué. Comencé a crear historias y a crear diálogos. Y ahí las cosas comenzaron a ponerse interesantes. Y así fue como toqué estos elementos de la ficción en mis diarios, por primera vez. Entonces, abandoné los diarios y entré en la ruta de la ficción, a los 22 años”, concluye el escritor.

Carlos Restrepo
Cultura y Entretenimiento

 

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