Cruzada para mediar entre Bogotá y Cundinamarca

Cruzada para mediar entre Bogotá y Cundinamarca

Desde el Congreso y la Vicepresidencia llaman a Alcalde y Gobernador a concertar proyectos.

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13 de abril 2016 , 09:03 p.m.

Tras la tensa relación de Cundinamarca con la pasada administración, se esperaba una distensión con el cambio de gobiernos, pero en su lugar, las redes sociales y los medios de comunicación han dado cuenta de las diferencias entre el alcalde Enrique Peñalosa y el gobernador Jorge Rey, por proyectos clave como los tranvías, los peajes y los proyectos de vivienda.

Tanto que ya hay voces desde el Congreso e, incluso, la del vicepresidente, Germán Vargas Lleras –que apoyó las campañas de ambos mandatarios–, haciendo llamados al consenso para destrabarlos.

La senadora Claudia López, de la mano de la representante Angélica Lozano, el concejal Antonio Sanguino, los exconcejales María Fernanda Rojas y Carlos Vicente de Roux, y el exsecretario de Educación Óscar Sánchez, enviaron ayer una carta a más de 100 líderes de la región, incluidos el Alcalde de Bogotá y el Gobernador, pidiéndoles que hagan acuerdos “que quizás no sean lo óptimo para ninguna de las facciones involucradas en la polarización, pero que pueden ser fórmulas que permitan a la ciudad y a la región concretar planes ambiciosos y sostenibles de aquí al 2030”.

El más reciente de los desencuentros entre Rey y Peñalosa se dio esta semana por las declaraciones del Alcalde contra los trenes ligeros o tranvías, a los que llamó un “cáncer”, por el deterioro urbano que pueden generar. Según él, lo que se necesita es más troncales de TransMilenio, por su bajo costo.

El gobernador, que impulsa junto con la Nación el proyecto de tren ligero entre la capital y Facatativá, rechazó el comentario, pues “es de tres gobiernos que han querido liderar un proceso moderno de articulación y en donde Bogotá no pone un peso”.

Ese tren eléctrico se construiría mediante una alianza público-privada (APP) propuesta por el grupo Regiotram. Costará $ 2,1 billones, de los cuales los privados financiarán el 70 % y el sector público, el 30 % restante (30 % Cundinamarca y 70 % la Nación).

A las críticas de Rey, Peñalosa respondió ayer a través de Twitter: “El tren ligero como el que se estudia desde Faca, que no requiere muros ni cercas, es bienvenido a Bogotá”.

De hecho, ayer, durante una reunión con el presidente Juan Manuel Santos, la ministra de Transporte y el gobernador, el vicepresidente Vargas defendió esa obra y la construcción de las líneas 2 y 3 de TransMilenio en Soacha. “Son proyectos primordiales. Ninguno demanda recursos de Bogotá, solo los permisos”, anotó.

El de Facatativá no es el único proyecto de tranvía. En agosto del 2015, TransMilenio anunció que estudiaba una propuesta de APP por la avenida 68, donde se contemplaba construir una troncal de buses, desde el año 2000.

Daniel Páez, director del grupo de estudios de Sostenibilidad Urbana y Regional (grupo Sur), de la Universidad de los Andes, señaló: “Desde el periodo del exgobernador Andrés Gonzalez hasta hoy, con Jorge Rey, siempre han pensado que el tren es una opción y tiene sentido: es un ordenador del territorio, pasa por el centro de los municipios y los predios están disponibles”.

El experto recordó además que en la alcaldía pasada se consolidó la Empresa Férrea Regional, en la que TransMilenio tiene el 50 % de la participación.

Los trenes no fueron el detonante. El primer capítulo se dio en enero, cuando Enrique Peñalosa trinó: “Con peajes adicionales podemos tener vías mucho más amplias y mejores para entrar a Bogotá”, con respecto a la intención de instalarlos en las nuevas vías de acceso a la ciudad que se construirían mediante las APP.

La reacción de Rey fue inmediata, al pedir sostener esas discusiones personalmente y con consensos, para no afectar a los 10 millones de habitantes y el transporte de carga de los municipios aledaños.

Al respecto, Luis Fernando Andrade, presidente de la Agencia Nacional de Infraestructura, aclaró que todos los vehículos podrían seguir usando las vías actuales, pero si quieren ir por las nuevas, más rápido, aplicarían los peajes.
A juicio de Luis Guillermo Plata, presidente de ProBogotá-Región, “la ciudad y el departamento están pasando por un periodo de ajuste en el que los mandatarios plantean sus prioridades y posiciones. No hay que alarmarse si se presentan diferencias y discusiones, pues se han resuelto positivamente. Tampoco temerle al debate de las ideas”, dijo.

Pero, para Páez, el problema ha sido más por el tono de la Alcaldía, no solo en este, sino en anteriores gobiernos.
“Su lenguaje es un poco impositivo por parte de los alcaldes. Sucede cuando apodan al tren como ‘un juguete muy bonito’, cuando es importante para Cundinamarca. También cuando se les corta la venta del agua en bloque a los municipios vecinos. Así no hay un diálogo constructivo”.

La carta que pide unión

Con un llamado a hallar “una manera constructiva” de unir fuerzas por Bogotá y la región, la senadora del partido Verde Claudia López, de la mano de otros miembros de su partido, les pidió a más de 100 líderes, entre ellos el alcalde Peñalosa y el gobernador Rey, unirse alrededor de seis puntos:

1. Crear una autoridad de Planeación Regional con los 25 municipios circunvecinos de la Sabana, la Gobernación y Bogotá.

2. Dejar atrás los falsos dilemas de metro (elevado o subterráneo) y TransMilenio y darles a Bogotá y a la región un sistema intermodal.

Pidieron “estudios técnicos y no disputas ideológicas, y menos personales”.

3. Usar el metro, y el sistema integrado de transporte, para la renovación urbana.

4. Piden crecer sin destruir, es decir “que, en vez de urbanizar la reserva Van der Hammen, la Alcaldía empiece a ejecutar el POZ Norte, que lleva más de 10 años en estructuración”.

5. Pensar en el posconflicto y cumplirles a los más vulnerables y víctimas del conflicto armado.

6. No perder lo avanzado en salud, educación, primera infancia, la bicicleta y la seguridad. “Nos preocupa el anuncio de usar APP” para servicios sociales que no son rentables y que arriesgan su calidad.

Vivienda, tema espinoso

Otro tema que ha dado lugar a distanciamientos son los programas de vivienda, especialmente entre Bogotá y los municipios de Soacha y Mosquera.

De la mano del presidente Juan Manuel Santos, y los gabinetes nacional y distrital –pero sin la Gobernación o los alcaldes de esos municipios–, presentaron en febrero el proyecto de Ciudad Paz, en el que se construirían 80.000 viviendas en dos años en zonas fronterizas de la capital.

Solo en Mosquera se contempla la construcción de 417.000 viviendas, así como de los patiotalleres del futuro metro de Bogotá, y entre la localidad de Bosa y el municipio de Soacha se proyectan 291.000 unidades habitacionales más.
Emilio Casallas, alcalde de Mosquera, se opuso y anunció que solo cuando se superen el déficit de colegios, hospitales y los problemas de movilidad autorizará la construcción de más viviendas. De hecho, congeló la expedición de planes parciales mientras no se cuente con esa infraestructura.

No solo él ha protestado. De hecho, de los comités regionales en los que participa Bogotá se han ausentado los alcaldes municipales, y la discusión sobre el tema parece estancada.

Y el gobernador Rey salió a defender a los alcaldes municipales diciendo que la propuesta de Peñalosa le parece inequitativa. Incluso, manifestó su incomodidad por haber hecho un anuncio con Presidente a bordo, sin concertarlo antes.

En su lugar este mes, Rey anunció su propio proyecto de vivienda, al cual bautizó Región de Vida, con el que busca un crecimiento “con cargas urbanísticas y beneficios claros, que respete la estructura ecológica principal, pero que no arremeta contra el medioambiente”.

Sobre la propuesta de urbanizar alrededor del río Bogotá, donde se proyectan unas 350.000 viviendas, señaló que “antes hay que descontaminarlo, no urbanizarlo”.

Daniel Paez, de los Andes, cree que detrás hay una pelea de egos y temor a un posible acaparamiento de Bogotá: “Es un hecho histórico de la capital: en los municipios que han sido añadidos, como Usme, Bosa, Fontibón, Usaquén, Suba y Engativá, los alcaldes municipales han perdido el control”.

EL TIEMPO

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