Un derrochón en Barcelona

Un derrochón en Barcelona

Ojalá el presidente Santos frene el turismo burocrático en esta primavera europea.

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12 de abril 2016 , 09:22 p.m.

Me lo dijo hace ocho días Édgar Perea: “Esos tiquetes a Barcelona los pagan ustedes. Y también los hoteles, restaurantes, licores y baños turcos”. A Barcelona viajó el gobernador del Quindío, Carlos Eduardo Osorio, con sus 12 alcaldes a estrechar la amistad con el pueblo de Cataluña. Miles atacan ese viaje por derrochón. El Gobernador lo defiende: “El Quindío tiene mucho para darle a Europa”.

Carísimo paseo, que vale miles de euros. El grupo quindiano almorzó ayer en la tasca Amaya, rambla Capuchinos. Gran menú, vinos, cavas, gambas, atún, salmones y tarta catalana. En coro cantaron un bambuco patriótico: 'Mi alegría por ser quindiano'. Y montaron en el metro. Fueron al Museo Picasso, calle Montcada, número 17, donde un quindiano emocionado echó su discurso en que dijo que iban a Cataluña a contratar un metro elevado para Calarcá y a cambiarles el Corte Inglés por un millón de arrobas de café. Lo aplaudieron 87 turistas austriacos, sin entenderle nada.

¿Derrochón el viaje? No lo duden. Ojalá el presidente Santos frene el turismo burocrático en esta primavera europea. Pilas, son 9 gobernadores y 17 alcaldes alistando maleta a Milán, Nápoles y Barcelona. Van a chequear cómo funcionan los hospitales públicos, acueductos, basuras y peajes. Honorables parlamentarios, hagan su turismo al Quindío: regias vías, comida rica, fresco clima, tierras fértiles. En la alcaldía de Armenia ya exponen 1.879 fotos del tour quindiano a Barcelona.

Gran derrochón de vitalidad fue el ‘campeonísimo’ Édgar Perea, que ya llegó al cielo a encontrarse con su amigo García Márquez. Perea, un derrochón de alegría cuando su amado Junior anotaba un gol. Era yo parlamentario y tuvimos un choque televisivo. Allí nació ese irónico burlón del “Junior, tu papá”.

Con él, en los últimos años, fuimos cordiales amigos. El año pasado, Salvo Basile, Perea y yo almorzamos juntos y el exembajador y gran locutor nos divirtió mucho y, aleluya, pagó la cuenta. Édgar, un tipazo querido que derrochaba carcajadas, relojes vistosos, bambas de oro y vestía con ricos colorines. Él deja una bonita biografía, fue un ejemplo de superación personal. A los futboleros nos hará mucha falta el ‘Campeón’.

PONCHO RENTERÍA

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