Editorial: Despidiendo a Édgar Perea

Editorial: Despidiendo a Édgar Perea

Es una voz alegre que supo recordarle a la gente de Colombia que tiene muchas cosas en común.

12 de abril 2016 , 09:20 p.m.

Se ha ido el ‘ Campeón’ Édgar Perea, quien consiguió que los colombianos prefiriéramos ver los partidos de fútbol con el televisor sin volumen y la radio al tope. Su voz contundente, enorme, recordaba que una buena parte de la emoción que producen los deportes tiene que ver con su narración, con la descripción de los momentos de gloria, con la alegría que los comentaristas consiguen expresar en vivo y en directo. En los principales medios del país, empezando por este diario, se han llevado a cabo antologías de las grandes escenas que Perea nos contó con la precisión de un artista mientras estaban pasando: los penaltis en la final de la Copa Libertadores de 1989; el gol de Freddy Rincón a Alemania en el Mundial de 1990; el 5 a 0 de la Selección Colombia contra la Selección Argentina en las eliminatorias del Mundial de 1994.

Perea nació en Condoto (Chocó) el 2 de junio de 1934. Se pasó 50 de sus 81 años narrando partidos de fútbol, pero su estilo lleno de humor y vehemencia le sirvió también para narrar béisbol, boxeo y ciclismo, con pasión y patriotismo.

La suya fue una vida a pulso. Comenzó a los 22 años relatando los encuentros, en Barranquilla, de su equipo del alma, el Junior, al que llamó un día ‘Junior, tu papá’. Y durante un par de décadas fue la voz de los partidos de la selección colombiana de fútbol. Y fue también uno de los presentadores de noticias deportivas más queridos por los colombianos.

Su existencia sobrevivió a varias polémicas. Pasó por la política: fue senador en 1998, candidato a la alcaldía de Barranquilla en el 2003 y embajador en Sudáfrica en el 2008. Pero sus seguidores siempre le pidieron que regresara a los micrófonos.

Y así lo hizo. Fue protagonista de una radio cercana y vital que no solo educó a millones de colombianos durante muchos años, muchas décadas, sino que dio grandes ídolos. Y su legado, que es una voz emocionada que logró poner de pie a un país entero, que es una voz alegre que supo recordarle a la gente de Colombia que tiene muchas cosas en común, seguirá entonces lejos de nuestras miserias y pegado a nuestras glorias.

editorial@eltiempo.com.co

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