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'He sido el más importante narrador deportivo colombiano'

'He sido el más importante narrador deportivo colombiano'

Esto fue lo que contó Édgar Perea en entrevista exclusiva con EL TIEMPO en 2013.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
12 de abril 2016 , 02:04 a. m.

Luego de transmitir la final de la Copa Mundial de Fútbol que levantó Francia al derrotar 3-0 a Brasil, a diferencia de otras ocasiones, que luego de una larga competencia en el exterior aprovechaba para descansar por Europa, el Caribe o Estados Unidos, Édgar Perea regresó de inmediato al país desde París.

La brillante actuación de Zinedine Zidane, la decepcionante actuación de la mejor selección histórica de fútbol y todos los interrogantes sobre Ronaldo fue la última narración que Édgar Perea Arias vivió en un escenario deportivo.

Con esa goleada, el colombiano -quien dice tener 73 años, 9 hijos, ‘cualquier cantidad de nietos’ y 4 bisnietos-, sin saberlo, se despidió de la locución, desde el Stade de France, el domingo 12 de julio de 1998.

¡Tanto tiempo ha pasado! ¡Nooooo, caballero! -exclama Perea, mientras se agarra la cabeza, como respuesta cuando le digo que va para 15 años sin narrar, como él siempre lo pregonó, golpe por golpe, toque por toque, jugada por jugada...

Oye -agrega el siempre polémico y controvertido hombre de color-: Y yo voy por cualquier calle del país, te lo juro por mi Virgen del Carmen, y la gente me saluda con: ‘Campeón, buena transmisión esa la tuya’, como si la última hubiera sido apenas ayer.

Está sentado en el sofá, color beige, de la sala de su apartamento en el norte de Bogotá, que comparte con Angélica Redondo, su más reciente esposa. Luce fresco, despreocupado, y en su mano derecha tiene una copa de vino tinto que trajo de Sudáfrica, de donde regresó el año pasado tras ocupar el cargo de embajador colombiano desde el 2009. Ofrece un brindis antes de hablar en firme.

Sabes: yo he sido el más importante narrador deportivo colombiano de todos los tiempos, y aquí sí han salido buenos narradores y cada uno en su época. Antes de mí, por ejemplo, nadie como Carlos Arturo Rueda C. (costarricense de nacimiento), que nos enseñó a todos, incluso a mí. Pero como yo, sin falsas modestias, ninguno.

¿La razón de calificarme como el mejor? Porque, primero, nadie narró fútbol, béisbol, boxeo, baloncesto y ciclismo. Busque uno de este país que lo haya hecho. Yo lo hice. Y, segundo, todos con calidad, con mi característica y emoción particular de la narración y los conocimientos que tenía, porque todos los había practicado, para consagrarme, no solo en Colombia, sino en el mundo entero.

Las narraciones de béisbol de Perea fueron las más internacionales, porque se escucharon para América Latina, a través de la CBS, también denominada la Cadena Latina, al lado de Jaime Jarrín (ecuatoriano voz oficial en español de Los Dodgers de Los Ángeles), Billy Berroa (dominicano -ya fallecido-, que gozaba de enorme prestigio desde su base en Nueva York) y Gustavo López Moreno (mexicano de gran conocimiento).

Con ellos, bajo la coordinación del venezolano Armando Talavera, fueron 14 años consecutivos narrando las emociones de la pelota caliente para 50 millones de oyentes de diferentes nacionalidades. Y la última vez, en 1997, el batazo definitivo y el héroe de la Serie Mundial fue un jovencito de Barranquilla: Édgar Rentería. Y me tocó el honor de narrar ese batazo. ¿Quién ha hecho eso en Colombia?

Además de béisbol, Perea narró seis mundiales de fútbol, tres Juegos Olímpicos, partidos de la NBA y el Tour de Francia. También todo tipo de juegos regionales y cerca de dos centenares de peleas mundialistas de boxeo en los principales escenarios del mundo.

Como estrella, brilló primero en Barranquilla, donde era el dueño de la sintonía "99,7", según sus propias palabras. Y desde 1992, en Bogotá, cuando Caracol se lo llevó para apoderarse de El Campín, con los comentarios de Hernán Peláez. En el último partido del Junior en Barranquilla, antes de partir a la capital, una pancarta surgió frente a su cabina de Radio Mar Caribe, en el estadio metropolitano Roberto Meléndez. 'Traidor, nos cambia por plata', decía la leyenda. Fue un reto, dice, la ida a Bogotá, y cree que cumplió.

En ese estadio -que lideró la campaña para su construcción-, atiborrado por 60 mil espectadores, llegó una vez, en 1987, en helicóptero, vestido de blanco, tras pagar una suspensión del Ministerio de Comunicaciones por sus encendidas polémicas, célebres a lo largo de su carrera con colegas del interior, como Alberto Piedrahíta Pacheco, Jaime Ortiz Alvear y 'Poncho' Rentería, entre otros, en defensa del Junior y de Barranquilla.

En esa ocasión, la ministra me permitió que yo 'cuadrara' la suspensión. Yo la acomodé a una transmisión de Serie Mundial de Béisbol en Estados Unidos. Prácticamente, en nada me afectó. Y ese día en Barranquilla tuve el ciento por ciento de la sintonía.

Sin embargo, no narró más en 1998, cuando, además, era un atractivo en la presentación de deportes en una cadena nacional de televisión. La política lo atrapó... Y de Francia 98 regresó de inmediato porque el 20 de julio se posesionó como Senador de la República.

Tomé la decisión de abandonar todo cuando era una estrella de la radio y la televisión, medios en que ganaba todo el dinero del mundo. Y me dije: voy a servirle a mi país desde el Senado. Sin ningún respaldo político saqué casi 74.800 votos. Fue la cuarta votación más alta del país. Puros votos de opinión del pueblo deportivo de mi patria querida.

¿Cómo califica ese paso por la política?

Bonita experiencia. No fue fácil conseguir cosas porque te tienes que reunir con senadores o de lo contrario no caminan. Yo propuse el Ministerio del Deporte, pero Pastrana (Andrés, el presidente de la República) no le paró bolas. Estuve hasta el 2000, cuando me echaron. Luego busqué la Alcaldía de Barranquilla, hice campaña barrio por barrio, pero los cincuenta mil pesos que pagaban por votos me derrotaron.

Perea dice que el presidente Álvaro Uribe lo llamó en el 2009 y le preguntó: '¿Quieres ser embajador de Colombia en Portugal o Sudáfrica?'. Como faltaba un año para el Mundial de Fútbol en Sudáfrica, se decidió por el continente negro. Y allá regresó, en pleno mundial, a un estadio para ver un espectáculo deportivo.

Ver un partido de Brasil, en Johannesburgo, sin transmitir por radio o televisión, fue como un crimen para mí. Quizás fue el día más incómodo como narrador en los últimos años. La garganta me quería estallar.

¿Y por qué no narró después de regresar de Sudáfrica?

No tengo la vocación de narrar... La velocidad de la voz no es igual. Se pierden las emociones del campo de juego. Quiero que el público me recuerde como lo grande que fui.

Pero si no narra, no ha dejado de comentar por radio y televisión.

No he perdido el amor por el comentario y por los deportes. En televisión, los lunes, presento en Claro, de ocho a nueve y media de la noche. Y en radio, por Todelar, de martes viernes, participo en el Gran Debate. Por mis conocimientos seré comentarista hasta que me muera.

La muerte la sintió cerca Perea en octubre del año pasado, tras una intervención quirúrgica en Bogotá. Creía estar recuperado y abandonó el apartamento para irse a la calle. Le cayó agua lluvia y un día perdió la visión en un centro comercial. No recuerda nada durante las seis horas siguientes. Tuvo meningitis. Permaneció 25 días interno en el primer piso de la Fundación Santa Fe, donde tenía como vecino de cuarto su amigo locutor deportivo y alcalde de Cartagena, Campo Elías Therán Dix, quien jamás se recuperó y murió en abril.

Perdí 13 kilos en la Santa Fe (de 85 a 72). No me provocaba la comida y le metí cojones a mi salud. Tan mal estuve que apenas el pasado 6 de febrero terminé el tratamiento médico y ese día me dieron de alta, porque salí de la clínica, pero en casa tenía un tratamiento médico estricto. Quiero aprovechar la vida y el otro año regresaré a mi querida Barranquilla, a seguir comentando de deportes.

¿Podría narrar otra vez, como una excepción?

Tal vez, pero boxeo o béisbol, por televisión, que es más comentado.

¿Le cogió fobia a la política que lo sacó de la narración deportiva?

Para nada. Y la defino de esta manera: la política es el arte de gobernar, pero en Colombia es inalcanzable por la politiquería, que es la forma de engañar.

Podemos quedarnos hablando todo el día de su carrera y el tiempo no alcanzaría. Entonces, otra vez invita a un brindis con la copa del vino tinto sudafricano. Y, el más consagrado narrador deportivo de Colombia en todos los tiempos, se despide como lo hace en radio o televisión:

Que sigan siendo felices, Édgar les dice...

ESTEWIL QUESADA FERNÁNDEZ
Redactor de EL TIEMPO
Bogotá, junio de 2013

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